Spirits-free: Un País Desconocido. #2

Capítulo 11: Antes del viaje.

—¿Crees que valga la pena arriesgar todo por lo que vamos a hacer? — preguntó Evie—. Digo, es que no sabemos nada de todo lo que nos está pasando. Hablas y ves a tu abuelo muerto, tengo sueños y visiones raras…

Acababan de pasar el antiguo invernadero y se adentraron en los árboles frutales. Sus brazos se rozaban.

Albert se detuvo y se acercó al árbol de manzana.

—No lo sé, Evie. — suspiró y se recostó en el árbol— Todo es tan confuso— la miró a los ojos—. Pero siento que debo saber por qué pasa todo esto. Tus sueños y visiones. Joshua, el Forest of souls, el niño que está en problemas…

—Es precisamente eso. — le interrumpió Evie.

—¿El viaje al Forest of souls?

—No— respondió ella—. El niño, no sabemos nada de él, dónde está, quién lo tiene secuestrado, sus padres.

—Evie, esa es la razón por la que debemos hacer ese viaje— le tomó de las manos—. Debemos saber de él, ayudarlo.

Evie miró a Albert a los ojos.

—Yo, más que nadie quiero encontrarlo, Albert— se le cristalizaron los ojos—. Es solo un niño y lo tratan como una rata de laboratorio, he sentido su dolor— retiró sus manos de las de Albert y se abrazó a sí misma—. Pero no sé si todo esto es cierto. Parece un sueño.

—Debemos confiar en que es así. Toda esta locura de sueños y ver fantasmas tiene una explicación como dije antes— Albert se acercó a ella y pasó sus manos por los brazos de ella—. ¿No decimos que los muertos ven todo lo que pasa a nuestro alrededor y nos cuidan?

Evie asintió.

—En los momentos en que veo a mi abuelo, siento que eso es posible y que no es solo una metáfora que usan las personas para decir que nuestros seres queridos aun después de muertos nos cuidan y están con nosotros.

—Tienes razón. — dijo Evie— Debemos llegar al final de esto.

—Así es, debemos confiar en mi abuelo, aunque parezca una locura — Albert sonrió—. Y nos hemos retrasado un poco.

Evie estuvo de acuerdo. Ambos retomaron su camino en silencio y cuando estuvieron en el camino que daba a las cabañas se separaron. Evie llegó a su casa tomó dos bolsos, uno grande y uno pequeño, en el pequeño metió su ropa y lo colocó en su espalda. Tomó un frasco grande y lo metió en el segundo bolso. En su mesa de noche, escribió algo y salió dejando su casa sola. No demoró mucho y llegó al granero para guardar lo necesario y llenó el frasco de agua y se fue al antiguo invernadero.

***

Cuando Albert llegó a su casa, entró por la ventana de su cuarto. Abrió su guarda ropa y sacó solo lo necesario. Dejó una nota sobre su cama y salió al pasillo de su casa, miró en la habitación de su padre que quedaba en frente y estaba dormido, se dirigió al armario que había en la sala y tomó las dos carpas que ocupaban el lugar, además de cuatro sábanas y se dirigió al taller, allí tomó la bolsa de lona grande que su padre dejó de utilizar porque sabe que, metió las carpas y las sábanas y notó que aún quedaba espacio, metió su bolso en la bolsa y salió. Comenzó a bajar por las calles adoquinadas, pero cuando llegó a la esquina se devolvió, había dejado su último trabajo y era importante para él.

***

Caminaban callados, solo se daban unas cortas miradas, no sabían qué decirse. Los pasillos del castillo estaban solos, los guardias no estaban hasta al final de los pasillos o en las entradas de los dormitorios, pero Harry sabía por dónde moverse y Fernanda se sentía perdida, no era solo un pasadizo, era una serie de túneles y se sentía en un laberinto, llevaban tiempo caminando y cuando Harry se detuvo, Fernanda agradeció, no soportaba seguir en la oscuridad, en un lugar que no conocía. Harry empujó la puerta, no había ninguna lámpara de gas prendida, pero Fernanda sabía exactamente dónde estaban, en la habitación de Harry.

—Has estado muy callada en todo el camino.

Fernanda se acercó al closet de Harry, sacó la ropa y la colocó en la cama.

—¿Qué te pasa, Fernanda? — dijo Harry en un susurro, no podían hacer mucho ruido ya que para los guardias y sus padres estaba dormido, como la mayoría— ¿Te preocupa que Evie se haya enterado?

—No, es la decisión de emprender un viaje sin saber que nos espera.

Harry se acercó a ella y le ayudó a guardar la ropa.

—Te entiendo perfectamente, pero de cierto modo, esto me emociona. Salir de los límites del país, conocer— suspiro emocionado—. Todo estará bien.

—¿Eso crees?

—Sí, lo creo.

Cuando guardaron la ropa, Harry dejó una nota y salieron por donde entraron.

—¿Cómo sabes de este lugar? — inquirió Fernanda refiriéndose a los pasadizos.

—Cuando niño, estaba jugando en mi habitación lo descubrí y lo recorrí grabándome todos los pasajes. Puedes ir a cualquier parte del castillo y escuchar lo que quieras.

—Las paredes tienen oídos.

—Exactamente. — Harry le guiñó un ojo.

Entraron en la sala de armas y tomaron cuatro espadas y cuatro dagas todas enfundadas. Después salieron en busca de las cosas de Fernanda. Y más tarde se encontraron con Evie que los esperaba con dos bolsos uno grande y uno pequeño. Le entregaron una espada y una daga, Fernanda llevaba la de ella al igual que Harry, solo faltaba entregarle la de Albert y después de haberse mirado entre sí, sin decir una palabra, se dirigieron a la vereda a encontrarse con Albert.




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