Spirits-free: Un País Desconocido. #2

Capítulo 14: Hill of death.

Los árboles que definían el límite de la vereda estaban de una forma en que les tocaba pasar de medio lado, a la mitad de la mañana estaban ya saliendo de la hilera de árboles que estaban juntos formando una barrera. Pararon para ver el panorama; había un manantial frente a ellos y pocos árboles formando pequeños pozos de sombras, rodeando el manantial.

El agua era cristalina. Se acercaron a él y sintieron una suave brisa que les calmó el calor. A lo lejos se divisaban más árboles y unas montañas. Harry se apartó de donde ellos estaban en la sombra. Miro el mapa en sus manos y miró frente a él, reparando.

—Chicos— dijo Harry llamando la atención de todos—. Desde ahí comienza el Hill of death.

Todos miraron a donde él señalaba. Harry volvió al lado de ellos. Evie sacó unas frutas del bolso grande y se las paso a cada uno.

—¿Creen que ya hayan visto las notas que dejamos? — preguntó Harry.

— Tal vez a esta hora ya las leyeron. — respondió Evie.

—Espero que mis padres no pongan un grito en el cielo.

—Tranquilo, Harry— dijo Evie tomándole de la mano. Albert y Fernanda se miraron—. Todo va a estar bien. Deben entender que decidiste esto, aunque crean otra cosa.

Volvieron a estar en silencio. Luego de unos minutos se levantaron y cruzaron el manantial. Entraron en él, el agua les refresco y cuando pasaron se internaron en el Hill of death. Los árboles eran muy altos para ser frutales, había muchas piedras, ramas por todos lados y mucho musgo, haciendo que varias veces Fernanda resbalara. Entraba poca luz solar y les era un poco difícil distinguir una rama o piedra de un hueco.

Evie y Harry iban adelante hablando y riendo. Ellos miraban el mapa mientras Albert y Fernanda los seguían, cada uno en sus propios pensamientos. Evie y Harry seguían caminando sin mirar delante, su vista fija en el mapa, el atardecer acaba de caer y ya habían caminado mucho pero poco a la vez, el Hill of death era más extenso de lo que pensaban. Albert, quien estaba atento del camino, para no hacer un paso en falso, miró más allá de donde Evie y Harry, ellos aún no se habían dado cuenta y Albert les gritó:

—¡Cuidado! — salió corriendo a ellos.

Evie y Harry tropezaron con una rama grande y cayeron de frente, pero ese no era el verdadero peligro. Sus cabezas quedaron mirando a lo profundo de la colina, mientras sus cuerpos habían quedado en la tierra, un poco más y descendían rodando.

Ambos se alejaron de la orilla y se miraron. El mapa se había roto por la mitad, puesto a que Evie llevaba un extremo y Harry el otro, no les importaba el ardor que sentían en su codos y rodillas, ellos miraban los dos trozos de pergamino. Cuando Albert y Fernanda llegaron a ellos, quedaron sorprendidos.

—Están sangrando. — dijo Albert alertado mirando a Evie.

Evie sentía que su mejilla ardía y sentía correr algo por ella, sangre, se dijo a sí misma. Albert le ayudó a levantar y dio un grito, su tobillo le dolía.

—Denme el mapa. — dijo Fernanda— Yo lo arreglo.

Ambos le entregaron las partes del pergamino. Harry se levantó sin ningún dolor, pero Evie se había doblado el tobillo. Albert llevó a Evie en brazos, ella lo miraba y sentía como su corazón comenzaba a acelerarse, él la dejó sobre una piedra grande, a lo lejos podía escuchar las voces de Fernanda y Harry.

***

Albert no sabía el por qué, pero tenía presente una cosa, estar siempre para Evie. Esto era más un acto de reflejo y sentía curiosidad por ello. Tal vez Evie tenía razón y se estaban arriesgando mucho, por algo que probablemente no encontraría, pero tal vez si encontraría algo, era un debate interno que los cuatro integrantes de este grupo tenían, pero no lo hablaban. Examinó el pie de Evie en silencio y ella estaba igual.

—No parece ser nada grave— le dijo—. Para mañana no creo que te duela.

Evie no dijo nada.

—¿Qué pasa, Evie?

—Nada.

—Bueno, quédate aquí, voy a hablar con Harry para instalarnos aquí. — le informó Albert.

—No, dile a Harry que venga, Fernanda te ayudará.

Albert asintió y se retiró. Ella le había estado evitando desde que le había entregado las armas. Se dio cuenta que ella es de las personas que son muy reservadas, de las que no muestran sus sentimientos, pero de las que hace lo que esté en su alcance para ayudar a los demás. Albert se acercó a los chicos, Fernanda estaba discutiendo con Harry.

—… Harry, no es culpa tuya ni de Evie que el mapa se haya roto.

—Si lo es, Fernanda…

—Siento interrumpir— intervino Albert respetuosamente—. Harry, Evie quiere hablar contigo.

Harry asintió, le dio una corta mirada a Fernanda y salió hacia Evie. Fernanda se sentó en el suelo y se cubrió la cara con las manos.

—¿Qué pasó? — le preguntó Albert.

—Que Harry se culpe por haber roto el mapa y detesto que se culpe por cosas tan insignificantes como las que pasan en el reino…— se interrumpió.

—Tranquila, al parecer él confía mucho en ti, tal vez ahora solo necesitamos descansar. Ven, vamos a levantar las carpas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.