—¡Les ordenó que los suelten!
Evie escuchaba esas palabras de lejos. Luego, el sol entró por la carpa y una sombra la cubría, sabía que era un hombre por su complexión muscular, pero no sabía quién, la tomó por las muñecas, su agarre era fuerte y le lastimaba. La persona que fuera la estaba sacando de la carpa autoritariamente.
Cuando estaba afuera, vio a Fernanda y Albert atados con la boca cubierta por una tela café, arrodillados dándole la espalda a la parte más empinada de la colina. Fernanda lloraba, la soga que le ataba le quemaba, Albert estaba quieto, pero contenía su rabia, Evie no supo porque sabía eso, tal vez por la forma en que él miraba a la persona que le estaba dando la espalda o por la forma en que sus músculos estaban tensionados, aún estaba descamisado.
Evie sintió cuando la arrodillaron, le ataron las manos delante a diferencia de Fernanda y Albert. A ella no le cubrieron la boca. Cuando pudo identificar bien a los desconocidos se dio cuenta que estaban en problemas. Dos soldados estaban en frente de ellos, sabía que eran soldados porque tenían el escudo del castillo; las dos coronas, Harry estaba desatado y los miraba a todos, luego a los soldados.
—¡¿Es que no me han escuchado?!— dijo enfurecido— ¡Que los suelten!
Los soldados se rieron y no le hicieron caso.
—¡¿Cuál es la gracia?!— inquirió Harry.
—Con todo respeto, joven Príncipe, usted no puede darnos órdenes. — dijo el más alto y fornido.
—¿Por qué no? — Harry le preguntó.
Evie nunca había visto a Harry actuar de esa forma.
—Eso, joven Príncipe, usted no debe saberlo— el más alto miró a su compañero—. Sería bueno que llegáramos al castillo y digamos que estos tres— señaló a Evie, Fernanda y Albert—. Secuestraron al príncipe Harry y nosotros impedimos que se ejecutara el plan, así el Líder nos recompensará después.
Líder… Evie no sabía por qué, pero sentía que ya había escuchado esa palabra.
—¿Quién es el Líder? — dijo Evie por primera vez.
El soldado más bajo le dio una cachetada y ella reprimió un grito. Fernanda grito, pero quedo reprimido por la tela en su boca, Albert se quedó quieto, pero apretó los ojos, Harry corrió a ella, pero el más alto lo detuvo.
—¡No tienes derecho a hacer eso! — le gritó Harry.
—Créame, Príncipe, una simple plebeya, que asea las habitaciones del castillo y es la hija de la cocinera, se merece eso por insolente. A menos…— dejó de mirar a Evie y miró a Harry—. Que le guste.
Harry no dijo nada.
—Es eso, le gusta— ambos soldados se rieron—. ¿Qué pasaría si la dejamos caer?
El soldado le tomó por los brazos como si Evie no pesara, ella se sacudía intentando soltarse, pero el agarre del soldado era firme. Le iba acercando cada vez más a la orilla y Harry gritaba y luchaba con el segundo soldado.
Evie se preparaba para caer, pero dejó de sentir el fuerte agarre del soldado. Se giró y vio que Albert estaba sobre el soldado, aún seguía atado, pero lo había empujado. Evie vio cuando una daga del cinturón del soldado cayó, se acercó a ella disimuladamente, la tomó y cortó la cuerda que le ataba las manos, luego la escondió. Harry estaba peleando con el más alto de los soldados, de una forma implacable y poco común en una persona de la realeza.
Albert quedó en el suelo y el soldado le dio una patada, evitando que se levantara. Cuando vio que su compañero había quedado inconsciente por los golpes de Harry, fue en busca de él. Evie llegó a Albert.
—Albert— dijo ella liberándose las manos—. ¿Estás bien?
—Un poco— Albert se sentó y le puso una mano en la mejilla—. ¿Estás bien?
—Si…— alguien gritó, era Harry—. Hay que ayudar a Harry.
Le entregó la daga y se levantaron, corrieron a ayudar a Harry, pero el soldado salió corriendo internándose en el bosque. Liberaron a Fernanda y Evie se acercó al soldado que estaba inconsciente, le ató las manos y esperaron a que reaccionara.
***
El soldado no demoró mucho en volver en sí. Les dio tiempo de recoger las cosas, cambiarse y comer unas frutas. Habían planeado que cuando llegaran al final de la colina tomarían un baño en el río. El soldado tenía varios moretones y se levantó, trató de romper la soga, pero Evie había hecho un limpio trabajo atándolo, era buena haciendo nudos.
—¡Suéltenme! — dijo y forcejeo para liberar sus manos.
—Qué coincidencia, yo decía lo mismo con respecto a que liberaran a mis amigos. — dijo Harry con una expresión irreconocible, el soldado rio.
—Príncipe idiota— dijo—. ¿Creen que esto no lo sabrá el Líder y que mi amigo no vendrá por mí?
—Es, precisamente eso. Queremos saber quién es tu Líder y de qué hablas— dijo Harry limpiando la daga—. Y tu amigo o compañero, no creo que venga por ahora por ti.
—No vendrá solo él. Se los aseguró.
—¡Háblanos de tu Líder! — gritó Harry—. Ya que, al parecer, no le sirves a la Familia Real.
—En eso sí tiene razón, Príncipe— dijo—. No le sirvo a la Familia Real.
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Editado: 20.04.2026