Spirits-free: Un País Desconocido. #2

Capítulo 19: Forest of souls y Joshua Slade.

Se sentía muy cansada y todo le daba vueltas. Trato de sentarse en la cama donde estaba acostada. Abrió los ojos, pero la luz interior le dificulto la acción, era muy clara a diferencia de la luz natural. Pensó en que si estaba muerta y este era el lugar donde pasaría la eternidad, era un lugar agradable para la estancia.

Evie se sentó para admirar el lugar, pero un dolor en su espalda y piernas le hizo quejarse.

—Ven, te ayudo a sentarte— dijo una voz familiar, Evie la miró y le abrazo—. Ya tranquila, todo está bien.

—¿Segura, Fer? — dijo mirándola con cariño.

—Segura.

Suspiró. Observo el lugar y no lo conocía. La cama era cómoda, al parecer, era de plumas, no como la que ella en su casa que era de aserrín. Pero recordó lo que había pasado

—¿Dónde estamos? — su voz se tiño de preocupación—. ¿Albert y Harry?

—Estamos en el campamento de Joshua Slade, Evie— comenzó Fer— Los chicos están bien— le pasó un vaso humeante—. Toma esto, te hará bien.

—¿Cómo llegamos aquí? — dio un sorbo a la bebida rojiza, nunca había tomado algo como eso, pero era agradable la sensación que provocaba en el paladar.

—Los hombres de Joshua llegaron por nosotros. No sé cómo se enteraron de donde estábamos. No me han querido decir, pero dicen que necesitan hablar con nosotros cuatro. Trate de decirles que estaban haciendo en ese bosque y preguntar qué estaba pasando, pero fueron insistentes en que solo hablaran con los cuatro.

—¿Cuánto tiempo estuve dormida?

—Todo el día, ya me había preocupado.

Evie no dijo nada y siguió tomando lo que sea que tomara. Era una cabaña, mucho más grande que donde ella vivía, Evie miro a los lados, había dos camas más aparte de la de ella a cierta distancia, que, por cierto, su cama era más grande, tenían una especie de cajas que nunca había visto y allí reposaban hojas y plumas para escribir. Bajo los pies y estaban sobre un tapete, sueve, la madera del piso era más oscura que la de las paredes, era muy agradable.

—Se llaman nocheros— dijo Fernanda ante la admiración de su amiga—. Y ese— señaló a uno más grande que estaba solo cerca de su cama—. Es un closet, son de madera y removible, los puedes llevar a cualquier lado.

—Creía que los closets eran solo de concreto eran solo para los reyes y nobleza— dijo levantándose—. Y que nosotros teníamos solo baúles.

—Tal parece aquí es diferente, Evie.

La chica miró a su amiga y entendió, estaba emocionada, se le notaba un brillo en todo su ser. Pero algo capto su atención, Fernanda no estaba vestida con sus usuales vestidos coloridos, tenía ropa de hombre y no eran de tela, era de otro material.

—Fe, ¿Qué llevas puesto?

Fernanda se miró.

—Ah, esto— sonrió—. Pantalones y camisilla, los pantalones son de cuero y las camisillas de algodón— dijo con emoción—. Tu llevas puesto lo mismo.

Evie se miró y se dio cuenta que era verdad, por lo que busco un chal y se lo puso, no le gustaba mostrar mucho su piel. La ropa era cómoda, pero sentía que estaba muy expuesta, prefería sus vestidos de mangas largas.

—Vamos, los chicos querrán saber que despertaste.

Fernanda tomo a Evie de la mano y bajaron por unas escaleras. Una vez abajo, Evie se dio cuenta que era un gran salón y en esta cabaña no había cuartos, ni cocina, solo era un gran salón con más camas, almohadas y sabanas, todas perfectamente dobladas, y en una esquina, había unos pequeños sillones con un librero.

Evie se quedó mirando asombrada el lugar y en ese momento, en la cabaña entro un hombre alto, de cabello castaño, estaba acuerpado, sus ojos eran color avellana, pero algo llamo la atención de Evie, tenía una cicatriz en su mejilla derecha, llevaba puesto una camiseta que dejo ver que su brazo derecho tenía una cicatriz de quemadura, era el hijo de Joshua.

Lo sabía porque era igual al pequeño rostro que vio en su visión cuando tocó la cabaña del límite del país. Solo que ya no era un niño.

Se acercó a ellas.

—Buenas noches— dijo— Señoritas, mi padre desea hablar con ustedes.

Evie asintió junto a Fernanda y siguieron al joven. De algún modo, Evie le encontraba parecido al chico con su padre, no lo conocía, claro, pero cuando lo vio en su visión, el hombre cargando a su hijo menor, que sangraba y lloraba, le daba cabida a esa idea del parecido que había obtenido el joven.

Al salir de la cabaña, Evie pudo ver que había muchas más cabañas, donde estaban sentados hombres y mujeres en una pequeña terraza, había niños jugando en la tierra. Pasaron por un largo comedor, donde había un quiosco donde al parecer, se entregaba las comidas. Todo era de madera, pero era muy agradable. A Evie le recorrió un frio y se abrazó, un frio que en las cabañas no se sentía. Llegaron a una cabaña grande, era de dos pisos, como las demás. Antes de comenzar a subir las escaleras, Evie escuchaba un rio a lo lejos, una vez estuvieron en la terraza el joven toco a la puerta y entró, Fernanda le tomó de la mano y le guio dentro de la cabaña.

Había lámparas de gas por todos lados, había una gran mesa de centro, llena de pergaminos y libros. En la pared izquierda, había una gran estantería, con aun más libros y pergaminos, había baúles, Evie imagino que en ellos había aún más pergaminos. Había muebles cafés en una esquina con una mesa de centro. Alrededor de la mesa había sillas de madera. Cuando llegaron al centro del salón, Evie miro al segundo piso, solo pudo distinguir dos camas.

—Padre. — llamó el joven.

Escucharon pasos en el segundo piso, Evie siguió el sonido y vio bajar a un hombre alto y acuerpado, era Joshua, no había cambiado mucho a lo que había visto en su visión, solo que su cabello castaño, ahora tenía pequeños rallos canosos.

—Gracias, André— dijo cuando llegó a ellas, les tendió la mano—. Buenas Señoritas. Espero que estén bien, en especial tú, Evie— hizo una leve inclinación—. Y bienvenidas al Forest of souls.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.