Evie había soñado con el Niño esa noche. Donde él, le había explicado lo que hizo para ayudarles a ellos. También le había dicho que ya sabía quiénes eran sus padres, pero no le quiso revelar la información, ella le había insistido todo el tiempo, pero él se negaba. Para cuando se levantó esa mañana, solo tenía el recuerdo de haberlo visto y sentir un alivio de verlo bien.
La campana había sonado y salió con todos sus compañeros. En la parte trasera había duchas y baños, se dio una ducha rápida y se vistió con la ropa que le habían dado, una camisilla blanca y un pantalón café ancho. Cuando se encontró con Samara, le sorprendió ver a una mujer esbelta, pelirroja y alta, solo un poco más que ella. Su melena estaba recogida en un moño alto y llegaba a la mitad de su espalda. Había pensado que iba a ser diferente, un poco más baja y más mayor.
En el entrenamiento de la mañana, le había llevado a parte del grupo de mujeres y le había explicado las diferentes armas que existían. Le dijo que debía encontrar una con la que se sintiera cómoda, eligió una daga, su primera impresión fue que podía esconderla fácilmente. Al medio día se sentía exhausta y veía un arma en cualquier lado, una catana, un arco y flechas, dagas, espadas, lanzas, etc.
El almuerzo fue arroz con carne y un jugo de mora frio, se sentó con los chicos, pero ninguno comenzó una conversación, más por los cansados que estaban. Se dio cuenta que en las noches hacía mucho frio y el día era muy cálido y luminoso. Después de un rato, volvió a encontrarse con Samara, quien esta vez le estaba enseñando como distribuir el peso en ambas piernas, cual es la mejor manera de dar un puño fuerte y doloroso, las patadas, prácticamente todo lo que era defensa personal. Cuando acabo la práctica, el crepúsculo apenas empezaba a caer y fue la señal de que podía darse un baño antes de hablar con Joshua, se dirigió al gran comedor a tomar agua, se sentía deshidratada, pero vio a Albert y Harry practicando, Harry con un arco y sus flechas, y Albert con cuchillos, dándole a una diana. Albert era más certero en sus disparos, mientras Harry, daba fuera de la diana. Ambos se reían. Dejaron de practicar y se acercaron a Evie.
—Hola— le dijo Evie a Harry cuando llego a donde estaba—. ¿Cómo ha estado la práctica?
—¿Qué puedo decir? Me ha ido bien con la defensa personal, tú sabes que me enseñaron muy bien. — Harry le sonrió.
—Claro. ¿No has visto a Fer? No la veo desde la tarde.
—Yo tampoco— le respondió Harry y al mismo tiempo cambio de tema—. ¿Te acuerdas del rio que pasaba por el Hill of death?
—Sí. — la chica asintió.
—Está detrás de la cabaña de Joshua, nadie va por allá, pero— la miró con complicidad—, yo sí fui y el agua es más fresca que cuando pasamos por él después de la colina.
—Gracias por el dato, ya sé dónde bañarme. — le dijo Evie.
—No hay de que— le giñó un ojo—. Voy a buscar a Fernanda.
Evie asintió y lo vio alejarse. Ella se levantó y camino por la parte trasera de la cabaña de Joshua, en esa parte del bosque todavía estaba iluminada por la luz de sol que empezaba a ocultarse. La tierra café se pegaba a veces en sus zapatos. Escucho el agua correr del rio y camino más de prisa, en realidad, necesitaba un baño.
El agua era más clara de la que había visto en el Hill of death. Se quitó los zapatos y se sumergió en el agua, Harry tenía razón, el agua era mucho más fresca y cálida. Nado, sintiéndose libre y olvidándose de lo que pasaba, era momento de relajarse, de que la corriente se llevara sus preocupaciones.
—Parece que estas disfrutando mucho del agua. — le dijeron.
Ella miró a la persona que le hablaba, no podía ver su rostro por la luz de sol ocultándose, pero sabía quién era.
—La verdad, si— Evie nado a la orilla y se sentó—. Es muy relajante. ¿No vienes, Albert?
—Si tú lo dices. — Albert se quitó los zapatos, la camiseta y entró en el agua.
Evie lo vio hundirse y nadar en el rio. Luego se acercó a ella.
—Tienes razón— dijo—. El agua es muy relajante.
Se hizo un silencio y ambos miraron al sol ocultándose detrás de los árboles. A Evie le gustaba ver como los colores, rojo, amarillo y naranja, se complementaban y hacían ver la puesta de sol más hermosa.
—Es muy hermoso. — dijo Evie.
—Eso es verdad. — Evie lo miró y se dio cuenta de que lo dijo mirándola.
Ahí estaba, la pequeña peca que tenía bajo de su ojo izquierdo, era una manchita muy peculiar que hacía juego con sus ojos café. Y entonces ella le pregunto algo que rondaba en su cabeza desde hacía unos días.
—¿Por qué no estabas junto a la fogata esa noche en el bosque?
Alber suspiró.
—Esa noche escuché un grito y lo seguí— dijo—. Se escuchaba muy desgarrador, cuando llegué a ese punto, vi a una persona que quiero mucho, estaba herida, un animal le había atacado, tal vez un lobo, corrí a ella y estaba muy fría, su piel canela perdía su color, no pude ver sus ojos oscuros, pero si su hermoso cabello, es como el cielo cuando ocurre una gran tormenta de lo negro que es— se detuvo un segundo—. Poco a poco sentía que dejaba de respirar y le rogaba de que no me dejara, pero no me escuchaba, no pude decirle que esa pequeña peca que tenía en su clavícula izquierda le hacía resaltar su belleza.