El Líder no estaba nada feliz en ese momento y él lo sabía. Tarde o temprano se enteraría de lo que estaba haciendo a sus espaldas.
Ese día, Misael sabía que el Líder llegaría, pero no contaba que llegara unos días antes de lo previsto, cuando estaba hablando con el Niño y ayudándole a manejar sus poderes, esto, habría enfurecido al Líder, pero Misael se dio cuenta de que él ya venía furioso por alguna otra razón. Y no pretendía saber cuál era.
Estando ahí, en ese calabozo frio y de piedra negra, jugando con las llamas de una fogata azul que había creado en su mano. Tenía poca intensidad, la celda estaba protegida con magia para evitar la magia.
¿Quién lo diría? Pensó Misael, quién diría que estaría en el calabozo con restricción de magia y él pudiera hacerla.
Pero ahora, mirando las llamas en su mano, esperaba que Nick no la estuviera pasando mal, después de todo, como le había dicho a Margaret y él no había querido aceptarlo, estaba encariñado con él. Pero jugando con las llamas, de un lado a otro, dándole figuras extrañas, supo que el niño le recordaba a una persona que una vez amo, pero que había muerto entre sus brazos años atrás, con quien había tenido un hijo, que no pudo cuidar por causas que se le salían de las manos.
Su pequeño hijo de cabello negro y rizado, fue distanciado de él...
Cuando se jura con sangre, no hay nada que hacer, toca cumplir. Pensó.
—No mereces estar aquí. — le dijeron, causando que saliera de sus pensamientos.
—¿Por qué no? — le pregunto—. He hecho lo primero que el Líder no quería, lo contrario a lo que esta sociedad tiene como fin.
—¿Y eso qué? — dijo retadoramente—. Hiciste lo que creías que estaba bien. Lo que no pudiste hacer años atrás, quieres hacerlo por él ahora.
Misael pensó que tenía razón, de algún modo. No había podido cuidar a su hijo, pero si al de alguien que habían utilizado para fines sin escrúpulo.
—Margaret, debes dejarme solo- cambio de tema—. No quiero que el Líder descubra que estas aquí conmigo y piense que estabas de mi lado.
—Es que lo estoy, Misael— la chica se pegó a la reja que los dividía—. No estoy aquí porque quiera créditos y sobre lo que hacen aquí, estoy en este lugar por ti. Cuando me reclutaron, les tenía miedo, era solo una niña y todo lo que se escuchaba era lo crueles que eran. Estuve con la esperanza de que alguien pensara igual que yo, hasta que llegaste.
—Margaret— Misael tomó las manos de Margaret—, si las cosas son como creo que serán, por favor, mantente aquí, no huyas y cuida a Nick, hasta que sea el momento.
—No, no vas a morir...
—Solo cuídalo— apretó más las manos de ella—, por favor.
Ella asintió y se estaba mordiendo el labio, reprimiendo las ganas de llorar, tal vez, pero Misael nunca la había visto llorar. Le besó entre las rejas como pudo, la miró a los ojos, ella asintió y se fue del lugar, dejándolo solo. Esperando a que el Líder, mandara por él, para que la mano derecha de él, hiciera lo que pretendía; matarlo, no sin antes torturarlo.
***
Esperaba que Misael fuera el único que había desobedecido a la sociedad. Y lo peor, no era eso, lo peor es que había visto lo que el Niño hacía, pero que ahora no quería mostrarle.
Al parecer Misael encontró la manera de que él le obedeciera y de que le mostrara lo que sabe, pero eso no era lo que había hecho que él mandara a ejecutarlo, la verdadera razón era que Misael le conto al Niño sus orígenes, eso es, pensó, con eso fue que logro que el Niño confiara en él. Pero descarto la idea, el Niño le temía, eso era seguro.
Camino por toda la habitación. En su escritorio estaba toda la información, los había leído, releído y no encontró ninguna palabra que no fuera cierta, trato de buscar alguna mentira que le había presentado Misael y no saber desde cuando trabajaba a sus espaldas le era difícil, pero no encontrar pruebas, no iba a impedir que se salvara de su castigo, a estas alturas, todos los miembros estaban al tanto de lo que pasaba, así que debía demostrar quien mandaba.
—Mi Señor, es hora. — dijo la persona en la que más confiaba.
Tomo sus guantes negros de la mesa y salió. Solo se había quitado los guantes y no la capa de viaje, necesitaba ver sus manos blancas y cicatrizadas, le daba la fuerza de seguir adelante.
***
Los hombres del Líder habían llegado al calabozo y le esposaron. Lo dirigieron por los pasillos de la guarida. Avanzaba tranquilo, no le temía a la muerte, no la de él, más bien la de los que estaban en su vida.
Rogaba que Margaret cuidara de Nick y encontrara la forma de huir lejos, encontrar a sus padres y cuidarlo mientras no los encontraba.
Había llegado al lugar donde moriría. Se encontraba en el inicio de la montaña, la cual expulsaba un frio infernal. La noche estaba clara, la luna alumbraba como ningún otro día.
Bonita noche para morir, pensó, no tenía nada por lo que luchar.
Le obligaron a arrodillarse, frente de él estaba el Líder, con sus guantes puestos y la capa de viaje, de cierto modo, esa capa era diferente a la de él, la del Líder era expresamente hecha para proteger a los Humans en cualquier viaje que enfrentaran, hacía frio y los calentaba, hacía demasiado calor y los mantenía frescos, aparte de ser de las mejores telas. Aunque la de Misael, era resistente a cualquier hechizo que crearán con sustancias, con preocupación de que explotaran o fueran muy corrosivas.