A la mañana siguiente, Evie se encontraba con sus amigos en el comedor desayunando. Meneaba la avena con su cuchara, le daba vueltas, hacía formas, sus pensamientos estaban en otra parte.
Recordó que Joshua no le respondió a su pregunta la noche anterior, puesto a que no sabía mucho del tema. Quería respuestas y por eso paso toda la noche dando vueltas en la cama tratando olvidar tantas teorías que había imaginado. No supo en qué momento se durmió y en su sueño, las imágenes le habían atemorizado. A veces se decía que todo era una mala idea, pero seguía adelante con todo. Recordar las imágenes le helo la piel, si todo era como parecía, que, si sus sueños se volvían realidad a largo plazo, lo que soñó la noche anterior ocurriría.
—¿Estás bien, Evie? — preguntó Fernanda.
Evie la miró.
—Sí, todo bien, Fer.
Fernanda no siguió insistiendo, entendía que todo era una locura y era razonable de que ella pensara en otras cosas.
Evie probó una cucharada de su avena, estaba en su punto, cremosa, caliente y ni muy dulce ni muy desabrida, como le gustaba, pero no podía comer dos o tres cucharas una tras la otra, no sin tener miedo.
Algo le saco de sus pensamientos. Esa mañana, Joshua, André y Samara, no habían desayunado con ellos y se rumoreaba que no habría entrenamiento. Tenía la impresión de que todo era por el tal Misael que habían salvado y quería conocerlo, le intrigaba. Y cuando vio a Samara con André, corriendo con dirección a la cabaña de Joshua, se levantó, escuchó que Albert, Fernanda y Harry le llamaban, pero hizo caso omiso y corrió a la cabaña de Joshua.
Le seguían llamando, pero siguió a delante. Cuando llegó a la cabaña, la puerta estaba entrecerrada, iba a entrar, pero le detuvieron. Miró la mano que le detenía y luego a la persona, le había alcanzado.
—¿Qué pasa, Evie?
—Necesito tener información, Albert.
No le soltó la mano, pero no ejercía fuerza en su agarre. Ella podía soltarse y entrar, pero no lo hizo.
—Puede esperar.
—Tal vez, pero ¿Y si está muriendo la persona que puede darme la información del lugar donde esta Nick?
Vio la cara de confusión de Albert. Le había omitido el nombre del Niño.
—¿Nick?
—Sí, así se llama el Niño con el que sueño y está en problemas.
—¿Cuándo te enteraste de su nombre?
—La noche en que saliste herido por el ente, fue él quien me dijo dónde estabas y el peligro que corrías— admitió—. ¿Cómo sigues de la herida?
Habían pasado no más dos días de esa noche. Le habían tomado puntos y aun podía correr el riego de que sangrara.
—Mejorando. Ya duele poco— se encogió de hombros—. Yo te acompaño.
—¿Entraras conmigo? — preguntó ella.
Albert asintió y entraron juntos. El interior estaba oscuro. Las ventanas estaban cubiertas con cortinas negras. Se escuchaba un murmullo en la planta alta y una sola parte iluminada. Subieron las escaleras al segundo piso. Cuando llegaron, Evie no lo podía creer, el hombre que llamaban Misael, era con quien había soñado. Su cabello negro estaba opaco, su piel morena igual, tenía los ojos cerrados, pero una mueca de dolor se dibujaba en sus labios blancos. Lo recordó en el sueño, alto, su cabello brillaba con la poca luz que iluminaba el laboratorio, al igual que sus ojos negros, no parecía ser el mismo hombre.
Cuando se fijó en su cuerpo, se dio cuenta de que estaba completamente desnudo. Podía ver que su pecho estaba surcado de ampollas de quemaduras. Su piel estaba roja y escurría agua con un tinte rojo. Las quemaduras se extendían hasta sus muslos. Evie ahogo un grito y las personas que estaban a su alrededor la miraron.
Samara tenía un cuenco café con algo verde y viscoso en sus manos. Joshua probaba la temperatura del agua y su hijo, André, cortaba unas vendas. El joven que estaba con ellos, moreno y cabello corto, que sería Louis, supuso Evie, le esparcía la sustancia que sostenía Samara por el cuello herido.
—¿Qué hacen aquí? — inquirió Joshua.
Evie no podía saber si estaba furioso, sorprendido o tal vez ambas.
—Queríamos saber cómo esta. — le respondió Evie.
Misael comenzó a pedir agua y Evie alcanzo una jarra que había y sirvió agua, le llevo el vaso de arcilla a la boca y Misael bebió. No sabía por qué lo hizo, pero no le prestó atención. Le pasó la mano por la frente y estaba caliente.
—Joshua, tiene fiebre. — informó.
Louis, le pasó la palma de la mano por la frente y asintió.
—La medicación se desvanece rápido— dijo—. No podemos medicarlo constantemente, puede morir de sobre dosis.
—Paños, necesitamos paños. — dijo Evie.
—¿Cómo? — preguntó Joshua.
—Paños de agua fría— dijo—. Antes de que mi padre muriera, estuvo enfermo y le subía la temperatura, los paños de agua fría la baja.
André bajo al primer piso y luego subió con agua fría. Evie tomo una de las vendas que corto André y la metió en el agua, luego le exprimió y la coloco en la frente de Misael.
#1500 en Otros
#58 en Aventura
amor aventura, bloodanddeath, moon star humans wizards therous
Editado: 05.06.2026