Star Trek: Fractura Estelar

Capitulo 25: Lagrimas del destino

Ayana (Candice Patton)
¿De verdad crees eso, padre? ( tono de profunda tristeza)

(El eco de las palabras de Ayana, impregnadas de una tristeza infinita, flota en el aire de la enfermería. Por un instante, el silencio se vuelve atronador).

(Spock escucha la pregunta, pero la toxina emocional que el dolor ha dejado en su mente —incluso sin el Nirvana-B en su sangre— es una herida demasiado abierta, demasiado sangrienta. No hay lógica vulcaniana que pueda contener el desgarro. Sus ojos, en lugar de suavizarse, se vuelven aún más oscuros, como si se asomara a un abismo sin fondo).

(Spock aprieta los dientes con tal fuerza que los músculos de su mandíbula se tensan visiblemente. Retrocede medio paso, negándose a dejarse ablandar, cerrando el alma bajo una coraza de dolor absoluto).

SPOCK

(Con la voz grave, cortante, raspando en la garganta como cristal roto)

¿Que si lo creo...?

(Su mirada se clava en Ayana, implacable, cargada de una tragedia que lo supera).

SPOCK (Continuación)

(Con una frialdad hiriente, pronunciando cada palabra con lenta y cruel precisión)

No es una cuestión de fe, Ayana. Es un hecho empírico. Mi madre estaba ahí. La vi. El puente de tiempo estaba abierto. Tenía el vector, tenía la masa, tenía el objetivo. Y tenías la opción de sostener la red o cortarla. Cortaste la red.

(Spock se cruza de brazos, pero sus manos tiemblan contra las mangas de su uniforme. Se da la vuelta por un segundo, incapaz de sostener la imagen de su hija sufriendo, pero la herida habla por él antes de que pueda detenerse).

SPOCK (Continuación)

(De espaldas a ella, con la voz quebrada por la ira y el llanto sofocado)

Te busqué entre las cenizas de la galaxia. Me arrastré por el dolor de haberte perdido, sintiendo que cada segundo sin ti era una condena. ¿Y cuando vuelves? En lugar de ser la mano que me sostiene en la oscuridad, te convertiste en el muro que me impidió salvar la única otra parte de mi vida que el tiempo me había arrebatado.

(Se gira bruscamente de nuevo hacia ella. Sus ojos inyectados en sangre no muestran consuelo, solo un sufrimiento devastador).

SPOCK (Continuación)

(Avanzando un paso, inclinándose apenas hacia ella, con una respiración pesada y dolorosa)

Dijiste que se crearía una cuarta línea temporal. Hablaste como una oficial de la Flota. Calculaste el riesgo como una máquina. Pero no me miraste como mi hija. Si tanto me amas... si de verdad entiendes el peso que llevo en el pecho... ¿por qué tu primera decisión fue arrebatarme la oportunidad de respirar en paz?

(Spock guarda silencio, apoyando una mano sobre la mesa de instrumental médico para no tambalearse, mirando a Ayana con una distancia glacial y trágica).

SPOCK (Continuación)

(Con un susurro que hiela la sangre)

Te amo, Ayana. Eres mi hija y mi milagro. Pero hoy... hoy no puedo mirarte sin ver las cenizas de Vulcano cayendo una vez más. Por favor... déjame solo.

Ayana se niega a irse. Se sienta en la cama donde su padre lo tienen recostado.

Ayana
Ven padre, tenemos que hablar

(Spock se queda rígido al ver que Ayana ignora por completo su orden de marcharse. La firmeza con la que ella se sienta en el borde de la camilla y la calma serena de su voz contrastan fuertemente con la tormenta de dolor que devora la mente de su padre).

(Durante varios segundos, Spock permanece inmóvil. Su mirada analítica pero atormentada recorre la postura de su hija, buscando el lugar exacto donde la autoridad del oficial o la lógica del vulcaniano deberían imponerse... pero al verla ahí, tan cerca, tan inamovible, la resistencia física de Spock comienza a desmoronarse).

(Con un largo y pesado suspiro que parece arrastrar el cansancio de mil batallas, Spock da un paso vacilante hacia la cama. La rigidez de sus hombros cede ligeramente. Con movimientos lentos, casi dolorosos, se deja caer de nuevo sobre la camilla, quedando sentado a solo unos centímetros de Ayana).

SPOCK

(Sin mirarla directamente a los ojos al principio, fijando la vista en sus propias manos, que descansan sobre sus rodillas de forma rígida)

Tu obstinación... es un rasgo innegablemente humano. Un rasgo que, en este momento, sobrepasa la disciplina táctica que se espera de un oficial de la Flota.

(Lentamente, gira el rostro hacia ella. Aunque la distancia helada y el peso del dolor aún ensombrecen sus ojos vulcanianos, la presencia de Ayana a su lado empieza a quebrantar la barrera defensiva que intentó construir).

SPOCK (Continuación)

(Con la voz ronca, baja y marcada por una profunda vulnerabilidad)

No hay palabras en el idioma vulcaniano, ni en el inglés, que puedan reestructurar lo que ocurrió en esa falla temporal, Ayana. Me pides que hablemos... pero mi córtex cerebral está inundado por el choque entre la lógica del deber y el peso del luto.

(Spock entrelaza los dedos, apretándolos con fuerza, sosteniendo por fin la mirada de su hija con un dolor transparente).

SPOCK (Continuación)

Dime... ¿qué puede decir una hija al padre que siente que lo ha perdido todo, incluso cuando la tiene a ella sentada a su lado? Te escucho.

Ayana
Dejame hacerte una pregunta: ¿Que se siente ser el hazme reir de la escuela por ser hijo de una humana?

(La pregunta cae en el aire tenue de la enfermería como una descarga eléctrica. Las pupilas de Spock se dilatan violentamente. El insulto implícito y la crudeza de la memoria traída a la superficie por su propia hija atraviesan su coraza de dolor con la precisión de un bisturí).

(Su mirada, antes distante y helada, se fija de golpe en Ayana. Un destello de conmoción e incredulidad cruza sus ojos. Durante un segundo, la respiración se le atora en la garganta. La memoria de ShiKahr —los niños vulcanianos acorralándolo en la academia, los insultos velados, la mirada triste y comprensiva de Amanda secando sus lágrimas a escondidas— vuelve con una nitidez abrumadora).




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