El día de hoy voy a morir. No es un hecho, no es una predicción. Es más... un anhelo. La esperanza de que mi tortura acabe por fin.
A veces me gustaría pensar que todo es un sueño. Duermo para olvidar, pero cuando despierto... todo sigue igual.
¿Hice algo para merecer esto?
Ya no lo recuerdo. Todo es difuso, como manchas de color en un vacío.
Cada mancha es una parte de mí. Pero el vacío... también lo es.
La luz me quema. Una lámpara LED, luz indirecta y aun así dolorosa.
La muerte debería ser un gran vacío, no un destello.
Recuerdo cuando la instalé. Fue cuando...
Mierda. No. Otra vez no. Déjame recordar eso al menos.
Vamos, cerebro, funciona un poco más. Solo un poco más. Como siempre lo hiciste.
¿Tal vez por eso pasó esto? ¿Te exigí demasiado?
Si es así... perdón.
Genio.
Jaja. Qué palabra tan desacertada.
Un genio habría hecho algo.
Un genio no moriría de forma tan patética.
Un genio no confundiría a su nieta con una lámpara.
Un genio habría detectado un tumor cerebral antes de que lo convirtiera en... esto.
Vamos. Está claro. Solo fui un farsante bien vestido.
Al menos hay gente aquí. Personas que aprecio... o eso creo.
No recuerdo a la mayoría, pero los reconozco. De alguna forma.
¿Ese acaso es...?
No. No lo creo. Él murió hace tiempo.
Aunque...
¿De verdad lo hizo?
El dolor no es lo peor.
Lo peor es la espera.
Esa insistente idea de que aún podría recordar algo importante.
Pero no sé qué era.
Tal vez por eso sigo vivo. Para recordar.
Formas. Figuras. Conceptos.
Lo único que puedo traer a la mente ahora es el espacio.
El universo profundo.
Al menos una vez...
me habría gustado ir.
Las palabras abruman mis oídos.
Palabras que han perdido su significado.
El eco de personas que ya no existen en mis memorias:
"Te amo."
"Todo va a estar bien."
"No te muevas. Relájate."
Trato de responder...
Pero de mí solo surge un lamento.
A veces creo que contesto.
Pero solo soy yo, hablándome a mí mismo.
Déjà vu.
¿Ya dije eso antes?
Creo que estoy repitiéndome constantemente.
Repetirme constantemente.
Constantemente.
Soñé con el cielo, un barco, y un mar inmenso.
Peces de cristal se movían más rápido que el sonido.
Una mujer de piel color cobre me sonreía.
Un hombre con piel de obsidiana me miraba con orgullo.
Me sentía feliz.
Amado.
¿Este recuerdo es mío?
Obviamente no.
Solo es una alucinación.
¿Verdad?
¿Dónde está mi libro favorito?
¿Tuve uno?
Recuerdo una portada azul.
Tal vez era un cuaderno.
Tal vez era el mar.
Ya no quiero pensar.
No siento nada. Solo escucho.
¿Qué es eso?
¿Música?
Jeje.
Quien sea que la haya puesto... me conocía bien.
Es una melodía familiar que ya no recuerdo.
Mi amada música.
¿Alguna vez te volveré a escuchar?
La música se detiene.
Las voces son notas.
Estoy dentro de una sinfonía desafinada.
Me he convertido en un pensamiento que se repite.
Ya no hay cuerpo.
Solo yo, en mí.
¿Acaso ya he muerto?
Mis extremidades se disuelven.
Un retumbar va cada vez más lento.
El ruido blanco me invade.
Sigo siendo yo.
Eso quiero creer.
Tengo frío.
Estoy en un bucle.
Ya pasó un segundo.
Dos segundos.
Un mes.
Un siglo.
Un eón.
El tiempo ya no existe.
Siento que caigo sin moverme.
No hacia abajo.
Hacia lo profundo de mí.
Debería decir algo.
Pero no se me ocurre nada.
Creo que...
...
Siento... ¿siento? ¡Siento!
Puedo sentir.
¿Pero qué es lo que siento?
No puedo describirlo. Siento al universo y la existencia en cada punto, como si no fueran cosas separadas. Como si no fuéramos cosas separadas.
Mi vista abarca 360 grados.
Puedo verlo todo.
No hay oscuridad. Solo luz.
Luz en su estado más puro. Galaxias chocando. Estrellas naciendo. Todo al alcance de mis manos... manos que ya no existen.
Mi cuerpo se ha derretido con la nada.
Una nada que, paradójicamente, lo abarca todo.
Cada acción ocurrida en el universo la siento.
Cada átomo de hidrógeno fusionándose en el corazón de una estrella.
Cada objeto que cae en un agujero negro y se convierte en información pura.
Escucho voces. Voces que hablan en millones de idiomas que jamás conocí.
Todo ser existente dice mi nombre.
Cada voz proviene de cada punto del universo.
Tengo visiones.
Visiones mías desde miles de perspectivas:
Mi madre.
Mi padre.
Mi esposa.
Mis hijas.
Y entonces lo comprendo.
Puedo recordar.
¡Lo recuerdo todo!
Incluso lo que había olvidado en vida.
Cómo nací. Quién fui. Qué soñé.
Cada vez que un recuerdo viene a mí,
una estrella se apaga con gratitud.
Hay una fuerza parecida a la gravedad que tira de mí.
Me arrastra. Me desplaza sin moverme.
Avanzo hacia la nada, y, sin embargo, estoy quieto.
Mientras más recuerdo... más oscuro se vuelve todo.
Como si la memoria fuese ceniza.
Como si la identidad fuese combustible.
Tengo recuerdos que no son míos.
Recuerdos de alguien más.
No soy solo yo. Somos miles.
Miles que seremos uno.
Y uno que recuerda haber sido miles.
Y aun así, sigo moviéndome.
A través de millones de años luz.
Lejos de la existencia que conocí.
Lejos de todo lo que alguna vez creí ser.
Entonces la siento.
Una presencia.
No un dios... algo más antiguo.
Un ser con ojos infinitos y con ninguno.
Me habla. Pero no entiendo lo que dice.
"Nuevo."
Editado: 09.02.2026