Still You

Prologo

El avión por fin había tocado tierra cuando a Jhon le llegaron los recuerdos como golpes: la risa de Nicole cuando tenían diez años, las madrugadas hablando por mensajes, el silencio incómodo después de la pandemia. Todo eso que creyó haber superado… hasta que recibió la invitación.

La boda.

Se suponía que era una buena noticia, al menos para todos menos para él. Su madre lo llamó llorando de alegría, contándole que por fin Nicole iba a casarse. Jhon solo sintió un hueco en el pecho que no sabía cómo rellenar.

Habían pasado años desde la última vez que la vio, pero nadie olvida a la primera persona que le rompió el tiempo. Mucho menos cuando nunca se cerró la herida.

Al llegar a casa, la familia lo abrazó como si nada hubiera ocurrido. Como si no supieran que él se había ido para no sentir más. Como si no sospecharan que a veces, amar también es un exilio.

La noche antes de la ceremonia, Jhon debatió solo en su habitación: ir o no ir. Asistir al día más feliz de su “prima”… o salvarse a sí mismo del peor.

El día de la boda, la iglesia estaba llena. Nicole caminaba hacia el altar del brazo de su padre. Sonreía. Parecía feliz. O al menos eso intentaba.

Buscaba con la mirada algo —o a alguien— que no había llegado.

—Aceptas a Nicole… —dijo el sacerdote.

—Acepto —respondió el novio.

—¿Y tú, Nicole…?

Ella respiró. Iba a decir que sí cuando escuchó la puerta abrirse detrás.

Jhon.

No estaba vestido como los demás. No sonreía. No parecía el invitado correcto.

Solo la miró.

Y Nicole lo entendió todo demasiado tarde.

La historia realmente no empieza en esa iglesia.
Ni en esa ciudad.
Ni a esa edad.

Empieza mucho antes.
Cuando ellos tenían diez.
Cuando todavía creían que eran solo primos.
Cuando el secreto todavía estaba intacto.

Cuando amar no era peligroso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.