Las semanas siguientes se sintieron como un juego silencioso que ninguno de los dos reconocía, pero igual jugaban.
Jhon le reaccionaba a las historias de Nicole. Nicole se tardaba tres minutos exactos en responderle —no por estrategia, sino porque no quería parecer desesperada. Y cuando él dejaba de hablar, ella fingía no molestarse. No lo fingía muy bien.
También estaban los silencios incómodos que no eran despedidas, solo pausas. Pausas largas y pesadas.
Un viernes en la noche, entre reels y tareas atrasadas, Jhon le mandó mensaje:
—Aburrida la vida.
Nicole sonrió.
—Sal a correr pues.
—No, mucho frío.
—Entonces juega algo.
—Contigo si quieres.
Ese “contigo” tenía el tipo de energía que te deja pensando antes de teclear. Nicole se acomodó en la cama, con las luces apagadas y el celular iluminándole la cara.
—¿Qué quieres jugar?
—No sé. Verdad o reto.
—¿Por chat?
—Sí. Igual funciona.
Nunca en la historia universal un “igual funciona” fue tan peligroso.
Comenzaron suaves. Tontos, incluso.
—Verdad o reto.
—Verdad.
—¿Te cae mal alguien de tu salón?
—Sí. Tu turno.
Hasta ahí, inocente. Hasta que dejó de serlo.
—Verdad o reto, Nicole.
—Verdad.
—¿Te gusta alguien?
Nicole se detuvo. No porque no supiera la respuesta, sino porque no sabía si quería abrir esa puerta.
—Tal vez.
—¿Quién?
—No dijiste nombre, dijiste “si me gusta alguien” ja.
Jhon le mandó un emoji de ojos volteando que a Nicole le dio risa… y ansiedad.
Siguieron.
En un momento, fue Nicole quien decidió pasar la línea.
—Verdad o reto.
—Verdad.
—¿Quién fue tu primer beso?
Se quedó esperando la respuesta. El typing apareció. Desapareció. Volvió. Nicole sintió que el corazón le golpeaba la garganta.
Entonces llegó:
—Una prima por ahí. 😏
Nicole se quedó congelada.
La frase era corta, ligera, cargada de ironía, pero el golpe fue directo. No era un secreto para ninguno de los dos a qué se refería.
Nicole tipeó:
—Qué asco, incesto 😐
Jhon respondió:
—Fue hace mil años pues. Éramos niños.
Nicole no sabía por qué lo que sintió no fue asco, sino un ardor raro entre el orgullo y el celosinato. Algo le hormigueó. Algo que no quiso nombrar.
—¿Y te gustó? escribió Nicole antes de pensarlo.
Jhon se tardó más en responder esta vez.
—No me acuerdo. Fue rápido.
Nicole no sabía si le estaba diciendo la verdad o si solo no quería darle el gusto. Porque la verdad era que sí se acordaba. Y ella también. Los dos sabían que no fue cualquier cosa, aunque haya sido un piquito idiota de cinco años.
Nicole dejó el celular a un lado. Cerró los ojos. Se odió un poco por haber preguntado, y un poco más por importarle.
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Editado: 28.01.2026