Después de la pequeña pelea, Nicole pensó que todo se iba a enfriar… pero no.
Jhon volvió a escribirle al día siguiente, como si nada hubiera pasado.
Y al siguiente también.
Y al otro.
Durante dos semanas, sus días se parecían demasiado:
clases, tareas, sueños tontos, y notificaciones de Instagram que siempre terminaban siendo él.
A veces hablaban de cosas sin sentido.
A veces se burlaban de algo.
A veces solo se mandaban memes.
Pero siempre estaban ahí.
Nicole, sin notarlo, comenzó a esperar sus mensajes.
Comenzó a pensar en él cuando estaba en clase o cuando se cepillaba los dientes antes de dormir.
Comenzó a recordar sus ojos, su voz, sus tonterías, su olor de niño en las reuniones familiares.
Y una tarde cualquiera —con el sol entrando por la ventana y la pijama puesta todavía— lo entendió:
Estaba enamorada de Jhon.
No era un crush pasajero.
No era cariño de primos.
No era nostalgia de pandemia.
Era él.
Era él desde mucho antes, solo que ahora lo sabía.
Con esa revelación nueva en el pecho, todo parecía prometer algo… hasta que dejó de hacerlo.
Porque después de dos semanas, los mensajes comenzaron a espaciarse.
Primero pasaron horas sin respuesta.
Luego días sin hablar.
Luego silencio absoluto.
Nicole no insistió.
No preguntó.
No reclamó.
Solo esperó, creyendo que lo que sentía era suficiente para que él regresara.
No regresó.
Hasta que un martes por la tarde —tan común que dolía— le llegó la notificación que terminaría de romperla:
Historia nueva de Jhon
Nicole abrió la historia sin pensarlo, con esa curiosidad automática que no avisa que va a doler.
Y ahí estaba.
Una foto en el salón de clases.
Un espejo.
Un brazo rodeando a una chica.
La chica apoyada en su pecho, sonriendo.
Jhon abrazándola como quien no teme ser visto.
Nicole sintió que se quedaba sin aire por tres segundos enteros.
Se quedó mirando la pantalla sin parpadear, esperando que hubiera algún error, alguna explicación, algún “solo son compañeros”.
Pero la mano de él estaba en su cintura.
Y la mirada de ella sobre él.
Y la de él sobre la cámara.
Ese tipo de abrazo no lo daba cualquiera.
Ese tipo de abrazo tenía nombre.
No era con ella.
Y esa era toda la explicación.
El corazón no hizo un ruido grande al romperse.
No explotó.
No se quejó.
Solo se partió en silencio, como hacen las cosas que importan.
Nicole cerró Instagram, pero la imagen seguía ahí, grabada en la retina.
Y por primera vez desde que empezó todo, se dijo la verdad:
“Lo perdí.”
No porque fueran algo.
No porque se hubieran prometido nada.
Sino porque ella recién se estaba enamorando y él ya estaba en otra parte.
Y no hay tragedia más cruel para una adolescente que enamorarse fuera de tiempo
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Editado: 28.01.2026