Después de la historia del abrazo, Nicole no volvió a abrir los chats con Jhon.
No le escribió.
No reaccionó a nada.
No explicó nada.
Solo desapareció de su radar… al menos frente a él.
Porque en verdad, no paró de revisarlo.
Durante días, Nicole entraba a Instagram solo para ver si él subía algo nuevo.
O si la abrazaba otra vez.
O si salía con alguien.
O si, de casualidad, ponía algo que sonara a indirecta… o despedida.
Era como desarmarse lentamente, pero en secreto.
Entre ese espionaje silencioso, Nicole terminó entrando al perfil de la chica del abrazo.
Su nombre estaba ahí, en la etiqueta: Margarita.
Estudiante del mismo colegio de Jhon, pero en otro salón.
Nicole no la conocía en persona, pero la foto decía suficiente:
cabello suelto, sonrisa fácil, mirada confiada, uniforme planchado.
Y lo peor: Jhon la seguía.
Ella lo seguía.
Y había más historias juntos.
Nicole tragó saliva.
No lloró, aunque quería.
No se quejó, aunque podía.
Cerró el teléfono.
Como si eso pudiera cerrar algo más.
Y decidió evitarlo.
Dejó de responderle.
Dejó de reaccionar.
Dejó de iniciar conversaciones.
Dejó de mandar memes o enviar audios incómodos.
Él tampoco insistió.
No al principio.
Pasaron cuatro días completos.
Y en ese tiempo, Nicole aprendió una verdad incómoda:
evitar duele, pero perseguir humilla.
Al quinto día, mientras hacía tarea con música, el celular vibró.
Jhon te ha enviado un mensaje.
El corazón se le aceleró.
Respiró dos veces antes de abrirlo.
Jhon:
¿Qué fue? Hace tiempo no hablamos.
Corto.
Seco.
Neutral.
No era el Jhon de antes.
Ni el del cumpleaños del abuelo.
Ni el del “quedémonos hablando hasta que se nos caiga el sueño”.
Nicole dudó.
Quería responder como siempre.
Pero algo en ella ya estaba cansado.
Nicole:
Todo bien. Tuve cosas del cole.
Él tardó.
Minutos que parecían horas.
Jhon:
Ah ya. Igual… ya salen de vacaciones, ¿no?
Ah ya.
Igual.
Frases que no dolían por lo que decían, sino por cómo sonaban.
Nicole escribió:
Nicole:
Sí, falta poco.
Él dejó el chat en visto.
El primero de muchos.
Esa noche Nicole se puso una crema en la cara y miró su reflejo antes de acostarse.
No lloró.
Pero se dijo en voz baja:
“Creo que llegué tarde…”
Y aunque intentó ignorarlo, la verdad era simple:
Nicole se enamoró justo cuando él había decidido dejar de esperarla
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Editado: 28.01.2026