El 2023 no solo empezó con cuadernos nuevos y horarios incómodos. Empezó con Fabricio.
Fabricio era diferente. Más tranquilo, más atento, más dispuesto a estar. No preguntaba tanto, no insistía, no presionaba. Simplemente quería a Nicole. Y eso a veces alcanzaba… o al menos eso quería creer ella.
Eran las primeras semanas y todo parecía encajar raro pero bonito. Él la invitaba a ver sus partidos de fútbol en el colegio, y ella iba, aunque odiaba el sol y el polvo del campo. Se sentaba a un lado con su botella de agua y fingía que la cancha no le daba alergia solo para verlo correr.
Cuando Fabricio metía gol, levantaba los brazos y giraba buscando a alguien. No a las tribunas. No al entrenador. A Nicole.
Los chicos en el equipo lo molestaban:
—Ya cállate pues, “romántico” —se reían.
Pero él igual sonreía, levantaba los hombros y seguía jugando.
Nicole lo veía y pensaba: “Él sí quiere estar. Él sí intenta.” Y sentía algo, claro que sentía. Pero era ese algo que sabes que está incompleto, como una canción linda pero sin coro.
Porque en medio de los goles, las risas y las caminatas al paradero, había un silencio que nadie veía: Jhon.
Él ya no estaba, ni escribía, ni preguntaba, ni aparecía en ningún recreo. Pero seguía ahí. Metido en el pecho. Pegado. Como si la historia no hubiera terminado, solo se hubiera quedado en pausa.
Fabricio no sabía nada de eso. Ni debía. Porque él la trataba como si fuera el final bonito de alguien. Como si no hubiera cicatrices anteriores.
Y así fueron pasando los meses. Ya faltaba poco para abril, y con abril venían los 15 de Nicole. Su mamá estaba en modo producción total: vestido, fotos, uñas, zapatos, invitados, salón, música. Todo era emoción.
—Hija ya deja el celular, ven a probarte el vestido —decía mientras sostenía los alfileres en la boca, feliz.
Nicole se miraba al espejo y se veía distinta. Más alta. Más seria. Más… grande. Como si ese cumpleaños fuese una puerta rara entre seguir siendo niña y empezar a ser algo más.
Todos decían:
—Ya estás creciendo
—Qué rápido pasa
—Qué bonita está mi hija
Y sí, era bonito. Era un año en el que todo parecía avanzar. Todo menos su corazón.
Porque mientras Fabricio ensayaba qué corbata usar y su mamá pensaba en el vals, Nicole solo pensaba en que si Jhon supiera que estaba por cumplir 15… ¿la saludaría? ¿Se acordaría? ¿Importaría? ¿Le daría igual?
El amor no siempre se termina cuando uno quiere. A veces solo aprende a esconderse mejor.
Y esa fue la parte que nadie vio.
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Editado: 28.01.2026