La noche de los 15 de Nicole llegó más rápido de lo que ella esperaba. El salón estaba decorado con luces cálidas, flores y esas sillas incómodas que nadie usa pero que en fotos se ven elegantes. Su mamá caminaba de un lado a otro revisando todo, emocionada y nerviosa.
Lo único que no salió como se había planeado, era el chambelán.
Fabricio debía estar ahí. Ese era el plan. La entrada, el vals, las fotos, las risas. Pero hacía apenas dos días le escribió:
—No voy a poder ir… me tengo que ir a provincia por mi papá. Lo siento.
Nicole respiró hondo, tragó ese nudo feo y le respondió que todo estaba bien, que no se preocupara. Pero no estaba bien, y sí le preocupaba.
Cuando se lo contó a su mamá, ella se quedó pensativa unos segundos y solo dijo:
—Entonces será Jhon.
Y fue así de simple. Dos palabras. Dos sílabas. Y todo el 2023 se movió un poco.
Jhon aceptó sin hacer preguntas. “Ya voy,” dijo. Sin drama, sin explicaciones, sin reproches. Solo ya voy.
La música empezó. La gente se acomodó. El presentador agarró el micrófono y con voz exagerada dijo:
—Damas y caballeros, recibimos a nuestra quinceañera… ¡Nicole!
Y ahí fue. Nicole entró al salón, con vestido largo y mirada firme. No estaba pensando en fotos, ni en maquillaje, ni en títulos de princesa. Estaba pensando en quién no estaba y en quién sí.
La ceremonia siguió normal: palabras, agradecimientos, algunas lágrimas de tías que siempre lloran en momentos así. Y después, llegó el vals.
Jhon se acercó. Tenía un terno que le quedaba un poco grande y unos audífonos bluetooth que se notaban demasiado. Nicole lo miró y sonrió con educación.
—¿Lista? —dijo él.
—Siempre. —respondió ella, aunque no era cierto.
Comenzaron a bailar. Quieto. Suave. Elegante. Parecía una escena bonita… hasta que dejó de serlo.
Mientras giraban, Jhon hablaba bajito. Pero no con ella.
—Sí amor… ya falta poco.
—No, no estoy haciendo nada, solo una cosa familiar.
—Ya, ahorita te escribo…
Nicole escuchó cada palabra como si se las estuvieran tatuando en el pecho. Intentó no reaccionar. Mantuvo la postura, la sonrisa tímida y la mirada tranquila.
Pero por dentro… se estaba rompiendo.
El vestido pesaba. El aire pesaba. El corazón más.
Cuando Jhon volvió la mirada hacia ella, fingió que no había pasado nada. Él siguió el vals, la giró con torpeza y hasta sonrió, como si estuvieran en otro tipo de historia.
Nicole no dijo nada. Nunca dijo nada. Ella también era buena para fingir.
Siguieron bailando mientras Margarita, la chica con la que él había estudiado en el mismo colegio pero en otro salón, lo esperaba al otro lado del teléfono. Nicole lo sabía todo. Lo había descubierto tiempo atrás. Lo había visto. Lo había stalkeado. Pero nunca lo había dicho en voz alta.
Esa noche se confirmó algo que duele reconocer a los 15:
A veces la persona que más recuerdas no es la que te elige.
Cuando el vals terminó, la gente aplaudió. Las cámaras dispararon. Las luces brillaron.
Y nadie —absolutamente nadie— vio que Nicole acababa de bailar con un corazón que ya no latía igual.
#4910 en Novela romántica
#1694 en Otros
#125 en Aventura
romance, romance erticos aventuras, celos deseo lujuria hombre posesivo
Editado: 28.01.2026