Still You

Capitulo 12: Lo que se rompe por dentro

Los días posteriores a sus 15 no tuvieron explosiones, no tuvieron confrontaciones, ni gritos, ni confesiones. No pasó nada… y eso fue justamente lo que más dolió.

El silencio era peor que cualquier pelea.

Nicole siguió sonriendo en las fotos, respondiendo mensajes de felicitación y escuchando a su mamá repetir que “la fiesta fue un éxito”. Todo el mundo veía la decoración, el baile, los invitados, el vestido. Nadie veía lo que ella se había guardado bajo la costilla izquierda.

Para afuera estaba festejando.
Para adentro estaba enterrando algo.

Ese “algo” tenía nombre.

Pasaron semanas. La vida siguió como si no tuviera empatía. El colegio, los trabajos, las amigas, las tareas, el celular, los mismos pasillos y la misma rutina. Y mientras tanto, Fabricio se fue convirtiendo en un refugio inesperado.

Él la buscaba. La hacía reír. Le escribía buenos días sin fallar. Le dedicaba goles cuando jugaba fútbol. Y ella lo dejaba entrar, de a poquito, con miedo de que el corazón se le siga desarmando.

No era falso lo que sentía por él. Solo que no era lo mismo. El cariño creció más rápido que el amor, pero Fabricio era paciente, noble, y parecía contento incluso con eso.

Él nunca supo que lo estaban queriendo mientras alguien más seguía siendo duela temporal del recuerdo.

La ruptura interna no fue una sola. Fueron varias.
Pequeños quiebres, microscópicos, casi invisibles:

— Cuando escuchaba a Jhon subir historias con Margarita.
— Cuando él la veía sus estados pero no decía nada.
— Cuando pasaban semanas sin hablar.
— Cuando ella recordaba cosas que él probablemente ya había olvidado.

Así se rompen algunas chicas: no con drama, sino con recordatorios silenciosos.

Y así llegó el 2024.

Enero trajo calor, música, piscinas y planes para el nuevo año. Nicole y Fabricio ya eran oficialmente pareja. Él estaba enamorado. Ella estaba tratando. A veces eso parecía suficiente, a veces no.

Ella se había prometido no volver a mirar hacia atrás, no volver a stalkear, no volver a sentir esa punzada en el pecho cada vez que aparecía un nombre que ya no le pertenecía.

Lo intentó. De verdad lo intentó.

Pero no todas las heridas cierran en diciembre solo porque el calendario lo diga.

Ahí quedó. Enero. Verano. 2024 empezando.

Y el corazón, aunque más estable, todavía con ese espacio que no sabía si algún día iba a rellenarse de nuevo… o simplemente iba a aprender a quedarse vacío.




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