Nicole pasó los siguientes días con una disciplina que ni ella sabía que tenía.
Si Jhon escribía, respondía tarde.
Si él reaccionaba a sus historias, lo dejaba en visto.
Si él mandaba algo largo, respondía con algo corto.
Todo con tal de no traicionar a Fabricio.
Todo con tal de no traicionarse a ella misma.
Pero la verdad era otra:
Si Nicole se distanciaba era porque sabía exactamente lo que le pasaba.
Y lo que sentía por Jhon no era sano, ni nuevo, ni fácil de apagar.
Lo peor es que Jhon no insistía… pero tampoco desaparecía. Volvía cuando menos debía.
Jhon: ¿Todo bien?
Nicole: Sí, solo ocupada.
Esa era la excusa que más usaba últimamente.
Fabricio, por su parte, era todo lo contrario: atento, dulce, disponible.
La clase de chico que te acompaña a los partidos, te dedica goles y te manda audios diciendo que te quiere.
Y sin embargo, cuando Nicole pensaba en alguien, no siempre era Fabricio.
Y eso era horrible.
Pero cierto.
La distancia duró exactamente cinco días.
Cinco días hasta que pasó lo inevitable.
Un sábado en la tarde, Jhon le escribió otra vez:
Jhon: ¿Vas a jugar hoy?
Nicole dudó.
Dudó largo.
Después escribió:
Nicole: No sé…
Jhon: Anda. Un rato.
Fue suficiente para que ella entrara al juego.
Cuando lo vio conectado, algo en el pecho se le acomodó y se desacomodó al mismo tiempo. Era ese tipo de paz que también dolía.
Se unieron a la partida, él la invitó a su equipo, pusieron audífonos, pero nadie hablaba todavía. Solo se escuchaba el sonido del juego.
Al rato:
Jhon: (por el chat del juego)
Tanto te vas a esconder.
Nicole soltó una risita.
Nicole: Calla. Estoy rusty.
Jhon: ¿Rusty? Qué internacional.
Nicole: Jajaja cállate.
Empezaron a hablar más sueltos, como si nunca hubiera pasado lo del beso, ni lo del vals, ni lo de Margarita, ni lo de los estados, ni lo de los años.
Entre partida y partida, él soltó cosas raras… pero disfrazadas:
Jhon: ¿Y qué tipo de chicos te gustan?
Nicole se quedó quieta.
Los dedos en el mouse se le paralizaron.
Nicole: ¿Por?
Jhon: Curiosidad.
Nicole pensó en darle una respuesta genérica, pero Jhon insistió:
Jhon: Ya pues. Tipo… ¿más tranquilos? ¿más locos? ¿más serios? ¿más tóxicos?
Nicole escribió:
Nicole: No sé. Alguien que me haga sentir segura.
Silencio unos segundos.
Jhon: ¿Y cómo sabes cuando alguien te hace sentir segura?
Nicole: Cuando no te da miedo quererlo.
Jhon no respondió de inmediato. El juego seguía, pero él no.
Ella empezó a ponerse nerviosa.
Nicole: ¿Y tú? ¿Cómo te gustan?
Jhon: Depende.
Nicole frunció el ceño.
Nicole: ¿Depende de qué?
Jhon: De si estoy enamorado o si solo me gusta.
Nicole tragó saliva.
Eso sí se sintió personal.
Nicole: ¿Y cuál es la diferencia?
Jhon: Cuando solo me gusta alguien, es físico.
Cuando estoy enamorado… es otra cosa.
Nicole: ¿Otra cómo?
Jhon: Otra que duele.
Nicole tuvo que quitarse los audífonos un instante.
Acomodarse el corazón.
Volver a ponérselos.
Al terminar la partida, se quedaron en la pantalla del lobby. Ninguno salía. Ninguno decía adiós.
Eso es lo peligroso de los casi algo: nadie sabe cuándo terminar.
Entonces él volvió a escribir, esta vez por Instagram.
Jhon:
Oye, ¿te puedo preguntar algo?
Nicole sintió el estómago cerrarse.
Nicole: Dime.
La pregunta llegó como un golpe sin aviso:
Jhon:
¿Yo te gusto?
Nicole se quedó mirando el celular, sin pestañear.
No era una broma.
No era sarcasmo.
No era indirecta.
Era frontal.
Cruel.
Inesperadamente valiente.
Ella sintió que la sangre le subía a la cara.
Escribió:
Nicole: ¿Por qué preguntas eso?
Jhon:
No sé. A veces siento que sí.
Y otras veces siento que te alejas.
Y no entiendo.
Nicole apoyó la frente en la cama.
Su primer impulso fue decir que no.
Mentir para sobrevivir.
Nicole: Yo estoy con Fabricio.
Jhon: No te pregunté eso.
Ese detalle la mató.
Ahí estaba la verdadera pregunta, desnuda, sin escudos, sin excusas:
¿Yo te gusto?
Y por primera vez, Nicole no tuvo palabras.
Porque la respuesta era:
Sí.
Siempre sí.
Pero nunca en el momento correcto.
Antes de que pudiera responder, Jhon mandó otro mensaje:
Jhon:
Igual… no tienes que decirme nada.
Ya se me pasará.
Nicole sintió que algo dentro suyo se rompía un poco.
Porque esa frase no era ligera.
Era renuncia.
Era dolor.
Era una despedida disfrazada.
Ese día, Nicole no respondió.
Mentira:
No respondió a Jhon.
Pero al rato, sí le respondió a Fabricio:
Nicole: Te quiero.
No era una mentira completa.
Pero tampoco era toda la verdad.
Así terminaba el capítulo:
Con un “te quiero” que sabía a defensa, y un “¿Yo te gusto?” que se quedó flotando en la cabeza de Nicole por semanas.
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Editado: 28.01.2026