Still You

Capitulo 16: Febrero y sus casualidades

14 de febrero del 2024.
Mientras medio mundo estaba subiendo fotos con globos rojos y flores sobrevaloradas, la familia de Nicole estaba por asistir a algo menos cliché pero mucho más intenso: el matrimonio civil de la tía—la mamá de Jhon.

La ceremonia sería en la municipalidad, en un parque grande donde el alcalde iba a casar a varios al mismo tiempo. Era la típica escena limeña: fila de sillas blancas, globos pastel, mesas con agua y galletas, fotógrafos desesperados cazando momentos “tiernos” para imprimirlos después a 10 soles cada uno.

Nicole llegó con sus padres. Ella andaba con un vestido casual crema y un cardigan claro. Nada que pretendiera llamar la atención. Aunque igual llamó.

Porque cuando bajó del auto y se acomodó el cabello detrás de la oreja, Jhon ya la había visto.

Fue ese tipo de mirada que dura un segundo pero te reescribe la mente por horas.

Lo curioso era que no se hablaban desde aquella conversación incómoda del videojuego, del “¿yo te gusto?”, del silencio, del “ya se me pasará” y todo ese peso.

Se cruzaron las miradas una, dos, tres veces.
Después cada uno pretendió estar viendo otra cosa.

Era raro.
Era tierno.
Era dolor.

Los dos estaban parados a unos metros, rodeados de gente hablando pero sin escuchar nada.

Cuando comenzó la ceremonia, los novios dijeron sí, la gente aplaudió, el alcalde hizo bromas que no daban risa pero igual todos sonrieron para salir bien en las fotos. El anillo entró, los flashazos explotaron, y la mamá de Jhon sonrió como si se hubiera ganado algo más importante que el matrimonio: paz.

Cuando acabó, todos se juntaron para las fotos familiares. Y ahí fue cuando la casualidad hizo lo suyo.

Nicole fue llamada por su tía:

—¡Nicky ven, ponte acá con tu mamá!

Jhon estaba a dos pasos. Él no la miraba de frente, pero se sabía de memoria dónde estaba cada centímetro de ella.

Terminadas las fotos, la gente empezó a dispersarse.
Nicole estaba revisando su celular cuando de pronto:

Jhon: Hola

Nicole levantó la vista tan rápido que casi suelta el teléfono.

Nicole: Hola…

Se quedaron en esa pausa incómoda donde ninguno sabía si debía reír, preguntar o desaparecer. Los dos estaban más altos, más grandes, más serios que la última vez.

Jhon: ¿Todo bien?

Nicole: Sí… ¿y tú?

Jhon: Normal.

Normal nunca había significado tan poco.

Hablaron cortito, como si fueran dos desconocidos que alguna vez se quisieron demasiado sin nunca haber sido nada.

Al rato, la familia decidió ir a cenar a una pollería cercana.
Todos caminaron juntos mientras comentaban la ceremonia.

Nicole iba delante, Jhon detrás, como si el universo los alineara pero no los dejara chocar todavía.

Ya sentados, Nicole sintió el celular vibrar.
Era él.

Jhon: Baja al sótano.

Nicole tragó saliva.
No hacía falta preguntarse para qué.
Ella lo sabía.
Él sabía que ella sabía.

Pero para ese entonces ya todos estaban sentados… excepto él.

Nicole miró hacia la entrada y vio cómo Jhon venía caminando desde la puerta principal. Y ahí vino la ironía del destino:

El único asiento libre estaba justo al lado de Nicole.

Pedro ya estaba sentado, los adultos también, los platos ya pedidos. No había escapatoria.

Jhon se acercó, vio el lugar vacío y por una segunda fracción de segundo dudó… pero se sentó.

Si el aire fuera palpable, se hubiera podido cortar con el cuchillo del pollo.

Los dos miraban el plato, no al otro.

A los cinco minutos, al pobre de Jhon se le cayó el tenedor al piso. El clank metálico resonó como si hubiera explotado un artefacto.
El calor le subió desde el cuello hasta la cara, rojo tomate.

Nicole (suave, casi como un secreto):
Toma.

Ella bajó la mirada y le alcanzó un tenedor extra que estaba en la mesa. Ni siquiera lo miró directo, pero la voz le salió dulce y peligrosa.

Él solo dijo:

Jhon: Gracias.

Siguieron comiendo.

Luego Nicole se levantó para ir al baño.
Al pasar frente a su asiento, Jhon, sin querer queriendo, bajó la mirada… y la vio.
Le observó el pecho apenas un instante, suficiente para llenarse de vergüenza y deseo al mismo tiempo.
Nicole notó el movimiento, pero hizo como si nada. No era la primera vez que él la miraba así.

Cuando volvió, se sentó tranquila, como si no hubiera pasado nada.
Unos minutos después, Jhon se levantó para ir al baño.
Pasó muy cerca. Tan cerca que Nicole pudo oler el perfume. No era el mismo de años atrás. Era más adulto. Más él.

El corazón le tembló.
La culpa también.

Porque mientras tanto, Fabricio le había mandado un mensaje:

Fabricio: ¿Cómo va tu noche, mi amor?

Nicole leyó el mensaje pero no respondió.
No podía.
No ahora.

Cuando todos terminaron de comer, se levantaron para despedirse.
Eran casi las 10 pm y hacía frío.

Nicole subió al auto con sus padres, cerró la puerta y justo cuando estaba por guardar el celular, una notificación:

Jhon:
No te vi bajar al sótano.

Nicole respiró hondo.
Respiró como quien se prepara para un examen de sinceridad.

Escribió:

Nicole: Estaba ocupada.

Jhon:
Siempre estás ocupada conmigo.

Y si algo podía matarla esa noche, era justo esa frase.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.