Strange planet

Crónicas del trono vacío:El regreso de la exploradora.

Kaelen.

Estoy sentado en mi trono, con la espalda hundida en el respaldo de oro y la expresión de alguien que preferiría estar contando granos de arena antes que escuchar otro minuto de este discurso. Frente a mí, Harry, mi asistente y, desgraciadamente, mi mejor amigo de la infancia, no deja de parlotear.

–Su Majestad, con todo el respeto que su corona me exige y que su paciencia me permite -comienza Harry, ajustándose el cuello de la túnica-, ya debería buscar una esposa. Si no presenta una reina pronto, el consejo lo verá como un signo de debilidad. Un reino sin reina es como un banquete sin vino: funcional, supongo, pero profundamente deprimente.

Suspiré tan fuerte que las antorchas del gran salón parpadearon. A veces me pregunto qué demonios estaba pensando cuando lo nombré mi mano derecha. Supongo que la lealtad pesa más que su capacidad para ser un grano en el trasero.

–Harry -le interrumpí, mirándolo de reojo-, hablas de matrimonio como si fueras un experto, y lo único que has desposado en los últimos años es ese montón de pergaminos.

Él abrió la boca para protestar, pero lo detuve con un gesto de la mano. Aunque me irritara, tenía razón en algo: el trono se sentía frío. Lo que él no sabía es que ese lugar no está vacío; está reservado para mi pequeña exploradora.

Llevo ocho años viviendo en una agonía silenciosa. Ocho años vigilando el pulso de la piedra mágica, esperando que el destino finalmente se decida a conectar nuestros mundos. Mi obsesión ha llegado al punto de mandarme fabricar una pulsera con la parte de mi fragmento de esa misma gema que parti a la mitad ; la llevo en la muñeca como un recordatorio constante de su aroma y su luz. Y el anillo... ah, el anillo. Es una reliquia que guardo como el tesoro más sagrado de mi reino. Pasé por batallas sangrientas y exploré minas olvidadas solo para encontrar el diamante perfecto que estuviera a la altura de Erica.

Nunca lo admitiría en voz alta, pero esa chica me tuvo loco desde el primer segundo. La recuerdo perfectamente: su vestido azul estaba rasgado, el cabello castaño oscuro enmarcaba su rostro angelical de una forma casi caótica. En ese entonces, mi orgullo de guerrero me decía que era una tonta impertinente, que debía abandonarla a su suerte para que las bestias de mi planeta se dieran un festín.

Pero entonces ,ella me miró . Erica clavó esos ojos verdes ,tan profundos y llenos de una chispa que nunca había visto en toda la galaxia, y mi mundo se detuvo. En ese instante, supe que no podía dejarla ir. No fue misericordia; fue un rapto del alma. Tuve que llevármela conmigo porque, sin saberlo, ella ya se había llevado mi corazón.

–Pronto, Harry -susurré para mí mismo, rozando la piedra en mi muñeca mientras mi mente volaba hacia una ventana empañada en un mundo lejano-. Mi reina no vendrá de una alianza política. Vendrá de las estrellas, y juro que cuando regrese a mis brazos, el universo entero tendrá que arrodillarse ante ella.

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Me encontraba recostado en mis aposentos, con mis dedos entrelazados detrás de la cabeza mientras mi cabello rojizo caía desordenado sobre mi frente. Una sonrisa ladeada, casi depredadora, dibujó mis labios mientras contemplaba la pulsera en mi muñeca. Era mi único vínculo con ella, el hilo invisible que me mantenía cuerdo en este trono de piedra.

De pronto, una ráfaga de aire helado irrumpió por la ventana, agitando las pesadas cortinas de terciopelo. Fruncí el ceño, sintiendo un cambio drástico en la atmósfera, y entonces ocurrió: la gema comenzó a palpitar con una luz violenta. Mi corazón, usualmente frío y calculador, dio un vuelco salvaje contra mis costillas.

–Es hora -susurré, y la anticipación quemó mi garganta como fuego líquido.

La piedra proyectó una serie de imágenes espectrales en el aire, pero la emoción se transformó instantáneamente en una furia negra. Allí estaba Erica. Mi Erica. Yacía inconsciente en medio de un escenario de pesadilla, rodeada por el cadáver de una ciudad que se caía a pedazos.

Vi a unos tipos moviéndose entre los escombros como insectos carroñeros, vestidos con trajes extraños y esterilizados. ¿Qué clase de armadura ridícula era esa? ¿Creían que eso los protegería de lo que vendría? Mi sangre hirvió cuando vi cómo sus manos rudas tocaban su piel, cómo levantaban su cuerpo inerte sin el menor respeto.Su cabello castaño caía sin vida mientras la metían en una de esas cajas metálicas rodantes, alejándola de mi vista.

Un rugido de puro odio vibró en mi pecho, haciendo que los cristales de mi habitación crujieran

–¿Qué demonios han hecho en ese planeta? -gruñí, apretando el puño hasta que mis nudillos blanquearon-. ¿Quiénes se creen que son para ponerle una mano encima a lo que me pertenece?

El miedo, ese sentimiento humano y patético que creía haber desterrado hace siglos, me atenazó las entrañas. No por mí, sino por ella. Si la piedra transfirió parte de mi esencia a su cuerpo para salvarla, esos animales la verán como un espécimen de laboratorio. La idea deque esos imbéciles intenten diseccionarla o experimentar con ella hizo que mis ojos destellaran con una promesa de aniquilación total.

–Tocarla es firmar su sentencia de muerte -sentencié, con la voz cargada de un veneno letal-. Les haré pagar cada segundo de angustia. Haré que supliquen por un final rápido mientras les arranco la vida lentamente por haberse atrevido a profanar mi tesoro.

Sé que el viaje será largo. Semanas, quizás meses atravesando el vacío estelar para llegar a ese mundo decadente. Pero no importa. Ella es mía, y el universo entero se queda pequeño cuando se trata de reclamar lo que es propiedad del Rey.

Me puse de pie de un salto, atrapando mi capa con un movimiento fluido y autoritario. Salí de mis aposentos con paso firme; ya no había espacio para el aburrimiento. Erica pertenece a mi lado, en mi trono y en mi cama, y voy a incendiar su galaxia entera si es necesario para traerla de vuelta a casa.




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