Strange planet

El precio del orgullo .

No pensé que esto fuera tan cruel... a Amber y a mí nos llevaron a un salón lúgubre donde estaban reunidas muchas mujeres; algunas estaban brutalmente golpeadas y otras temblaban de puro miedo, con la mirada rígidamente fija en el piso, completamente rotas por dentro. Hombres armados custodiaban todo el perímetro, vigilando con ojos fríos si una sola de nosotras hacía una locura como intentar escapar. Nos tenían atrapadas como si fuéramos animales indefensos, provocándome una oleada de impotencia que me asfixiaba el pecho.

Un viejo con un bigote extraño, el cabello completamente blanco y unos enormes ojos amarillos que parecían de serpiente apareció en el salón. Su piel de un tono azul pálido lo hacía ver aún más alienígena y perturbador. Entró mirándonos como si fuéramos simples objetos, mercancía barata para su entretenimiento. De pronto, su mirada se posó en mí, barriéndome de arriba abajo con una curiosidad malsana; mi apariencia como humana pura aquí no es común, y se volvía más extraña y perturbadora porque llevaba puesta una bata de laboratorio completamente manchada de sangre.

Sentir sus ojos recorriéndome me revolvió el estómago de puro asco.Cuando por fin desvió la mirada, empezó a caminar lentamente frente a nosotras. Con una frialdad asquerosa, comenzó a opinar en voz alta sobre nuestro cuerpo, nuestro peso y nuestra estatura. La rabia hizo que un temblor violento recorriera cada fibra de mi ser.

Me sentía profundamente humillada y asqueada ante las miradas de todos esos monstruos, mientras debatían precios a viva voz, regateando con total naturalidad como si fuéramos maldito ganado en una subasta. La impotencia de no poder romperles el cuello en ese mismo instante me quemaba por dentro.

El hombre se paró abruptamente justo frente a mí, mirándome con un desdén absoluto. La rabia latía con fuerza en mi piel, quemándome las venas. Tenía miedo, sí, un miedo primitivo que amenazaba con paralizarme. Pero yo ya he visto a mis propios padres morir en un charco de sangre, he sobrevivido al horror de estar encerrada en un laboratorio como un maldito espécimen de experimentos, y tuve que matar con mis propias manos para poder escapar. Tengo las manos manchadas de sangre, así que pararme firme frente a un infeliz que se cree superior solo por sus dinero y sus armas no será un problema para mí. No me iba a doblegar.

—Debería tener vergüenza de siquiera estar comprando personas... No somos objetos —las palabras escaparon de mis labios con todo el veneno y el odio que acumulaba, pero tan rápido como aparecieron, recibí una fuerte bofetada.El impacto de su mano pálida fue tan brutal que me hizo girar la cabeza por completo. Mi rostro comenzó a arder en segundos, al igual que mi orgullo. Un silencio sepulcral, tenso y asfixiante se extendió por todo el lugar.

Las demás mujeres contuvieron el aliento. El hombre, con una tranquilidad que me hizo desear verlo muerto, sacó un pañuelo de su pantalón y comenzó a limpiarse con meticulosidad la mano con la que me había abofeteado, como si mi piel lo hubiera contaminado con una plaga. Hasta que la voz del propio viejo se escuchó en la quietud.

—Quiero a esta. No me importa cuánto cueste, lo pagaré.

Lo dijo sin remordimiento alguno, con una indiferencia tan escalofriante como si estuviera haciendo el trámite sencillo de comprar un sofá de segunda mano. Sigo casi en shock, apretando los dientes mientras toco mi mejilla ardiente, intentando procesar la humillación antes de que el hombre se incline lentamente, invadiendo mi espacio personal con un nauseabundo olor a azufre, y murmure directo en mi oído con un siseo gélido:

—Pareces ser bastante interesante. No se ve a diario una apariencia como la tuya... ni una boquita tan osada en una simple mujer. Disfrutaré romper tu orgullo.




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