El último día del evento llegó tan rápido que ni tuve tiempo de asimilar todo lo que había pasado.
La fiesta de cierre era obligatoria —palabras textuales de la organizadora— y, aunque lo único que quería era esconderme debajo de mi cama, fingí estar bien.
Necesitaba distraerme.
Y ¿quién mejor que Silvana, que había quedado conmigo para ir al centro comercial?
—No puedes ir con esa cara —me dijo apenas me vio—. Pareces un sticker deprimido.
—Gracias —bufé.
—Vamos, te voy a sacar brillo, amiga. Hoy serás una diosa.
No sabía si reírme o llorar, pero la seguí.
Entramos a tienda tras tienda, probando vestidos ridículos, tacones imposibles y haciendo poses dramáticas frente a los espejos. En un momento, Silvana salió del probador con un vestido verde fluorescente que dañaba la vista.
—Camila… ¿crees que Carter me dejaría si aparezco así?
—Creo que te denunciaría —contesté.
Nos reímos tanto que por unos minutos se me olvidó la escena del beso.
La herida seguía ahí, sí. Pero dolía un poquito menos.
Al final compré un vestido dorado, simple, bonito, nada exagerado. Algo que me hacía sentir… yo. Después fuimos a comer algo y le conté que había visto a Noah besándose con Aurora.
—Es un idiota.
—Pues sí lo es —dije enojada.
A petición mía, seguimos hablando de otros temas. Silvana habló de su relación con Carter, tan bonito, que no pude evitar sentir envidia… y eso me hizo sentir como la peor amiga. Ella y yo fuimos a su departamento para cambiarnos antes de ir a la fiesta. Para ser sincera, no quería ir a mi departamento y cruzarme con Noah y su prometida, por si acaso.
Carter, como buen novio, nos recogió y nos llevó al hotel donde sería la fiesta de cierre.
Al llegar, el hotel lucía elegante; un hombre nos abrió la puerta y, gracias a la invitación, buscamos el piso donde sería la fiesta.
Al entrar, las luces, la música, las risas… todo parecía una celebración, menos dentro de mí.
Lo vi apenas crucé la puerta.
Noah.
Con su traje oscuro, el cabello un poco despeinado como siempre, mirándome como si hubiera estado esperándome.
Desvié la mirada de inmediato.
Pero la organizadora, que tiene radar para dramas, nos señaló con una sonrisa diabólica.
—¡Ustedes dos! —dijo—. A la pista. Son parte importante del evento.
Y así, sin opción, terminamos frente a frente.
Coloqué mis manos en sus hombros y él puso las suyas en mi cintura. Estábamos demasiado cerca; era una cercanía familiar cuando estábamos solos, y eso me daba felicidad… pero ahora dolía demasiado.
No hablamos.
Pero nuestras miradas… sí. Ese era un idioma diferente.
Uno que dolía y me daban ganas de llorar, pero hice lo posible por disimular.
Era un baile de despedida, aunque no lo dijéramos.
—Viniste con Carter —dijo.
—¿Qué?
—Llegaron juntos —replicó molesto.
—¿Dónde está tu novia? ¿No viniste con ella?
—Yo te pregunté primero.
Suspiré molesta.
—No sé qué tienes contra Carter. Es solo mi amigo, además es el novio de mi amiga Silvana.
En ese momento terminó la música y me solté rápido.
—Disculpa. Necesito aire.
Salí del salón, pensando que ahí acabaría todo.
Pero no.
Toqué el botón del ascensor y, antes de entrar, escuché pasos detrás de mí.
Noah.
—Camila, espera.
—Noah, no tengo nada que hablar contigo —aceleré mis pasos.
—Sí tienes.
Entré al ascensor molesta y él me siguió.
—¿Por qué estás así? —preguntó.
Me giré, dolida.
—Porque te vi, Noah. Te vi besando a Aurora.
Él frunció el ceño.
—Yo no la besé.
¿Cómo puede mentirme tan descaradamente?
—La vi con mis propios ojos.
—Ella me besó —dijo firme—. No yo. Y si no reaccioné fue porque me tomó por sorpresa. ¡No quería armar un show ahí mismo!
Lo miré, desconfiada y herida.
—Camila —continuó—, ¿por qué te afecta tanto?
—No me afecta.
—Claro que sí.
—No.
Me sostuvo la mirada, frustrado.
—No deberías ponerte celosa si se supone que no sientes nada por mí. Que no debíamos meter sentimientos de por medio.
Mi corazón se detuvo.
—¿Y entonces por qué estás aquí? —dije, molesta.
—Porque yo sí siento cosas por ti —respondió sin dudar.
Sentí el aire escapárseme del pecho.
Me quedé en silencio. Él dio un paso hacia mí.
—Camila… a ti también te gusto, ¿no es así?
Cerré los ojos.
—Sí —confesé, quebrándome un poco—. Pero eso no importa. Estás comprometido. Y yo no quiero ser un problema en tu vida.
—No estoy comprometido —dijo con rabia contenida—. Ese “compromiso” fue algo que mis papás inventaron. No quiero estar con Aurora. Quiero estar contigo.
Antes de que pudiera decir algo más, Noah acortó la distancia. Sus manos tomaron mi rostro con una suavidad que nunca le había visto. El mundo se redujo a él y a mí, y el aire parecía cargado de electricidad.
—Noah… —susurré, pero no me dejó terminar.
Sus labios se encontraron con los míos. Un beso largo. Profundo. Lleno de todo lo que habíamos reprimido. Cada roce, cada movimiento, decía lo que nuestras palabras nunca pudieron.
Sentí cómo mi corazón se aceleraba, cómo cada músculo de mi cuerpo respondía a él. Era familiar y nuevo al mismo tiempo, como si mi cuerpo recordara lo que mi mente había intentado ignorar. Lo abracé con fuerza, aferrándome a él como si nos sostuviéramos del mundo entero.
Noah se movió conmigo, como si fuéramos uno. Cada contacto despertaba un torrente de emociones que me hacían temblar, pero también me daba calma. Todo lo doloroso, todo lo confuso, parecía desvanecerse en ese instante.
Nos separamos un momento para respirar, y nuestras frentes se tocaron. Pude sentir su respiración agitada mezclándose con la mía, y en sus ojos había algo que iba más allá de las palabras: deseo, cuidado, miedo a perder lo que finalmente habían encontrado.
#7397 en Novela romántica
#3337 en Otros
#737 en Humor
comedia, comedia humor enredos aventuras romance, romancejuvenil
Editado: 21.01.2026