Noah
Nunca pensé que terminaría sentado frente a mis padres con esta mezcla de calma y cansancio acumulado en el pecho. Pero aquí estoy, mirando al señor y la señora “mi hijo debe obedecer”, respirando hondo para no levantar la voz.
Si bien terminé mi compromiso y le dejé en claro a Aurora que no habrá nada entre nosotros, no se acabará ahí. Con mis padres, nada se acaba nunca. Solo se recicla.
Tengo que cortar el problema desde la raíz y, en este caso, esa raíz son mis padres. Ellos pueden buscar otra mujer cuya familia les convenga.
Preferiblemente alguien que venga con apellido, fortuna y cero opiniones propias.
—Agradezco que se preocupen por mi futuro —empiezo, mirándolos a ambos desde el sofá de su oficina—. De verdad. Lo valoro. Pero no quiero que se metan en mi vida privada.
Mi vida, no su proyecto empresarial.
Mi madre entrecierra los ojos, como si estuviera escuchando un idioma desconocido. Mi padre se recuesta en la silla con un suspiro dramático. Ese suspiro. El mismo que usa cuando un negocio no da la rentabilidad esperada… o cuando yo hago algo por mí mismo.
—Entonces no tendremos por qué seguir manteniéndote —responde mi papá, con ese tono frío que usa para cerrar contratos—. Si no aceptas el compromiso, quedas fuera de la herencia.
Mi mamá asiente, como si estuviera confirmando el clima del día.
Hoy: parcialmente nublado con probabilidad de desheredarte.
Desheredado.
La palabra debería doler más de lo que duele… pero no. No siento ese golpe en el pecho. No siento vacío.
Quizás porque uno no puede perder algo que nunca sintió como suyo.
—Está bien —contesto.
Y lo está. Porque nunca tuve un hogar con ellos, solo una casa enorme donde nadie sabía en qué habitación estaba el otro. Además, gano lo suficiente siendo streamer como para no necesitar nada de ellos. Quién diría que jugar videojuegos terminaría siendo mi plan de jubilación.
—Saluden a Felix de mi parte.
—Solo debes llamarlo —sugiere mi mamá.
—Me bloqueó.
Silencio. Ese incómodo momento en el que se dan cuenta de que no todo se arregla con dinero.
Me levanto, cierro la puerta detrás de mí y, con eso, cierro su mundo también. Sin música dramática. Solo una puerta cara y bastante pesada.
Mi vida sigue. De una forma más ligera, incluso.
Saludo a quienes me cruzo en el camino hasta llegar a la salida y, cuando el portero abre la puerta, me encuentro cara a cara con Felix.
Genial.
El universo tiene un sentido del humor cuestionable.
Verlo es como ver una versión joven de mi padre: heredó el cabello rubio y las habilidades para los negocios.
Por suerte, no heredó la cara de pocos amigos… todavía. Paso por su lado. Si me bloqueó por todos los medios es porque no quiere saber nada de mí, y respetaré su decisión.
Aunque una parte muy pequeña de mí quiera decirle: Oye, ¿cómo has estado?
***
Me siento frente a la pantalla, acomodo el micrófono y abro la transmisión. Mis seguidores ya están saludando; algunos envían monedas, otros me preguntan si hoy sí voy a ganar.
“NOAHHH”
“Llegamos temprano”
“Hoy sí ganas o qué?”
—No prometo nada —digo—. Solo entretenimiento de calidad… o algo parecido.
Es extraño, pero aquí, frente a la cámara, es donde siento más estabilidad.
Más… yo.
Y de ves en cuando extraño a Camila.
A la forma en que sonreía cuando hablaba de sus planes. A cómo respiraba hondo para no llorar cuando intentaba ser fuerte. Y también a su manera de comparar la vida con el espacio. Según ella, yo sería algo así como un satélite raro, pero funcional.
Ella me escribe a veces.
“Llegué bien, mira este café, se ve lindo ¿no?”
“Así es la Navidad aquí en mi pueblo… ah, y él es mi hermanito.”
“Mi prima Isabelle vivirá en mi depa hasta que regrese. No quiero perder el contrato de alquiler y… bueno, tuvo problemas con su novio.”
Empiezo la partida. Todo fluye normal hasta que el celular vibra una vez.
Ignoro.
Vuelve a vibrar.
Miro de reojo.
Camila.
Intento concentrarme, pero el chat no perdona nada.
“Ojo ahí 👀”
“Eso fue notificación, ¿no?”
“¿Stream con distracción sentimental?”
—No empiecen —murmuro—. Es solo… una amiga.
Por ahora.
El celular vibra otra vez. Esta vez, una videollamada entrante.
—Genial —susurro—. Perfecto timing.
—¿La vas a contestar? —pregunta alguien por donación—. “5 monedas para que conteste.”
Miro la cámara.
Miro la llamada.
Suspiro.
—Está bien, pero se comportan. Esto no es un zoológico.
Contesto.
La imagen de Camila aparece en mi celular. Para el stream, sigo siendo solo yo frente a la cámara, intentando no sonreír como idiota.
—Hola —dice—. ¿Estoy interrumpiendo algo?
El chat explota.
“¿CON QUIÉN HABLA?”
“ESO FUE VOZ FEMENINA”
“¿ESA ES LA ROOMIE???”
—No, tranquila —digo enseguida, bajando un poco la voz—. Solo estoy en vivo, nada grave.
Camila parpadea.
—¿En vivo… ahora?
—Sí —sonrío—, pero no te preocupes. No tienes que hablar si no quieres.
El chat se vuelve loco.
“NOAH PROTECTOR”
“Así no se habla a una roomie”
“Ya perdió”
Camila se relaja un poco.
—Pensé que estabas grabando algo.
—Ojalá —bromeo suave—. Así podría borrar mis errores después.
Ella se ríe.
—Entonces mejor no digo tonterías.
—Di lo que quieras —respondo—. Si dicen algo raro, es culpa mía, no tuya.
El chat grita.
“SE ENTREGÓ”
“RESPONSABILIDAD AFECTIVA”
Camila ladea la cabeza.
—¿Siempre te pones serio cuando juegas?
—Solo cuando me importa no incomodarte.
#3556 en Novela romántica
#1200 en Otros
#392 en Humor
comedia, comedia humor enredos aventuras romance, romancejuvenil
Editado: 03.02.2026