Su nombre es Lisa West

Capítulo 2

Miro a mi alrededor y no paro de pensar en todo lo que pude haber perdido. Creí conocer quién era, pero nunca se llega a conocer a una persona totalmente. Me di cuenta que lo que dicen puede ser tan distinto a lo que piensan y lo que creen, que cuando realmente dicen lo que piensa te das cuenta de que estabas en medio de una bola de mentiras. Mientras permanezco en este lugar solo doy gracias porque no morí allí.

Pido un receso para tomar agua: me duele la garganta de tanto hablar. Puedo ver por lo que tuvo que pasar mi familia y pensar que por un segundo no estuve aquí con ellos, y que casi pierdo la vida en sus manos.

Me pongo de pie y salgo de aquella habitación y me dirijo al jardín y contemplo la casa, la casa en la que inició toda esta aventura en la que casi me cuesta la vida. Todos en el vecindario creíamos saber quién era, yo creí saber quién era.

Ella se acerca a mí.

— ¿Podemos continuar? —Me mira fijamente.

—Sí claro, vamos a dentro.

Tomamos asiento en el mismo lugar que estábamos antes. Ella se coloca frente a mí.

—Por favor —me indica.

—Tres, dos, al aire.

Llegamos a la casa, tomé las bolsas mientras que él cerraba la camioneta. Las dejé sobre la isla de la cocina y saqué mi pedido.

—Bien, a comer —dice entrando a la cocina.

—Ya yo inicié —digo devorando mi hamburguesa.

—Suelta una carcajada—. No se nota —dice sacando su hamburguesa del empaque.

Él y yo terminamos de comer.

—Ahora, a ordenar todo —digo viendo las cajas que llenaban mi sala.

—Bien, manos a la obra —dice subiéndose las mangas de su suéter.

Los dos empezamos a revisar caja por caja para sacar los adornos que iban en la sala y en cada una de las secciones de la casa.

—Encontré unas mantas —dice él con estas en las manos.

—Ponlas en el closet de la ropa blanca —indico.

Saco unas tazas y vasos que iban en la cocina.

—Ahh, esta es la caja de la cocina—la tomo y me dirijo a la misma.

Coloco la caja sobre la isla, abro los gabinetes y empiezo a entrar los vasos.

— ¿Quieres que te ayude con eso? —Pregunta mientras me mira hacerlo.

—No, está bien, casi termino aquí. Revisa las demás cajas.

—Está bien—. Se va a la sala.

Él mira que una caja dice ¨Mis pertenencias¨ la abre y dentro de esta encuentra trofeos, medallas de la escuela y la universidad. Una foto mía con él en un portarretrato. Él la toma y se acerca a mí.

— ¿Te acuerdas de ese día? —Me acerco ella.

—Me giro, miro la fotografía y sonrió — ¿Cómo olvidarlo? —Tomo la foto y la acaricio—. Esa fue la primera vez que mis padres me dejaron salir contigo y mis amigos.

—Sí, recuerdo que eran muy sobre protectores contigo y tu hermana —se apoya de la isla.

—Ese fue un día fantástico. Recuerdo que Margaret bebió tanto que se quedó mirando al cielo y se calló hacia atrás —suelto una carcajada.

Él se ríe de mi risa.

—Fue muy divertido ese día —añado mientras seco mis lágrimas que brotaron de mis ojos de tanto reír.

—Nunca olvidaré ese día —asegura él.

Ya por la noche estábamos agotados, pero terminamos de ordenar todo y ponerlo en su lugar: la verdad creí que no terminaríamos a tiempo. Habíamos comido lo que quedó de lo que compramos en la tarde y con eso cenamos, haríamos la compra en el súper al día siguiente, en eso quedamos. Él estaba tomando una ducha mientras yo estaba en mi habitación viendo la televisión a lo que él terminaba de ducharse, pues también tomaría una ducha.

Me rio a carcajadas con las caricaturas de la televisión: escucho que me llega un mensaje. Tomo mi teléfono que estaba junto a la cama sobre la mesa.

Miro la pantalla y veo que era de Margaret.

—Hola amiga, ¿cómo te va? —Pregunta ella

—Fantástica, ya estoy instalada, ya tenemos la casa ordenada, ya puedo recibir visitas —respondo.

—Qué bueno, pronto iré a visitarte así que guárdame algo de comer.

—Ven, aquí te espero con un baúl lleno de frutas.

Lucas sale de la ducha. Toca la puerta de mi habitación.

— ¡Sí!, pasa —digo.

—Solo quería decirte que ya estaba libre la ducha.

Trago saliva al verlo luciendo únicamente la toalla que llevaba enrollada a la cintura. Trato de escuchar lo que dice mientras veo su cabello castaño empapado de agua.

—Pues, solo eso. Estaré al lado si me necesitas—. Se va.

—Margo, te hablo mañana, tomaré una ducha y me iré a dormir.

—Está bien.

Pongo mi teléfono sobre la cama, tomo mi toalla, y entro al baño. Me saco el suéter que llevaba puesto, me saco los pantalones y el resto de la ropa, dejando mi cuerpo descubierto para entrar a la ducha. Abro la llave, el agua tibia cae en mi piel blanca humedeciéndola. Me echo agua en la cabeza, quería limpiar mi cabello. Aplico los productos correspondientes a mi cabello como a mi cuerpo para cuando salgo de la regadera me lavo mis dientes. Saliendo del baño con un aroma a rosas y mi piel suave como la de un bebe. Entro a mi habitación donde aún permanecía encendida la televisión. Me pongo mi pijama, me acuesto en cama entrando mi cuerpo bajo de las mantas que me acobijan.




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