Su nombre es Lisa West

Capítulo 26

Me despierto con el sonar de mi teléfono, lo tomo de encima de la mesa de al lado. Lo enciendo y veo que era un mensaje de él.

—Buenos días hermosa, ten un feliz día y que te vaya bien en el trabajo —lee ella.

Esta no puede evitar sonreír. Ella digita un texto.

—Buenos días guapo. Gracias, lo mismo deseo para ti. 

Lisa se queda acostada en su cama mirando el perfil de él una y otra vez. Solo suspiraba cuando veía una foto que le gustaba.

Lucas toca la puerta y ella lo deja pasar. Cuando él entra ella se estaba parando de la cama.

—Perdón, tardabas mucho en salir y quería saber qué ibas a desayunar —la mira él.

—Mmm… No, yo comeré en el trabajo, haz algo para ti—. Sale de la habitación.

Él se da vuelta y la mira entrar al baño.

Lisa estaba actuando muy extraño, ya tenía mucho tiempo que no hablaba con él, ya apenas si hablaban, todo el tiempo se la pasaba en el teléfono. Ya no es igual con él ni nada. Él entendía de que estaba bien que sea así, pero ya ni le cuenta cómo. En estado de desesperación por saber quién es que le está robando a Lisa se dirige a tomar el teléfono que lo había dejado sobre la cama. Él se asoma a la puerta a ver si está aún estaba en el baño, y sí, efectivamente estaba allí. Él toma el teléfono y cuando lo enciende escucha que alguien abre la puerta, con los nervios de punta lo pone en su lugar otra vez y sale de allí con el corazón en la boca.

Un sudor frio corre por su frente cuando Lisa le pasa por el lado.

—Se me olvidó el gorrito —dice ella entrando a la habitación.

Lucas se dirige a la cocina a prepararse el desayuno para luego llevar a Lisa al trabajo.

Ella toma la ducha y termina de cambiarse. Entra a la cocina poniéndose un reloj:

—Lucas, ¿Estás listo?

—Pues sí, solo te estaba esperando a ti —dice él llevando el plato al fregadero.

—Bueno, vámonos—. Sale de la casa.

Lisa espera a Lucas afuera, él sale y se suben en la camioneta. Lleva a Lisa al trabajo.

—Me llamas cuando te tenga que venir a buscar.

—No, hoy no, alguien me viene a buscar —dice ella.

— ¿Esa persona será la misma con la que te has estado pasando estos días hablando?

—Ella sonríe—. Sí.

—Lisa, ¿Por qué no me dices de quien se trata todo esto? Eres importante para mí, y solo quiero cuidarte.

—Lucas, sé que cuando sepas de quien se trata te vas a enojar y eso es exactamente lo que no quiero que pase.

—Él mira hacia el frente—. Creo saber de quién estamos hablando —la mira.

—Lucas, tengo que entrar, hablamos de esto después cuando llegue a casa.

—Prométeme que solo te llevará a casa, que no irán a dar una vuelta cuando salgas de aquí.

—Ella mira por su ventana—. Está bien —dice.

—Bien, ten un buen día —dice él encendiendo la camioneta.

—Cuídate —dice apeándose.

—Cuídate tú.

Lisa cierra la puerta y espera a que él se vaya para. Lucas la mira allí parada y luego simplemente se va. Ella entró al trabajo.

—Lisa, ¿Qué diablos estás haciendo? ¿Quién fue ese que vino ayer? —Pregunta Madison (Maddie) la compañera de trabajo de Lisa.

—Solo es alguien que estoy conociendo y vino a verme —dice mientras camina al mostrador.

—Sabes cómo en el gerente con eso, no puedes estar abrazando delante de clientes —la persigue.

—Maddie, lo sé, ¿Sí? Yo comprendo —dice en tono grosero.

—Lisa, no lo digo para molestarte y perdona si lo hice, pero no quiero que tengas problemas aquí.

—No los tendré, ya verás —asegura ella.

—Baja la cabeza—. Está bien.

 

Lucas iba por la carretera y no podía si quiera pensar que era con ese tipo que Lisa estaba hablando, era ridículo después de tantas advertencias, pero qué él podía hacer en este caso. La angustia lo desesperaba, no podía estar tranquilo sabiendo que ellos estaban hablando. Esto hacia que él se aterrara de lo que ese tipo podría ser capaz de hacer, además de que él estaba esperando el momento justo para decirle a Lisa que ya se iba, no podía esperar más porque ya Hanna tiene dos meses de embarazo y son dos meses perdido que no está al lado de su bebe y estaba ansioso por ver a Hanna y ver como su bebe crecía, ir a la primera fonografía, verlo por primera vez, sentirlo y cantarle. Estos días había estado investigando de padres primerizos y se sentía que ya estaba casi oficialmente graduado en padreología en el hermoso mundo de YouTube, gracias a todos esos videos de veinte y cincuenta minutos que veía a diario de cómo ser un buen padre y sobre la crianza. Él quería ser de esos que cuenta cuentos en las noches y besa la rodilla de su pequeño cuando este se lastime, pero primero tenía que dejar a Lisa segura de cualquier lunático que quiera venir y lavarle el cerebro.




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