Sueño De Amor – one shot

ÚNICA PARTE

Tamara, una chica amante de los libros, siempre deseó y deseaba tener un amor tan puro así como en sus libros, quería vivir su cuento de hadas como las chicas de esos maravillosos libros.

Siempre solía ir a la pradera o a su jardín secreto a leer un rato alguno de los miles de libros de su gran colección. Al llegar a su lugar seguro, colocaba una manta en el suelo y se acostaba, o bien, si llevaba una silla, se sentaba cómodamente a leer.

Ese día no fue diferente. Como cada tarde, se dirigió a sus sitios favoritos, permaneciendo allí hasta el anochecer. Se sentó en su silla, subió los pies sobre ella, colocó su libro en las rodillas y comenzó a leer.

El cuento hablaba de una elfa enamorada de un humano. Ambos se amaban profundamente, pero sabían que no podían estar juntos. Tamara suspiró con nostalgia; le dolía saber que, aunque distintos, esos dos personajes permanecían unidos a pesar de todo, prometiéndose estar juntos contra cualquier adversidad.

De pronto, una fuerte brisa sopló. Tamara miró a su alrededor; todo se movía con rapidez. Empezó a recoger sus cosas para irse, pero es detenida por una mano que la toma de su brazo, ella se asustaría y miraría a la persona que la habría agarrado.

Ella se sorprende, ya que este chico lo había visto, pero...solo en sus sueños y en su imaginación, ya que ella lo imagino, imaginaba, que ese chico era su novio, aunque solo era en su imaginación, no creía que de verdad existiera, pero ahí lo tenía, delante de ella, y le sonreía con una gran emoción, ella solo sintió como sus mejillas se coloríaban de ese tinte rojo.

El chico la abrazaría y ella aún en shock no le correspondió, realmente estaba algo sorprendida y asustada, pero solo sonreiria y le correspondería al abrazo.

—Mi querida, Tamara — le diría el chico mientras se aleja del abrazo y colocaba su mano en la mejilla de está, ella apenada lo miraría a los ojos, esos hermosos ojos azules, tan azules como el cielo o el mar, eran como dos diamantes, tan brillantes y esplendorosos.

— ¿Cómo? — diría ella algo tímida, ya que quería saber el por qué sabe su nombre y como es que está aquí delante de ella, si el solo es un sueño, un hermoso sueño y alucinación.

— Todo es por el gran amor que nos tenemos el uno por el otro, mi querida, Tamara — claro que le sorprendió, pero solo sonreiria y se le lanzaría a sus brazos, este de verdad había sido su gran anhelo, poder cumplir su cuento de hadas con el amor de su vida.

— ¿¡Prometes siempre estar conmigo, mi príncipe!? — el solo le sonreiria y la besaría, ese beso tan apasionado, tan romántico y tan anhelado por ambos, les hacía muy feliz, el empezaría a dar vueltas con ella en sus brazos y ella haría su cabeza para a tras mientras sonreía felizmente.

Estuvieron toda la tarde juntos abrazados, acostados en el césped, mirando las nubes y en la noche mirando las estrellas. Tamara pensaba, que si esto de verdad era un sueño, no quería despertar de este.

Ambos se mirarían fijamente, sonreirían el uno para el otro y procederían a tomarse de las manos, mientras caminaban tranquilamente disfrutando la compañía del otro.

Tamara despertaría, haría sus rutinas del día y esperaría a la tarde, al acabar sus deberes, con una sonrisa iría directo a la pradera con una canasta de picnic, al llegar a comodaria la manta en el césped y sacaría la comida y procedería a sacar su libro, mientras esperaba a su ser amado, su príncipe.

Ella sentiría una gran brisa y se levantaría emocionada, ya que su amado había llegado, ella lo ve y lo abraza y este le correspondería alegremente.

Se sentarían y empezarían hablar mientras disfrutan de la comida, el solo la miraba con una sonrisa y ella le hablaba muy emocionada de su día y de su vida.

Para Tamara todo esté tiempo que estuvo con su ser amado había sido de lo mejor, no quería que acabará su felicidad y no le gustaba cuando se despedían y ella se tenía que regresar a su hogar, últimamente su madre le había estado preguntando si se encontraba bien, cosa que ella no entendía, si ella estaba de maravilla, solo le diría a su madre que no se preocupara que ella estaba bien y además ya estaba muy grande como para no poder resolver por ella sola sus problemas.

Y ella seguiría normal, yendo al prado o a su jardín secreto y su príncipe siempre venía con la brisa. pasaban juntos bailando, cantando, leyendo juntos, escuchando sus penas y temores, ellos eran felices.

La madre de Tamara no estaba muy feliz de que digamos ya que notaba el comportamiento extraño de su hija, ella hablaba de un chico increíble, amoroso super atento, pero cuando ella le dijo el nombre del chico, se sorprendió, ya que era el mismo chico que su hija se había imaginado y con el cual solo era un sueño una ilusión.

Ella seguiría a su hija al bosque y miraría como su hija hablaba sola, abraza a la nada, bailaba ella sola y entendió todo, su hija, ya no sabía diferenciar la realidad de la fantasía, se iría del lugar triste.

Tamara se había estado sintiendo muy mal durante todo este tiempo, se sentía cansada, con muchos dolores de cabeza, mareos, no entendía que le pasaba, pero su madre si, si sabía, últimamente su madre había estado añadiéndole pastillas a su comida y bebida, para que dejara de alucionar con ese hombre, el cual no existía, sabía que al principio su hija empezaría a sentirse así, pero al tiempo se sentiría mejor.

Tamara a pesar de que se sentía así iría al bosque ya que su príncipe de seguro la debería de estar esperando correría a la pradera y al llegar se sentó en el césped y lo espero, pero nada, estuvo ahí esperándolo, pero su príncipe no apareció y muy decaída se fue a su casa, su madre la vio y la ayudo a ir a la habitación.

—Hija — su madre la ayudaría a costarse en la cama y ella la miraría

—¿Si, madre? — su madre sería la mira y sin rodeos le dice

—Mañana iremos al hospital — Tamara solo asintió, pero no sabía para que irían, tal vez si estaba algo enferma, pero tampoco era para exagerar e ir al hospital.




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