Hola mis amores!!!
Este es el tercer y último prólogo.
De aquí en adelante los capítulos no van a hacer frecuentes hasta que el libro salga a la venta, que trataré que no pase de junio, pero si iré actualizando poco a poco.
Recuerden que por el momento el único libro en preventa es Lincoln|| Una batalla contra el corazón.
El 26 de mayo es el lanzamiento.
No siendo más.
Espero sus reacciones.
Nos leemos pronto.
Les ama.
Jen<3<3<3
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INDICADA
ETHAN
¿Qué si sentía algo por Antonieta? ¿Qué si experimentaba alguna sensación cada que la tenía cerca y simplemente le obsequiaba una sonrisa serena? ¿Qué si la iba a echar en falta ahora que se habia ido con Stewart a encontrarse con su hermana?
O el cuestionamiento más inquietante que lanzaba su cabeza, mientras se adentraba a la propiedad que ahora era suya, pese a que no la sentía como tal.
¿Amaba a Antonieta?
Lo único que comprendía como respuesta a todo lo que invadía su cabeza en esos momentos, es que le importaba lo suficiente para extrañarla.
El tiempo que llevaba frecuentándola sin tener un motivo real, solo porque le daba curiosidad el saber con qué personas se relacionaba Evolet, y porque la apreciaba tanto fue el necesario para prendarse al completo de su vivacidad, de todo lo que componía ese aspecto moribundo que brillaba de una manera casi celestial.
Y ahora sabía perfectamente porque su hermana la estimaba en sobremanera.
Al igual que no tenía muy claro lo que provocaba en él, y hasta qué punto eso era bueno o malo.
Lo único seguro es que no se arrepentía de conocerle, y dejarse llevar por sus emociones hacia ella.
La rubia tenía la capacidad, sin saberlo, de aniquilar cualquier sentimiento destructivo de sus entendederas con una sola de sus puras miradas.
Esos ojos azules que le invitaban a ahogarse en ellos, prometiendo que sería placentero.
No comprendía en qué momento habia dejado que se metiese en sus pensamientos, y lo que pasó de ser distracción para lo que estaba lidiando, ahora se habia convertido en algo más trascendental.
Sintiéndose por primera vez, en mucho tiempo, inadecuado, y mortalmente solo.
Añorando algo que tuvo en su vida de manera indirecta, pero que no le llamaba la atención.
Es que sabía que la estaba ensuciando al solo pensar en ella, pero no podia parar.
La luz que irradiaba no era acorde al aspecto que portaba.
No merecía vivir en la zozobra de una muerte prematura, y se le cerraba la garganta de solo imaginar que podia privar al mundo de su alma por más de que no estuviesen preparados para admirarla.
La sola idea de no volverla a ver lo llenaba de una sensación destructiva que le hacía perder la cabeza.
Y ese no era el, nunca habia sido el, pero no podia simplemente parar de sentir.
Si los que le tenían respeto o miedo lo vieran, le dejarían de admirar por convertirse en un blando que lo gobernaban las sensaciones.
Resopló dejando el sombrero de copa, y el bastón junto con sus ideas absurdas al mayordomo que ni bien llegó lo recibió con gesto incomodo, indicando que algo habia ocurrido mientras fue a despedir a Antonieta.
Y no tenía que ser adivino de quien se trataba, porque quien tenía que estar atendiéndolo no era precisamente el.
—¿En su habitación? —viró los ojos al cielo cansado de sus absurdeces.
Nunca estaría preparado para lidiar con ella, y sus ataques de supremacía que lo estaban empezando a hartar.
No habia corrido el mismo destino de su padre porque Evolet no se lo perdonaría, y su hermana lo estaba poniendo contra la pared, consiguiendo que cambiase su manera de actuar.
Pero, si seguía por ese camino simplemente dejaría que la sangre corriera, asi le perdiera de la misma manera que habia llegado a su vida, cuando pensaba vengarse con ella por todo el daño causado a su madre.
Subió los escalones con una terrible pereza.
Tratar con la que aparentemente era su sobrina, lo fastidiaba de solo pensar lo que esta vez se le habia ocurrido para atraparlo sin éxito.
Antes de llegar a la puerta de la habitación que ocupaba se topó con Jacinta intentando hacer lo mismo que él, no teniendo éxito, pues, salió de sus aposentos empapada y con una mejilla colorada.
Trató de decirle algo, pero al notar que su mirada se oscureció cerró la boca bajando la cabeza.
—Ve a cambiarte y curarte, que esto no volverá a ocurrir —asintió en respuesta y limpiándose las manos temblorosas en el delantal no precisamente por miedo, porque el rostro lo llevaba rojo no solo por el golpe sino de la ira, procedió a retirarse, pero no llegó muy lejos, porque una nueva idea le llegó a la mente —. Por favor, reúne al todo el servicio en la cocina antes de que se vayan a descansar, que tengo algo que decirles —con eso se marchó, dejándolo con la tarea de terminar de aniquilar los bríos de Emily antes de que se saliera por completo de control.
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Editado: 06.08.2025