FELIZ AÑO 2026 MIS AMORES.
PRONTO TENDREMOS NOTICIAS DE ESTA HISTORIA.
DISFRUTEN LA LECTURA.
LES AMA.
JEN <3<3<3
---
ALISTAIR
Le sudaban las manos.
Nunca habia experimentado ese tipo de sensaciones.
Ni siquiera cuando creyó tener su primera reacción hacia una mujer, que, no era otra que una de las criadas que su madre tenía sirviendo en las cocinas, y que ahora vagamente si recordaba su rostro era un milagro.
Ni hablar de la supuesta hermana de Evolet, Emily, pues, aunque se dejó embaucar por esta con su cuerpo bonito y rostro precioso, no se hallaba precisamente por la labor de ponerle nervioso, cuando mujeres habia pasado por su lecho sin dejar mayores huellas para su carácter, pese a que casi lo atrapa cuando quiso endilgarle un hijo que no era suyo, salvándose por los pelos.
Pero en aquel momento todo lo que por mucho tiempo sin pretenderlo controló, amenazaba con colapsar ante la espera de la dama que menos creía, y todo por una básica promesa como la de escoltarle hasta la mesa donde tomarían la cena como las noches anteriores. No obstante, algo en su interior sabía que ese acontecimiento no sería ni remotamente rutinario, porque una idea estaba rondando por su cabeza y tenía que hacerla realidad.
La promesa tenía que romperla, porque estaba faltando a el mismo, y su padre recalcó un par de horas atrás que no olvidase las bases que les habia inculcado para que fuesen unos hombres de verdadera valía, y por eso mismo, es que necesitaba que la dama supiera que no estaba dispuesto a olvidar, cuando el simple recuerdo de lo que ocurrió en el barco lo consumía de una manera visceral.
«Necesitaba hacer aquello.
Habia pasado varias noches en vela intentando convencerse de que era una mala idea, pero siendo hijo de Kendrick y Catalina Stewart, no tenía opción de ser racional, cuando estos actuaban en base a los instintos a la hora de tratarse de sentimientos, y eran esos mismos lo que se le estaban saliendo de las manos.
Por eso, dejó de cuestionárselo y seguir al pie de la letra las palabras que le habia dedicado a la señorita Coleman, porque necesitaba averiguar lo que ocurría con la rubia, y cuáles eran los límites de aquellas sensaciones.
Advirtiendo como su doncella y única compañía no estaba de acuerdo con ese acercamiento desde que la relación se había tornado confusa, dándole la razón hasta cierto punto, porque no era de los que se regían por lo correcto, si no por lo que su alma dictaba y esta le gritaba que se lanzase al vacío.
Que valía la pena el riesgo, cuando los hubieras siempre eran un absurdo sin sentido.
Tras calmarse después de la discusión con su fiel ayuda Leonor, la tomó de la mano para que no se le escapase, mientras surcaban por los pasillos de la embarcación, topándose con un par de personas en el proceso que no les pusieron cuidado, saliendo a la proa para rodearle y después volverse a internar por uno de los laterales, esquivando a las montañas que habia puesto Walsh a disposición de la rubia, la cual se dejaba llevar con un rubor hermoso en las mejillas que la hacían la mujer más despampanante ante sus ojos, aunque de por si su aspecto ceniciento ya le otorgaba un aire casi celestial.
Por eso desde el primer momento en que la avistó le habia parecido un ser celeste que estaba lejos de todo comportamiento terrenal, hasta que abrió los ojos y su actitud resultó hipnotizante a la par de abrumadora.
Negando para salir de sus divagaciones y no verse como el adolescente que se sentía, y en ocasiones la misma rubia habia pensado que era, carraspeó mientras frenada frente a la puerta del lugar que tenía lo que le quería mostrar.
Lo que habia hecho específicamente para ella, pese a que fue dificil de conseguir, pero solo con haberle confesado uno de sus gustos poco disfrutados fue más que un aliciente para sacarse cualquier truco bajo la manga.
No siendo algo para nada especial según su percepción, ni mucho menos una situación que la pusiese en verdadero peligro.
«—¿Puedes creer que tengo el sueño más absurdo jamás escuchado? —soltó para después ruborizarse, y bajar la mirada como si hubiese recordado lo que ocurrió en ese camarote la noche de su calentura sin tratar.
Mierda.
Seguía sin poder sacársela de la cabeza.
Hasta soñaba con ella, y no sabía cómo lo conseguía, pero los recuerdos de cada día que pasaban no le hacían justicia, porque cada segundo que trascurría era como descubrir algo nuevo de su absorbente belleza.
Carraspeó para enfocarse y no notase lo afectado que lo tenía.
—No puedes decir que tus anhelos son absurdos, porque si los juzgas tú de esa manera, es dificil esperar algo mucho mejor del montón —el rubor en su rostro se acentuó —. Todo lo que quieras es importante —soltó tomándola del mentón para que lo viese a los ojos, tragándose un suspiro por el brillo que estaban soltando —. No soy quién para juzgarte.
Lo vio por un interminable segundo que le supo a poco, pese a lo eterno, que le aceleró el corazón por la mirada que le estaba dedicando al no saber cómo interpretarla.
Tosió para aclararse la voz y alentarle a que continuase, consiguiendo que negase con una sonrisa en los labios, mientras regresaba la vista al panorama, el cual no era otro que el mar extenso que se estaba coloreando con el anaranjado del atardecer que daba paso a la noche.
Consiguiendo que el cabello rubio pareciese de un tono anaranjado casi como el propio, poniéndolo a contener el aliento, como si no fuese suficiente que al estar alrededor de ella mantuviese sin oxígeno.
#533 en Otros
#103 en Novela histórica
#1783 en Novela romántica
suenos prohibidos, enemistad amistad amar en silencio, familia celos matrimonio sentimientos
Editado: 05.01.2026