HOLA MIS AMORES.
RECUERDEN QUE EL MATASANOS & LA MORIBUNDA YA SE ENCUENTRA DISPONIBLE Y COMPLETA A LA VENTA.
RECUERDEN QUE QUIERO QUE HAGAMOS UNA LECTURA CONJUNTA, LOS QUE SE QUIEREN ANOTAR ME DEJAN UN COMENTARIO, Y SI SOMOS POR LO MENOS 10, LA HACEMOS REALIDAD Y CUADRARÉ TODO PARA QUE ANTES DE QUE ACABE AQUÍ LA HAYAMOS LEIDO.
NO ME IGNOREN ASI NO QUIERAN.
ESPERO LES GUSTE EL CAPITULO.
LES AMA.
JEN <3<3<3
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ALISTAIR
Olía a biblioteca antigua, a polvo, estaba estornudando y se hallaba a un libro de convertirse en un tomo de la majestuosa estantería que tenía su padre con todos los libros del mundo.
De cualquier tema a tratar, menos el que necesitaba y se estaba impacientando, porque su cabeza daba vueltas y su humor era de perros.
Tanto, que, ni Lucifer, el endemoniado canino de su hermana podria sobrepasar su temperamento, pese a que le dio un buen mordisco el condenado que lo habia dejado cojeando con una herida contundente en la pierna que necesitaba atención, pero no le interesaba cuando le ayudaba a deshacerse de los pensamientos invasivos que no lo dejaban dormir en paz.
¿En qué momento todo se habia desdibujado?
Él tenía las cosas claras.
Era la primera vez que se veía tan fuera de su elemento, y no se reconocía, porque respetaba los deseos de los demás, pero con ella no podia, y aquello era más fuerte que él, pero la rubia no lo entendía.
O lo hacía, y por eso mismo es que se empeñaba en marcar los limites por el bien de ambos.
Pero ¿Cuáles limites?
¡Joder!
Gritó con frustración mientras tiraba el texto entre sus manos al suelo, y no conforme con eso lo pateó muy lejos de él, aullando de dolor cuando su pierna lastimada fue la que efectuó el acto.
Apretó los dientes maldiciendo sin importar ser escuchado, cojeando hasta llegar a una de las paredes desquitando su rabia con esta dándole un puño que claramente volvió a lastimarle, reventándole los nudillos.
Estaba fuera de control.
En nulidad con respecto a los pasos a seguir si se enfocaba en lo que lo llevó a la biblioteca, y sentía que se le estaba acabando el tiempo.
Apreciaba como retrocedía a pasos agigantados, y eso no solo lo frustraba si no que resquebrajaba una parte importante de su alma.
Una que no sabía si en algún momento le perteneció, pero necesitaba que continuara intacta para su misión.
No obstante, si a eso le sumaba el inicio de la temporada social y con esta la apertura de la cámara de lores, la cosa se ponía aún más compleja, cuando tenía de manera permanente la responsabilidad de estar al pendiente de Antonieta, de Evolet y su próximo alumbramiento y de las responsabilidades que prometió ejercer a su padre, y no daba a vasto como para añadirle una nueva tarea a su ajetreada vida, que, si la ponía en la escala de prioridades estaría en una de las posiciones privilegiadas.
Gimió con frustración hasta quedar sentando con la espalda apoyada en la pared, y las piernas al completo estiradas en el suelo.
Tirando la cabeza hacia atrás cerrando los ojos con una mueca de dolor en los labios, regresando a la maldita nota que habia recibido la rubia.
En lo que habia visto en los ojos de esta cuando apareció como su salvación.
En el rubor que se instaló en sus mejillas cuando la leyó, y el brillo en sus ojos que le llenó la boca de bilis al no ser quien provocara esa reacción.
Era un imbécil de manual con todas sus letras.
Estaba a nada de cometer una imprudencia, de convertirse en el ser más patético que hubo pisado la tierra, y por eso se estaba ocultando entre los malditos tomos rogando que estos trajesen una respuesta a su dilema.
Sentirse asi, especialmente por ella no era correcto por una sola cosa.
Quizás la rubia tuviese razón.
En el barco se la dio. No obstante, eso no cambiaba el hecho de que su corazón fuese un traicionero y que no se pusiera de acuerdo con su cerebro, porque nunca habia visto truncados sus anhelos hasta el punto de obsesionarse con estos.
Era el hijo menor de un duque.
La vida no era del todo color de rosa, pero nada se le negaba.
Todo lo obtenía en la medida de lo posible, pero eso se estaba saliendo de su absoluto control, y quizás también por eso mismo se empeñaba en tenerlo.
Un no por respuesta ante un si siempre podia causar estragos irreparables, y por eso mismo es que se había confinado en la biblioteca para poner en orden sus ideas, y no cometer una locura cuando la rubia lo estaba librando sin quererlo, pese que debía agradecérselo.
Evitando a su madre, que, como era costumbre se hallaba en el lugar correcto no siendo requerida, aunque esta vez solo enarcó una ceja y con un puchero se mordió la lengua.
La puerta se abrió sin siquiera ser puesto en sobre aviso.
—Canté victoria demasiado rápido —rió para no llorar, pero al ser sobrecogido por un silencio ensordecedor abrió los ojos con curiosidad, topándose con un Auguste Gibbs, que se acomodaba a su lado imitando su postura, poniendo el maletín que siempre cargaba en medio de sus cuerpos —. Lady Catalina Stewart es una exagerada —resopló regresando a su postura inicial, estaba vez abriendo y cerrando la mano notando un dolor punzante, aunque estaba seguro de que no se la habia roto.
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Editado: 25.01.2026