SueÑo (im) Posible || El Matasanos & La Moribunda * T.E Ii

XVI

ANTONIETA

—¿Si te has dado por enterada de que por tu culpa mis padres de milagro se dan los buenos días? —ese fue el primer ataque de Aine Stewart, ni bien la vio entrar a sus aposentos con los ojos enrojecidos, lágrimas esparcidas por todo su rostro, y la nariz constipada por el llanto, estando solas porque Evolet la abandonó a mitad de camino cuando fue requerida por la Duquesa.

Tragó grueso ante la acusación.

Claro que lo sabía, pero al intentar tratar el tema con su padrino, este zanjó la conversación con una mirada gélida que simplemente no pudo ignorar.

» Ni siquiera duermen en la misma habitación —se relamió los labios con la culpa creciendo en su pecho como la maleza —. No te costaba nada aclararnos su relación, pero dejaste que el tema se complicara y ahora estoy perdiendo a mi familia por culpa de una moribunda, que hasta tiene al único hombre que me ha interesado, porque sus actitudes son más destacables que las mías —se recostó en la pared más cercana con los brazos entrelazados en la espalda.

Analizando el comportamiento de la muchacha, y recibiendo sin inmutarse con los ataques, porque sentía que se lo debía.

Puso de cabeza su mundo sin proponérselo, y dar un vacío lo siento no se sentía adecuado cuando cada palabra dicha estaba cargada de una verdad que aún no sabía cómo solucionar.

Lo que menos deseaba es que el hombre que consideraba un segundo padre perdiese al amor de su vida, alejándose por un malentendido, que tenia de manera persistente el ambiente tenso entre la duquesa y su persona, y no habían encontrado el espacio para hablar, porque las dos se estaban evitando.

» Eso me recuerda… —espetó como si se le hubiese ocurrido una idea hilarante, mientras se arrodillaba en la cama donde habia estado todo el intercambio para salir de esta a trompicones hasta llegar a una cómoda, y sacar un par de sobres con el sello intacto dando a conocer que apenas serian leídas las cartas —. Hablando de padres, ha llegado correspondencia de ellos hace unos minutos —la sangre fue drenada de su rostro, y un mareo le sobrevino, mientras se mandaba la mano al pecho al sentir los latidos erráticos de su corazón —. Pero, al tenerte en tan alta estima no te preocupes por esforzar tus ojos porque las leeré por ti —trató de moverse para quitárselas al saber perfectamente lo que dirían, pero a sus movimientos ser erráticos, solo pudo atinar a tropezar y agarrarse a una de las columnas de cama con dosel, mientras esta colocaba el sobre saltando en el lecho lejos de su agarre.

—No… no lo hagas. Son mías —a duras penas pudo replicar al sentir como su garganta se estrechaba, y los pulmones clamaban por un poco de oxígeno.

—Eres como mi prima —soltó con malicia —. Y si con Ángeles no tengo secretos, contigo mucho menos —boqueó llena de terror por lo que podria encontrarse, pero era demasiado tarde para ser razonable y quitárselos, ya que al volver a intentar dar un paso se enredó con las sábanas que había en el suelo, y cayó de rodillas de una manera tan dramática que la pequeña lo único que hizo fue rodar los ojos con burla mientras desdoblaba la hoja, y comenzaba a recitar —. Antonieta, querida y profundamente extrañada —escuchó las palabras como un eco malsonante, abriéndose paso por sus tímpanos sobrecogidos por el martilleo incesante de su corazón —. Se que estarás un poco disgustada por no darte el espacio que necesitas, cuando fui el que lo sugerí, pero necesito constantemente avances de tu estado, y si Stewart te ha practicado la sangría para que tu cuerpo se oxigene y tu corazón siga funcionando. Le di una recomendación explicita, y en un rango no mayor a seis meses te estaré visitando y espero que no hayas puesto resistencia porque es por tu bien, teniendo siempre presente, que, cuando el dolor es motivo de vitalidad no tiene por qué seguirte incomodando —jadeó con lágrimas en los ojos, mientras Aine ahora parecía menos entusiasmada con el relato.

Su padre iría.

Le había dicho al pelirrojo sobre su sufrimiento.

Contado con pelos y señales todas y cada una de sus debilidades.

» Sa… sabemos que no te gusta que… que sea revelado la manera en cómo te mantengo con vida, pero es tu doctor y lo debe saber, al igual que tu dieta —no más —. Un bocado de más y empeorarías de una manera catastrófica, y no te queremos perder —para ese momento se hallaba desmadejada en el suelo, boqueando de sonoramente para tomar un segundo aliento que le fue imposible —. En el otro sobre viene las recetas escritas por tu madre, y con la advertencia velada de que no deben ser desobedecidas —a duras penas escuchó como rasgaba el papel del otro sobre, y como un eco de lo lejos advirtió un jadeo junto con un distorsionado —¡Te están matando! —y eso fue lo último que escuchó rindiéndose por la opresión en su pecho, el corazón que no dejaba de latir con fuerza y el entumeciendo de todas sus extremidades cuando la conciencia la abandonó, teniendo claro, que seguramente ese era su fin, y por muy asimilado que lo tuviera se encontraba profundamente aterrorizaba.

La oscuridad pasando a segundo plano cuando como un espectador de su vida, un episodio en concreto se estaba revelando ante ella.

«—¡Papi, no más! —sollozó al ver como la aguja perforaba por milésima vez su piel, y de esta no salía nada, pese a que rogaba para que le diera lo que su padre buscaba —¡Me duele! —no atendió a sus suplicas, pues no conforme con eso, al ver que no podia drenar la sangre, buscó su vena con los dedos y tomando una cuchilla cortó su piel, no sin antes pedirle a dos doncellas que la sujetasen fuerte para que no se moviera.




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