ALISTAIR
Ahora el que necesitaba un respiro era él.
Ese día por mucho había sido el peor de su existencia.
Tolo le parecía surreal.
Era como si lo estuviese viviendo en tercera persona después de reanimar a la Antonieta Coleman.
Ni siquiera supo cómo le dio la noticia con tacto a Evolet, o le informó a su padre de lo ocurrido a puerta cerrada, pareciendo centrado ni bien llegó a la propiedad tras tratar un tema con los arrendatarios de las tierras.
La cosa, es que, a la final, hasta Aine se habia recompuesto lo suficiente para ir a visitar a la rubia después de ser trasladada a sus aposentos, con su temperamento apaciguado y hasta mirándola con otros ojos.
Como si la viese por primera vez.
Al igual que su madre, que no se separó de ella en ningún momento.
Solo hasta que fue obligada por su padre a que la dejase descansar, que para eso estaba su médico, ósea el, para supervisarle e hiciese lo pertinente si notaba algún cambio.
Cosa que le estaba pareciendo un suplicio, y por eso ni bien cenó y se quedó dormida la dejó encargada con la siempre simpática Leonor, que con el ceño fruncido y a la defensiva aceptó de buena gana el velar su sueño, no sin antes, pese a la lengua entumecida, agradecerle entre dientes por haber regresado a su ama a la vida.
Sin darle una respuesta salió de los aposentos aflojando el pañuelo que sobrevivió a ese día de mierda, y arrojándolo a cualquier parte, se dirigió a los jardines que cuidaba su madre con tanto esmero, agradeciendo que el clima frio de Escocia le pegase de lleno en las extremidades y se las enfriara mientras cerrando los ojos intentaba respirar, pero le seguía resultando imposible llenar sus pulmones de aire.
Consiguiendo que la labor solo se llevase a cabo de manera superficial, mientras las imágenes se reproducían por milésima vez en su cabeza, sintiendo como la vida misma se le está escapando entre los dedos, y no sabía qué hacer para retenerla.
Para que lo ilumine por más tiempo.
Apreció como el corazón al igual que las extremidades se le paralizaban, haciendo una fuerza sobrehumana para actuar e intentar con todo lo que tenía que esos ojos celestes lo volvieran mirar como si el cielo estuviese al alcance de sus dedos, pese a que se hallaba más lejano que el que permanecía sobre su cabeza.
La piel pálida indicándole que se iba, que no estaba luchando para quedarse con él, y las suplicas salían de sus labios de una manera tan necesitada que ni siquiera se reconocía.
La vida era una hija de perra abusadora, y en ocasiones no entendía como afrontarle, pese a que se había salido con la suya más veces de las que estaba dispuesto a reconocer abiertamente.
Se pasó las manos por el cabello, jalándoselo en el proceso.
Queriendo gritar, pero la voz no le salía.
Sintiéndose tan condenadamente insignificante, y pequeño, porque las esperanzas eran de estúpidos, que por un momento se vio sobrecogido por Eton.
Por todo lo que este le brindó, no siendo específicamente experiencias de rememorar con profunda alegría.
Entrando en un bucle destructivo cuando las sonrisas maliciosas de Kennedy Cavendish, Duque de Devonshire, Ewan Beauclerk, heredero al ducado de Saint Albans y su compinche a la par de líder David Gray, futuro Duque de Kent, el último siendo después de los MacGregor y Spinster, los más allegados a la corona inglesa por no decir a viva voz que los consentidos de su Majestad, sin contar con que eran por mucho los más ricos de Inglaterra por encima del propio soberano.
Asi de importante era el ducado de Kent, y por eso mismo se le permitían excepciones que podían dañar vidas.
La suya estando al borde del abismo cuando no quiso pertenecer a su selecto grupo, demostrándole su descontento por las negativas, cuando nada se les habia negado en su asquerosa vida.
Antes de que lo sobrecogieran los recuerdos por completo una mano se posó en su hombro, haciéndolo respingar y por auto reflejo actuar frenando a duras penas cuando se percató de quien era la persona que casi golpea.
—No fue mi intención asustarte —espetó haciendo que carraspease, bajando el brazo para después blanquear los ojos arrepintiéndose de no haber actuado.
—Tu esposa está en óptimas condiciones —eso era su manera sutil de decirle que su presencia no era grata —. Ve a atenderle que no he manifestado que te necesite —lo vio poner los labios en una fina línea, mientras se cruzaba de brazos esperando a que terminase de pedirle paciencia al creador.
—No vine a hablar de Evolet, si no a saber cómo estás —rió sin gracia.
—¿Se te despertó el sentido de hermandad, y pretendes que sea el enfoque de tu experimento? —maldijo entre dientes —. Aine apreciaría más que la utilices como conejillo de indias.
—Madre me contó lo que ocurrió, y solo quiero que sep…
—Lady Catalina Stewart siempre tan comunicativa —dijo con ironía mientras intentaba pasar por su lado, no sin antes posar una mano en su hombro sonriendo con aparente amabilidad —. No creas todo lo que diga, con la edad se le ha acentuado su destacada virtud de exagerar —le palmeó una última vez el área antes de intentar irse, porque a no poder encontrar tranquilidad regresar al lado de Antonieta era lo único que le interesaba.
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Editado: 11.02.2026