SueÑo (im) Posible || El Matasanos & La Moribunda * T.E Ii

XXI

KENDRICK & CATALINA

Para Catalina Stewart habia sido un tiempo bastante peculiar.

Era la manera más adecuada en la que podia explicar los acontecimientos vividos en la última época.

Sobrepasando todas sus emociones, al punto de retarle, haciéndole entender demasiadas cosas que pasaba por alto al estar completamente ciega, pues su soberbia y egoísmo eran actitudes que primaban en su diario vivir, y no supo en qué momento dejó de ser la mujer caprichosa y consentida, pero justa que sus padres criaron para convertirse en un auténtico dolor de cabeza, que la mayoría del tiempo las personas le seguían la corriente para no hacerle enfadar, más por salud mental que para velar por sus sentimientos, porque se estaba mostrando como una mujer imposible de sobrellevar.

La matrona a la cual huían.

La dama del salón a quienes las jovencitas debutantes le hacían el pasar para no caer en desgracia, porque su lengua era afilada a la par de importante, en vez de disfrutar de su compañía pidiéndole algún tipo de consejo para sobrevivir a esas veladas, que tampoco supo en qué momento se hicieron algo indispensable para su vida.

Al igual que se estaba transformando en la pesadilla de un esposo que se casó por amor, pese a su anticuado pensar que con el tiempo cambió, y si seguía por ese camino dentro de poco solo estaría residiendo en el mismo lugar por apariencias, mientras de verdad se conseguía una amante para saciar las necesidades y poderse despejar, porque ella lo único que hacía era martirizarlo con su presencia, cuando en el pasado fue el respiro de su largo día de trabajo.

Y eso solo pudo verlo cuando Antonieta Coleman pisó Brodick Castle, iluminándolo todo de manera literal con solo adentrarse a su territorio.

Porque esa niña de aspecto enfermizo, sin necesidad de pronunciarse en un principio le causó cientos de inseguridades, pues de alguna manera se parecía a la mujer que casi le arranca de sus brazos hace más de dos décadas al amor de su vida, sin necesidad de esforzarse por obtener ni una sola de sus atenciones.

Porque la innombrable, que hacía mucho habia hecho su vida y cuando se la topaban siempre tenía una sonrisa cordial para ellos, portaba una esencia similar.

Un don de dar sin recibir nada a cambio.

Ese magnetismo para que todos tuvieran las miradas puestas en ella sin pretenderlo.

Ese mágica y surreal sonrisa que sana heridas, y convence al más terco de los seres humanos para que haga lo que pide cuando al mundo entero le niegan hasta el misero saludo.

Un alma tan pura que ve como una locura ponerse por encima de los demás, y por eso mismo, no es un espíritu de mártir lo que portan por personalidad, ya que la rebeldía que brilla en sus ojos demuestra que pueden luchar sin necesidad de abrir la boca y ser letales con la lengua si se requiere. Sin parecer seres arrogantes.

En pocas palabras un diamante en bruto que pocos notan, porque no destacan primeramente por su aspecto, cuando su personalidad es lo más bello que poseen, y que decir de su alma, y ese corazón, que, sin importar lo enfermo que esté siempre tiene algo por lo que seguir latiendo.

Por eso la sintió como una amenaza.

La materialización de todos sus miedos.

Por eso mismo no quería conocerle, porque como en el pasado, se dejaría encandilar, y esta vez sentía que no habría retorno, pues su esencia era más pura y poderosa.

Y eso mismo era lo que le estaba pasando, ya que ahora apreciaba que no existía poder humano que la hiciese alejarse de la rubia americana, porque fue duro en un inicio, pero se habia internado en tan poco tiempo en su corazón, que sentía una obligación el tenerle cerca, porque era la única manera disfrutarla y hacer algo para que el vínculo fuese con el tiempo indestructible y eterno, pues haría lo que estuviese en sus manos para que fuese Antonieta Coleman la que tuviera que llorar por su ausencia y no viceversa.

Sonrió mientras miraba a Aine dormir tras ser cambiada, revisada por Gibbs y visitada por sus hermanos y Evolet, seguido de tomarse el remedio traído por la doncella de la rubia, que como fue desde que llegó, pensó primero en su niña y después en su propio bienestar cuando era un simple resfriado, y su salud resultaba ser más delicada que la de su endemoniada hija.

Y eso también la llevó a examinar el plan que fraguaron para que se reconciliara con Kendrick.

Suspiró con pesadez, enfocándose solo en el acto y no en su relación fracturada, porque esa por el momento no tenía la solución que anhelaba, pese a que la esperanza en su interior se despertó cuando le habló con la misma familiaridad que habia abandonado sus intercambios después de haberle ofendido.

Esa niña, porque nadie le sacaba que Antonieta era la autora intelectual, convirtiéndose en la primera en años, después de Kendrick, intentando hacer algo para volverla a ver sonreír, porque sus hijos solo esperaban a que las cosas se solucionaran al tener claro que no les competía, pese a que les importaba y sufrían por sus padres. Sin embargo, esa muchachita seguramente ignoró las palabras de Aine, y la convenció sin mucho esfuerzo y aunque no fue a ese encuentro, enojándose en primera estancia por ponerse en riesgo causándole un susto de muerte, ahora lo apreciaba como una intención linda de alguien que sin tener algún lazo sanguíneo con ellos tuvo la entereza de solucionar lo que no era su culpa, porque de verdad le importaba lo que ellos estuviesen experimentando.




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