SueÑo (im) Posible || El Matasanos & La Moribunda * T.E Ii

XXII

ETHAN

(Escocia – Edimburgo)

«Miraba el objeto entre sus manos sin entender lo que su madre pretendía con aquello.

¿Que lo tirase?

¿Qué despotricara de su origen?

¿Qué recordara que era el bastardo de un imbécil que no tuvo pantalones para hacerse cargo de sus actos, dejando a una mujer indefensa sola cuando se dio cuenta que la calentura llegó con premio?

¿La humillación no era suficiente para que ahora lo obligase a tener ese objeto entre sus manos?

—Antes de que me faltes al respeto, o en todo caso vuelvas a renegar del hombre que aportó para que estés aquí, quiero que tengas presente que fuiste concebido, por lo menos de mi parte con un amor profundo que guardo en mi memoria como un recuerdo agradable, pese a que no fue correspondido —esa era su progenitora.

Rose Walsh.

Tenía un alma tan pura y bondadosa, que aún no comprendía como es que nació de ella, cuando el rencor era uno de los sentimientos que más lo gobernaban.

Cuando no se le daba bien el perdonar.

Cuando olvidar no existía en su vocabulario por más de que intentó enseñárselo.

Y por ende eran el día y la noche.

La primavera y el invierno.

La calma y la tempestad.

» Y por eso mismo te entrego lo que para mí fue en su día una promesa significativa, con el fin de que tú si sepas darle el uso correcto, libre de malicia. Movido por los sentimientos reales hacia la dama que tu corazón elija, llenando de pureza lo que en su tiempo fue manchado por un malicioso proceder.

—Veo que la señora, Rose Walsh, ya tiene en su cabeza planeada toda mi vida —soltó con sorna y la paciencia nula en cuanto a ese tema, cuando por años fue el pan de cada día —¿Quién es la mujer con la que quieres que emparente, querida madre? —preguntó con ironía, y un tono falso de aceptación que la irritó, pero eso no lo frenó.

No estaba por la labor de ser amable, cuando con el tema resultaba profundamente invasiva.

» ¿Qué mosquita muerta te ha parecido la idónea para tu descarriado hijo?

—¡Ethan! —esa fue la voz severa de advertencia del hombre que consideraba un padre, y habia estado con ellos en todo ese tiempo presenciando el intercambio sin intervenir.

El que se merecía el titulo con todas sus letras.

Elijah Walsh.

El sujeto que no le importó que su madre estuviese esperando un hijo que no era suyo.

Solo interesándole una cosa.

Su bienestar.

Casándose con ella.

Dándole un apellido de respaldo, para ella y su hijo, con el tiempo amor puro y desinteresado, y con este una verdadera familia.

Algo a lo que llamarle hogar.

Teniendo tres hijos más.

Owen, Riley, y Aiden.

» No es necesario que le respondas de esa manera a tu madre, cuando bien puedes demostrar tu descontento sin faltarle al respeto —lo estaba tratando como a Riley cuando hacia sus pataletas de niña caprichosa —. Sabemos que este último tiempo ha sido un contraste de emociones para ti, pero lo único que queremos hijo, es que te reconcilies con tu pasado, y parte que tu presente, para que el futuro próximo te llene de dicha.

Se relamió los labios mientras regresaba el anillo a la cajita de terciopelo azul, y lo guardaba en uno de los bolsillos de su abrigo, asintiendo y tratando de calmar su temperamento, porque fue a despedirse antes de partir a América, y siguiendo por ese camino no llegaría a ningún lado.

Se levantó con la intención de despedirse.

De salir de ese lugar antes de terminar de faltarles al respeto.

Agradeciendo que sus hermanos solo estuvieron presentes en la cena, pues su padre les especificó que su presencia no era deseada en una conversación de adultos, consiguiendo que se retiraran a regañadientes, pues ya no eran unos niños, ya que Riley tenía veinte y Aiden dieciocho, sin mencionar a Owen de veintidós que hace mucho no estaba en casa, y por lo menos sus padres ignoraban su paradero.

En cuanto a Riley y Aiden, lo que de verdad les ofendía de ser excluidos era porque les encantaba estar al corriente con lo que ocurría, pero esta vez no abogaría por ellos.

Siempre había sido estricto en cuanto a revelarles detalles de su vida, porque los quería tener al margen de los pormenores oscuros.

No era necesario inmiscuirlos en ese mundo lleno de putrefacción a dos almas tan limpias, y por el momento desprovistas de maldad.

—Prometo que les mantendré al tanto de mis pasos —todo el tiempo hacia el mismo juramento, pese a que era un hombre temido en Inglaterra, pero para ellos siempre iba a ser el niño temperamental que su santa voluntad era como una ley divina.




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