ALISTAIR
Si no se controlaba iba a terminar destrozando la amada vajilla china de su madre, que solo sacaba en momentos especiales, y ese no podia ser la excepción cuando por fin habia despertado su nuera favorita, porque era la única que tenía, posponiendo lo suficiente la celebración del nacimiento de sus nietos, estando la castaña lo bastante fuerte para acompañarlos a la mesa.
Reafirmándole, que, al ser tan mimada por la familia al completo, incluyéndose, lo único que estaba haciendo era un poco de drama cada de que se quejaba, porque la herida sanaba perfectamente, y para ese momento lo único que existía era una incomodidad que con el tiempo desaparecería.
Sin embargo, Evolet no era una preocupación para Alistair.
Él no la estaba pasando nada bien con la parejita de tortolos frente a sus ojos, porque le tocaba presenciar la escena en primera fila, sin contar con que estaba recordando como es que Antonieta habia corrido a los brazos de ese imbécil el día anterior.
Como si fuese un puto príncipe azul que llegaba a salvarle del malvado ogro, quien estaba a punto de secuestrarle para obligarle a casarla con él.
Lo último no siendo tan descabellado, cuando estaba a punto de convertirlo en realidad.
Debía dejar de inventarse historias descabelladas con Aine, cuando estaban sin nada que hacer en la biblioteca a mitad de la noche, y el insomnio los gobernaba.
Siendo consciente que mortificaba la mente de su pequeña hermana provocándole pesadillas que después se cobraba, siendo lo suficientemente asertivo para no estar solo, y que su mente se pusiese a maquinar de manera negativa sin dirección alguna, encerrándolo en una frustración que no era propia de su personalidad.
Aunque en esos momentos estaba haciendo gala de su negativismo en todo su esplendor.
Tomó el cuchillo y el tenedor para cortar un pedazo de carne, enterrando con más fuerza de la necesaria el último, haciendo que un ruido sordo de la porcelana de la vajilla aporreada se desplazara por todo el comedor cesando las conversaciones, dejándolo como el centro de atención, mientras su querida y muy amorosa madre chirriaba los dientes apuntándolo con el cuchillo que portaba en una de sus manos de forma amenazante y los ojos entrecerrados, advirtiéndole por segunda vez, que si continuaba por ese camino al día siguiente desayunarían sus amadas carnes.
Apretó los dientes e intentando controlar su temperamento, dejando salir el aire caliente por su nariz terminó de cortar el pedazo de carne, y con una ferocidad perturbadora se la metió a la boca, masticando mientras admiraba la escena que se reproducía ante sus ojos.
Sonrisas secretas.
Sonrojos mal disimulados.
Palabras susurradas, y atenciones desmesuradas.
Haciendo que su mente le recalcase, que ese imbécil siempre habia sido la opción más acertada de Antonieta.
Al que le obsequiaba su tiempo con una sonrisa encantadora en los labios.
Con el que daba largos paseos.
Con el que reía sin importar su estado de ánimo.
Al que no le decía que no, pese al malestar que pudiese sentir.
En cambio, a él…
Se volvió a escuchar el rechinar de un plato, no viniendo precisamente de él, si no de la persona a su costado sacándolo de su miseria.
Siendo su revoltosa hermana, que miraba la misma escena que el con unos ojitos que tristeza poco disimulada, que si nadie lo notó es porque estaba pendiente de sus asuntos.
Por eso, la pateó por debajo de la mesa, haciendo que de manera inmediata le mirase con fastidio por su actitud mandándose la mano al pecho para aparentemente sentir como de a poco se regulaba los latidos de su corazón, y de paso su respiración.
—Que no se note que babeas por ese imbécil —dijo entre dientes, sonriendo tan falsamente que le dolieron las mejillas.
—Mira quien lo dice —le devolvió la patada, haciendo que la mire de manera asesina refrenándose para sobarse —. El matasanos que ha imaginado un par de métodos de tortura con lo que sabe para no dejar rastro, con tal de que Ethan deje de tocar a Antonieta —¿Ethan?
Enarcó una ceja al ver la confianza con la que se refería al hermano de Evolet, haciendo que en respuesta se sonrojase y clavase la vista en su plato por un segundo, para después volver a fijarse en la pareja del momento.
» Le ha entregado su pañuelo para que se limpie la boca, desechando las servilletas tocándole en el proceso los dedos, y no conforme con eso se lo ha obsequiado —si lo notó, pero no sabía que ella estuviese en cada paso —. Nos ignora a todos, incluida a Evolet que es su hermana, y aparentemente es por quien ha venido en primer lugar —le estaba echando más sal a su herida.
Era una sádica sin corazón.
—¿Y piensa quedarse por una larga temporada, Sir Walsh? —esa fue su madre preguntando con los ojos entrecerrados, haciendo que se tensase al reconocer que la pregunta tenía segundas intenciones, aunque no sabía si estas le ayudarían.
Algo le decía que lo terminarían de hundir conociéndola.
» Lo pregunto, porque como está manejando la petrolera de la que antes mi nuera se hacía cargo —ya.
#449 en Otros
#95 en Novela histórica
#1641 en Novela romántica
suenos prohibidos, enemistad amistad amar en silencio, familia celos matrimonio sentimientos
Editado: 09.03.2026