ANTONIETA
No se arrepentía de haberle dicho esas palabras.
De ser sincera con sus sentimientos.
De dejarse llevar aun cuando su cabeza le gritaba que era mala idea, pero la habia seguido por mucho tiempo, y ya estaba cansada de luchar con sus sentimientos.
Cayendo completamente presa de sus emociones, cuando apreció aquel cuadro, y este abrió su corazón al completo.
La tozudes no le llegaba a tanto.
Tenía que ser consecuente con lo que sentía.
Ya estaba cansada de luchar con lo único que habia ambicionado en la vida cuando dejó de resistirse a su destino.
Por eso inició el beso.
Uno que demostraba parte de las sensaciones abrumadoras que tenía dentro.
Siendo aceptada de inmediato, notándolo cuando este le rodeó la cintura con los brazos, para después, sin despegar sus bocas, cargarle, haciéndola gemir de la impresión sonriendo en respuesta sobre su boca, para después emprender rumbo a un lugar determinado.
Subiendo la escalinata sin dejar de verse a los ojos.
Compartiendo el mismo aire, hasta que la dejó en el suelo para abrir la puerta en la que se habían detenido con una llave que sacó de su saco.
Ni bien abrió esta se introdujo a un mundo completamente diferente.
Uno en el que solo existía Alistair Stewart, empezando desde el aroma que se impregnó en sus fosas nasales, haciéndola cerrar los ojos para apreciarlo en su totalidad, adentrándose con pasos lentos en la estancia, mientras volvía a abrir los parpados topándose de lleno con una habitación que tenía en el centro una cama grande vestida con una ropa de cama color azul, la cual la hizo tragar grueso y estremecerse no precisamente de miedo, cuando recuerdos vinieron a su memoria, los cuales incluían al mismo pelirrojo que tenía plasmado el firmamento en su rostro.
Dirigió la mirada a otros puntos de la habitación, topándose con un hogar más pequeño que el del salón principal, también teniendo una pintura en esa pared, pero esta no era de su familia, si no la silueta de una mujer, con unas alas enormes de ángel, que la hicieron entrecortar la respiración de por si errática.
No teniendo oportunidad de decir nada al respecto, porque sintió como le envolvía la cintura por la espalda con uno de sus brazos, colocándole la mano abierta en su abdomen mientras con la que tenía libre le delineaba de manera sutil el cuerpo por encima del vestido dejándole la piel caliente en su recorrido, hasta llegar a su cabello apartándolo con sutileza para proceder a desabrochar los botones que le obstaculizaban llegar a su cuello, tiritando cuando pasó su nariz por aquel, jadeando cuando sintió su aliento y posterior a este un beso húmedo.
—Tienes un aroma único, mi Toni —susurró sobre su piel, erizándola en el proceso mientras bajaba el vestido por sus hombros, siguiendo el recorrido con su boca —. Como a algo celestial, que no he tenido el placer de percibir jamás —se relamió los labios resecos entreabiertos sedienta, y con una desesperación creciente en el estómago, que la hacía apretar las piernas temblorosas que de milagro la sostenían gracias al agarre potente del pelirrojo —. Muero por fundirme en tu piel —declaró en un tono ronco susurrado —¿Es algo que nos podemos permitir? —preguntó haciendo que apretase la parte baja de su cuerpo contra su trasero, haciéndole notar su creciente virilidad —¿Ser mi Toni y yo tu firmamento terrenal? —se giró sin apartarse de su tacto.
Solo cambiándolo de dirección hasta que sus pechos quedaron de nueva cuenta pegados, y sus ojos se conectaron por milésima vez esa noche, estremeciéndose en sincronía ante las sensaciones crecientes que no podían controlar.
Nada en ella quería que aquello se detuviera, y su lengua parecía entumecida para responderle, asi que, con las extremidades temblorosas se separó del cuerpo de este y por ende de su agarre, haciendo que por un momento sus preciosos ojos brillaran de tristeza al obtener aparentemente una nueva negativa, pero en su cabeza no existía la negación.
No tenía la fuerza necesaria para hacerlo.
Meramente para retroceder lo suficiente, y con las manos temblorosas terminar de desabrochar el vestido con el rostro completamente rojo y luchando para no apartar los ojos de los de él, y ver su reacción cuando terminó de desajustar la prenda, provocando que esta cayese al suelo y se arremolinase en sus pies, dejándola solo con un camisón de seda traslucido en el que se advertían sus pezones endurecidos, y las medias que cubrían sus piernas del mismo color en complemento con las zapatillas.
Tragó grueso intentando no cubrirse cuando la reparó sin ninguna vergüenza.
Abandonándolo en el lugar más recóndito de sus entrañas, consiguiendo que su escrutinio pesado la hiciese sentir acariciada sin necesidad de ser tocada.
Y era imposible siquiera intentar imaginar como le quemaba la piel para que lo hiciese un hecho.
Intentó alcanzarle, pero negó mordiéndose el labio, retrocediendo, haciendo que arquease una ceja como interrogante, el cual formuló al notar su rostro encendido en contraste con la luz que iluminaba la estancia.
—¿Igualdad de condiciones? —asintió con la garganta cerrada, mientras él le daba el gusto, y ahora era quien no podia despegar la mirada de sus movimientos.
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Editado: 09.03.2026