SueÑo (im) Posible || El Matasanos & La Moribunda * T.E Ii

XXXI

ALISTAIR

—Padre, necesito informarte de algo que está ocurriendo, porque es momento que tome cartas en el asunto y le sea fiel a mis sentimientos —espetó ni bien amaneció sin poderse contener por más tiempo, estando a nada de ser descubierto al llegar al castillo un par de horas antes del amanecer.

Cosa que no le interesaba, pero no expondría a Antonieta de esa manera, cuando no merecía ser juzgada por sentir, cuando el podia encargase de la situación por los dos, aunque ella le habia indicado que no tenía necesidad de cuidarle, cuando quererle no le resultaba ningún tipo de vergüenza.

Sin embargo, aquello tenía que hacerlo solo.

Enfrentarlo sin que escuchase una posible discusión que la angustiaría, porque sabía que para ella lo más importante era la opinión del gran Duque de Montrose por encima de la de su propio padre, y, por ende, el demonio pelirrojo era su principal obstáculo.

¡Joder!

Estaba apreciando lo que en un futuro próximo los prospectos de marido de su hermana experimentarían.

Pensó que se libraría de aquello, y se reiría de esos pobres infelices que intentaban cortejar al tesoro de los Stewart, y hasta se le uniría a su padre en alguna ocasión, sin embargo, nunca consideró que la mujer de la que se prendaria pertenecería a ese selecto grupo.

Nada menos que su ahijada.

Su aingle.

—¿Hallaste la cura? —fue lo único que le dijo en respuesta, mientras dejaba los papeles que estaba analizando en el escritorio posando los codos sobre este, mientras entrelazaba los dedos colocando la barbilla poblada de barba rojiza canosa en estos —. Si vienes con una actitud tan enérgica, es porque encontraste lo único que te pedí concerniente a Antonieta —y ese era Kendrick Stewart. Donde ponérselo fácil no existía en su vocabulario.

—No… no es tan simple —lo vio sonreír de medio lado, mientras negaba estirándole un documento, que lo hizo mirarle con confusión —. Te quiero hablar de algo importante, y solo te estás enfocando en tus necesidades —se pasó una mano por el cabezo alborotándolo preso de la ansiedad —. Solo necesito que…

—No puedo poner por encima tus necesidades, cuando ni siquiera estás enfocado en lo verdaderamente importante, sin contar con que lo que me vas a pedir no es cualquier cosa —apretó la mandíbula haciendo las manos en puño tratando de contenerse, pero le resultaba imposible.

Lo sabía.

Pecó de iluso pensando que no lo discernía del todo.

A ese hombre no se le escapaba una.

No obstante, todo lo que podia sentir y enfocarse era en que su padre le estaba negando lo único que le habia pedido en la vida.

Lo único que realmente deseó, y con lo que su corazón estaba de acuerdo con su cerebro, porque ella era lo único que estaba bien en su mundo después de su familia.

Y por eso tenía en mente luchar hasta desfallecer.

» Solo estoy exigiendo lo que Antonieta se merece —explicó tras un suspiro al verlo con la ira contenida —. Y puedes ser el único que de la talla en cuanto a unas expectativas no planteadas. Sin embargo, tienes el corazón, pero no el entendimiento necesario —abrió la boca tratando de replicar —. Se lo que está pasando —ahí estaba la confirmación —. Es cuestión de ustedes lo que haya ocurrido. Y puede que no esté siguiendo el conducto regular al no querer otorgarte la mano que estás intentando pedirme, al haberle comprometido, pero es lo que hay —sintió como las mejillas se le calentaban, pese a que en ningún momento bajó la mirada.

Convivir con Kendrick Stewart toda su vida, le hizo hacerse inmune a su lectura del alma.

A sus ojos azules penetrantes que daban a entender que sabia cosas que nadie a su alrededor intuía.

Que solo el podia notar.

Y por eso mismo no supo cómo expresarse cuando él ya lo sabía todo, y no veía una forma de persuadirlo.

El mayor de los Stewart suspiró llamando al lado comprensivo para intentar ser racional en cuanto al tema en cuestión.

Era más de actos que de palabras, pero con el tiempo aprendió a ser tan mortal con la lengua como con su físico.

» Solo quiero que entiendas que tienes que merecerla. Que de verdad debes añorarla. Que el sentimiento es tan potente que no te arrepentirás de la decisión que estás tomando, porque no tiene que verse como enamoramiento pasajero, si no como algo genuino que se hará eterno si se cultiva de la manera correcta.

—¿Cómo puedo hacerlo si me lo estás negando sin haberlo siquiera propuesto? —lo vio sonreír con condescendencia.

Como si supiera todos los secretos de su vida, y el fuese un imbécil que de milagro habia logrado respirar por su cuenta.

—Hablemos de esto cuando lo pienses con cabeza fría. Cuando no estés actuando solo en base a tus sentimientos. Al calor de lo vivido solo unas horas atrás —eso no era calentura.

Era… era…

—No te entiendo —confesó sin aliento, estrellando las palmas de las manos en el escritorio —. Con Archivald siempre recalcabas el dejar hablar a los sentimientos porque estos tienen la última palabra, y a mí me pides que actúe con cabeza fría. Que lo primero en lo que me guie sea en mi lógica —se relamió los labios ansioso. Frustrado —¿Es porque se va a morir? —el rostro de su padre se volvió sombrío ante la crudeza de sus palabras —¿La quieres como a una hija, pero no puedes aceptar que uno de tus hijos se fije en ella? ¿Entiendes la calidad de persona que es, lo que vale, pero no estás dispuesto a que los lazos se intensifiquen? —lo acusó con vehemencia —. No creí que mi propio padre fuese otro aristócrata hipócrita que…




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