SueÑo (im) Posible || El Matasanos & La Moribunda * T.E Ii

XXXIII

ALISTAIR

(Escocia – Edimburgo)

Brodick Castle.

24 de diciembre de 1808…

Habia tomado más tiempo del presupuestado.

Las cosas de alguna manera se complicaron, y después de la reunión con el Conde de Belalcázar, con el que su padre tenía un trato particular que le causó mucha curiosidad, sin exagerar. Las cosas fueron confusas, viajando entre la rapidez y la lentitud pasmosa, cuando su progenitor decidió embarcarse en una investigación minuciosa con respecto a la corona inglesa por sus malos procedes con relación a aquel caso, que dio como resultado que el delincuente más temido de Europa era un espía de la corona alemana.

Y con eso se vinieron múltiples reuniones, y procesos en los cuales tuvo que verse implicado, pues su hermano, por estar metido en las faldas de su esposa simplemente no pudo hacerse cargo, aunque siendo sincero no recordaba la última vez que Archivald demostrara compromiso con el título que dentro de poco heredaría a su padre tener pensando cederle el ducado.

No le haría de su perro faldero.

Con su progenitor accedía porque se sentía comprometido.

Porque le nacía ayudarle a soliviar las cargas, pero su querido hermano podia irse muy a la mierda, pues en el momento que adquiriese el titulo tendría que lidiar con todas las responsabilidades, sin importar que su padre lo amenazase.

No era su responsabilidad.

El podia elegir a quien le hacía favores, y Archivald Stewart no era uno de los pocos privilegiados.

Descendió del carruaje ni bien llegaron al Brodick Castle para unirse con la familia, que desde inicios de diciembre se retiró por el cese de las actividades de temporada ante las festividades de fin de año, siendo habitual que lo pasasen en Escocia, aunque pensó que se abstendrían por el reciente alumbramiento de su cuñada, pero evidentemente esta hacia lo que quería, porque su hermano no poseía el temperamento necesario para hacerse valer como hombre.

Aunque también estaba intentando lidiar con la ilustre Catalina Stewart y la pequeña Aine, que juntas era lo suficiente irritantes para quererles bajar el cielo con tal de tenerlas calmadas y cooperativas.

Estaba pensando como un troglodita, pero su humor se habia extinguido por la falta de contestación de Antonieta a las cartas que le estuvo enviando, que, aunque fueron dos, esperaba por lo menos alguna respuesta, y para añadirle al asunto se encontraba sucio y tenía hambre.

Ni su padre, que fue el único que habia ganado con todo aquello estuvo mucho mejor.

Los dos se hallaban irritables, y se escapó de arrodillarse y besar el suelo, porque el ridículo estaba asegurado.

Agradeciendo que decidió no hacer de sus pensamientos una realidad, cuando advirtió las personas que estaban en la entraba esperando su arribo.

No siendo precisamente que le preocupase su familia, si no los invitados que los rodeaban, siendo más que el año anterior, cuando solo se limitaron a ellos, su padre, junto a Rothesay, su prima e hijos, junto a la Duquesa viuda de Rothesay, Lady Violet MacGregor. También la Condesa viuda de Portland, junto a su sobrina, la señorita Ailia Thomson, pero ahora los invitados eran más variopintos.

Su madre aprovechó que el patriarca estuvo fuera para hacer de las suyas.

De nueva cuenta, no siendo para nada consciente de lo que sus acciones podían provocar, porque su impulsividad no era precisamente una cualidad.

Tensándose de forma espontánea, cuando advirtió en uno de los costados a tres figuras imponentes.

Estando en medio un rubio de ojos grises burlones la mayor parte del tiempo, de altura promedio y de fisonomía atlética, siempre vestido de forma impecable de un blanco impoluto que contrastaba con su cabello y ojos.

En su costado derecho, un pelirrojo de ojos ámbar, un tanto más alto que el rubio, con la mirada más inexpresiva que había advertido en alguien de su edad, al igual que su contextura con algo de musculo, siendo el negro su color frecuente.

Y en el costado izquierdo del rubio, una montaña de músculos el cual le sacaba dos cabezas a los hombres que desde que recordaba eran inseparables.

De cabello negro ondulado por los hombros, y ojos azules con un brillo asesino que era normal en sus pupilas.

Ni hablar de su traje ajustado a punto de saltar unos cuantos botones de su camisa, siendo el único que portaba ropa de color, con un saco rojo al igual que el pantalón, con apliques plateados, que lo hacían ver pomposo por donde se le viese, en contraste con la camisa negra que seguramente el grandulón creía que le daba algo de sobriedad. Siendo más estrafalario que sus amigos, y haciendo que la composición fuese ante sus ojos llanamente ridícula, y que al expresarlo en el pasado sin cortarse un pelo le ocasionase una paliza, que hasta ese día en más seguiría pensando que valió toda la maldita pena, muriéndose por repetirla si eso lograba sacarlos de sus casillas, demostrándole los cobardes que eran.

Porque no podia llamar de otra manera a David Gray, Duque de Kent, a Ewan Beauckler, futuro Duque de Saint Albans, y a Kennedy Cavendish, Duque de Devonshire, cuando se hacían llamar los Reyes de Eton, que aprovechándose de sus influencias y la familia que los respaldaba pasaban por encima de los seres más débiles haciendo sus vidas miserables.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.