ANTONIETA
Eso era el colmo.
La situación no podia ser más deprimente, por no decir que enfermiza, teniendo en cuenta, que, con respecto a ese tema, trataba con todas sus fuerzas de dejar la mente en blanco.
De no pensar en las palabras de Gibbs, tras las pruebas que habia hecho para darle un panorama más claro de su enfermedad.
«—Quiero que sea realista conmigo —soltó mientras miraba la expresión en el rostro del hombre mayor, al que en esos momentos le estaba entregando las pocas esperanzas que guardaba en su pecho —. Quiero que me de unas ilusiones verdaderas. Si las hay —lo vio pasarse las manos por el rostro mientras rodeaba el escritorio de su consultorio, sentándose frente a ella, conectando sus miradas a la par que colocaba los codos en sus piernas —. O si es lo contrario, no me caería mal escuchar de alguien más lo mismo que me repito en la mente.
—No es un milagro que siga con vida, señorita Coleman —no parecía muy convencido —. Todo indica que sufre una compleja enfermedad cardiaca, sin embargo, es algo con lo que apenas si puedo enfrentarme, cuando es la primera vez que veo a alguien que…
—Viva por tanto tiempo con un corazón que late a marchas forzadas —terminó por él —. Eso solo afianzan las palabras de mi padre. De cada médico que me ha analizado con la esperanza que encontrar algo que le dé un nombre en la historia por descubrir, el secreto de mi larga existencia —respiró profundamente, arrugando la falda de su vestido con los dedos temblorosos, tratando de ocultar su nerviosismo bajo una capa de aceptación que todos los días se resquebrajaba.
—Ha habido descubrimientos como los de William Harvey, y los de Miguel de Servet.
—Lo he investigado todo doctor, y nada ahonda ni explica lo que tengo —se relamió los labios —. Temo que no he sido muy directa, y por eso es por lo que nuevamente se está presentando este inconveniente, y no me importaría si mi salud mental no estuviese en riesgo con la llegada de mis padres, y mi corazón no se viese expuesto —no le diría que por Alistair, aunque por la mirada que le estaba dedicando claramente lo sospechaba o sabia —. Quiero saber si el apego emocional tiene que ver con que mi salud por momentos se aprecie mejorada —era la primera vez que lo expresaba abiertamente —. Para ser clara, porque algo me dice que no me entiende —su ceño fruncido era un claro indicio —. Cuando conocí a Evolet, su vitalidad hizo que de alguna manera un nuevo sentido se crease para que mi corazón se aferrase a la vida, y cuando vino aquí y me dejó en América, aunque no quisiese, mi salud se deterioró, y por eso mi padre accedió a que viniese hasta aquí y…
—Nunca te habías sentido tan cargada de vida —fue su turno de terminar por ella haciéndola sonreír.
—Pero han regresado las decaídas, y ocurrido situaciones que hasta el momento no se manifestaron —los ojos se le llenaron de lágrimas ante las deducciones que sacó por su cuenta, intentando que el aire no les faltase a sus pulmones, pese a que apreciaba como respirar se le dificultaba —. Asi que, eso descarta la teoría de que un tercero me mantiene con vida.
—Es evidente que no alcanzo a imaginar lo que ha sido su vida con la enfermedad, ni mucho menos lo que ha pasado para descubrirlo, Antonieta —la estaba tratando con familiaridad, y eso hizo que se tragase un sollozo —. Solo puedo decir que su situación está empeorando. Que su enfermedad se está mostrando en su máximo esplendor, y que aparte de la sangría, no encuentro otro tratamiento que pueda aliviar el malestar de manera momentánea —los labios le temblaban, y no pudo contener por más tiempo las lágrimas —.
Se ve mejor físicamente. Su aspecto ha mejorado, pero su enfermedad está en una fase crítica y su corazón en cualquier momento dejará de…
—Me voy a morir —y no pudo contener por más tiempo el sollozo, consiguiendo que el doctor atrápese una de sus manos y la apretase en señal de apoyo —¿Y ninguno de los tratamientos de mi padre puede evitarlo? —soltó en un tono quedo de súplica, porque con tal vivir lo que sentía por Alistair se sometería a cualquier tipo de tortura.
Eso no era nada, comparado con el dolor que estaba experimentando.
» ¿El nuevo? —se relamió los labios con ansiedad —. No es seguro, pero es mi padre quien me ha alargado la vida en todo este tiempo, y aunque no fuese por las razones que me gustarían, lo importante es que ha funcionado.
—No puedo prohibírselo o desanimarle cuando no sé a ciencia cierta de que método piensa implementar, pero todo es experimental y esto puede ocasionar una reacción adversa —No.
—¿Entonces me aconseja que me dejé morir? —estaba enojada —¿Asi de fácil? —no era sencillo.
Ni por asomo lo era.
—Quiero que se mantenga viva el tiempo que pueda —suspiró —. Y necesita paz. Las emociones fuertes la van a perjudicar. La tranquilidad en su estado es primordial —básicamente le estaba diciendo que sentir la iba a matar.
Que apreciarse viva, no era lo semejante a librarse de su enfermedad.
—¿Querer a Alistair me está matando? —no se andaría por las ramas cuando lo que necesitaba era absoluta sinceridad.
La tristeza en los ojos del doctor no se la esperó.
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Editado: 16.03.2026