ANTONIETA
(Londres – Inglaterra)
Finales de enero de 1809…
Los días posteriores a la propuesta de Ethan y la charla con Alistair simplemente pasaron como un borrón, hasta que regresaron a Londres para continuar con la temporada social.
Las energías no estaban siendo sus aliadas, cuando la mayor parte del tiempo se esforzaba para salir de la cama.
Las ojeras volvieron a pronunciarse con una velocidad pasmosa, siendo dos medialunas amoratadas que decoraban sus preciosos ojos azules, los cuales no recordaba la última vez que habían brillado, demostrando que ni siquiera sabía cómo sentirse.
Su cuerpo no estaba asimilando bien las emociones contradictorias, porque a eso se le sumaban los mareos y las náuseas que le provocaban siquiera percibir el olor del ambiente.
Cosa que en el pasado era habitual, pero solo con los tratamientos que ponía en práctica en su cuerpo su progenitor, cosa que extrañamente no estaba pasando.
Seguramente siendo algún efecto secundario por la expectación.
Asi como le resultaba un esfuerzo sobrehumano siquiera sonreír, y no ayudaba el hecho de que su padre fuese quien la tratase, mientras Gibbs regresaba de su viaje, pues al haber librado de sus funciones a Alistair, este habia desaparecido dejando el castillo de Escocia ni bien pasaron las festividades, o en todo caso mudado a su nueva residencia argumentando sin dar espacio a replicas que era hora de que se desprendiera del seno materno, siendo apoyado por su padrino, que siempre estaba acechándola con la mirada pero respetando su decisión, aunque entre ellos todavía existía una conversación que aún no estaba preparada para tener.
Ni con él ni con nadie.
Incluyendo a los Stewart restantes.
Esos seres que la habían hecho sentir en un hogar de verdad, pero ese calor lo habia perdido en su totalidad, siendo invadida por un frio que le calaba en los huesos, cerrándose por completo a interactuar con ellos, cuando apreció la manera en cómo se alejaba Aine decepcionada por su comportamiento, cosa que entendía, teniendo en cuenta que no era un secreto lo que sentía la pelirroja por el castaño. Sin embargo, aunque deseara algo completamente diferente se advertía cansada de luchar por sus deseos, rindiéndose a la lógica.
A lo idóneo.
Relegando su corazón a un rincón donde no tuviera ni voz ni voto.
Tachándose a sí misma de cobarde, cuando al más mínimo obstáculo salía corriendo como un ratoncillo asustadizo en busca del refugio más idóneo.
En cuanto a Evolet, agradecía que se mordiese la lengua pareciendo frustrada la mayor parte del tiempo a su alrededor al saber que las cosas no estaban bien.
Demostrándole de esa manera su apoyo después de hablar con Ethan, y este calmarle de alguna manera, asegurándole que aquello no se estaba haciendo con el fin de dañar, porque él no saldría perjudicado en ese acuerdo, y la discusión prosiguió, pero no supo cómo terminó al haber huido para ir al encuentro de su firmamento particular, que ahora lo tenía terminantemente prohibido.
Tampoco sabía cómo interpretar los silencios del marido de su amiga, cuando solo se mantenía al margen apoyándole, porque se lo manifestó abiertamente con la felicitación que le dio al enterarse de su relación prospera con Ethan.
Sin contar, que le resultaba una tarea titánica ignorar la forma en como la miraba Lady Catalina, al ser tan transparente a la par que no disimulaba lo dolida que se hallaba, pese a que por ningún motivo dejó de procurarle, y ser partícipe de pequeños momentos que atesoraba en su corazón, siendo una de las cosas más valiosas que tenía.
Como los paseos que daba con su madre, y la pelirroja en el Hyde Park, en donde se enfrascaban en una conversación pacifica que terminaba en un tema acalorado, que casualmente giraba en torno a ella.
En donde su madre se quedaba sin argumentos, actuando a la defensiva mientras la pelirroja con unas explicaciones validas le demostraba, que, tras lo poco compartido la habia aprendido a conocer como otros no lo hacían.
Y por eso en esos momentos lamentaba que no estuviese presente en la rutina cómoda en la que habían caído, dejándole sola con su madre para tomar ese paseo al tener que solucionar algo en el castillo.
Con cada paso que daban se tornaba realmente incomodo.
Respirando mejor en el Montrose House, que al aire libre.
Si era sincera consigo misma, nunca habia disfrutado de la compañía de la mujer que la trajo al mundo, cuando tenía tanto en su corazón que se callaba para no agobiarle. Pero los sentimientos descontrolados en su interior amenazaban con colapsar.
No era un buen momento para eso, y aunque lo sabía insistió para que tuvieran un tiempo madre e hija, no pudiendo negárselo cuando era uno de los seres más importantes de su existencia.
Por eso, se preparó para lo que venía.
Se dejó dirigir todo el camino en silencio, a la espera de lo que tenía para decirle con respecto a su presencia en Inglaterra, pero la charla insustancial predominó hasta regresar al castillo de los Montrose, no pudiendo ser paciente por más tiempo, asi que, sin más se dejó llevar ni bien estuvo frente a la escalinata frenando en su propósito de regresar a sus aposentos, con un suspiro tartamudo al ver la imperturbabilidad de su madre con respecto a todo.
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Editado: 16.03.2026