STEWART & COLEMAN
Solo pocos pueden entender, lo que el amor mal demostrado llega a doler
—Necesito respuestas ya, Coleman —exigió Kendrick Stewart, Duque de Montrose, a punto de formar una maldita guerra acabando con el que se pusiese frente a él, no importando que fuese el mismísimo padre de su ahijada con tal de cobrar todo el daño que la habían hecho por años —. No esos putos pañitos de agua tibia —no soportaría una evasiva más —. Necesito la verdad de lo que hiciste para según tu mantenerle con vida, y la quiero ya —no habia cabida para replicas.
Estaba a nada de cometer un crimen, y disfrutaba con la simple idea de llevarlo a cabo.
—Necesito un trago —soltó con los hombros caídos y rendido el rubio de ojos color miel, que en cuestión de segundos había envejecido de manera considerable —. Te lo diré todo, pero en un lugar más indicado, y de preferencia con una botella en la mano —seguían frente a la escalinata que daba a la segunda planta, a donde se habían dirigido ni bien escucharon los gritos, porque todos estaban abstraídos en sus obligaciones, y fue un milagro que se hallasen en casa, pues por lo menos el acababa de hacer arribo al terminar unas reuniones de la cámara de lores, mientras que Catalina aparentemente estaba punto de salir al encuentro de la condesa viuda de Portland, al ser solicitada con urgencia arrastrando con ella a Aine, y en cuanto a Archivald y su nuera, pues se hallaban disfrutando de los mellizos antes de que este saliera a un corto viaje que necesitaba que lo hiciera específicamente él.
—¡Robert! —chilló alarmada la señora Gilma Wayne de Coleman.
—¡Cállate! —ladró haciendo que respingase, mientras se pasaba a mano por la cara y volvía a ponerse las gafas —. Te esperamos en el despacho, donde encontrarás las respuestas a todas las dudas que inundan tu cabeza —le mostró el camino a la rubia con una de las manos, pero esta negó fervientemente —¡Gilma! —siseó en tono amenazante.
—Antonieta me necesita, y…
—No puedes hacer más de lo que ya provocaste, asi como eres la última persona que necesita ver en estos momentos.
—Pero es mi hija —soltó con ridícula altanería, tratando de defender lo que no tenía sentido.
—Y ella decide con quien se siente resguardada, y evidentemente no es con nosotros ni por asomo —la rubia quedó muda ante la respuesta de su marido —. Después de ti, Gilma —con el cuerpo tenso, y más que derrotada encabezó la marcha seguida por su marido, mientras Kendrick se quedaba rezagado indicándole a Archivald que se regresase con las mujeres de la casa e hiciese el control de daños, pero este se empeñó en acompañarle con una mirada que hizo apreciarse cauteloso, porque la habia visto una vez, y fue cuando empezó a tomar las peores decisiones de su vida, que casi le cuestan el amor de esa loquita americana, que era una de las almas más puras que habia conocido en su vida.
Cerrando la marcha Kendrick intentó calmarse, pero se puso aún más alerta y con la sangre caliente burbujeándole en las venas, cuando encontró a Robert tomando del pico de la botella de wisky como si fuese agua.
Definitivamente necesitaba no perder los papeles, pero se le hacía imposible cuando esa chiquilla era una de las partes de su mundo, y lo único que quería era quitarle la expresión cansada y mortalmente triste que se habia instalado en su rostro y por ende inundado su alma, siendo el peor de los contrastes el verla lastimada, cuando nadie. Absolutamente nadie. Poseía la validez suficiente para si quiera quedársele mirando, pero su madre estaba lejos de intuirlo, porque continuaba respirando por la misma que agredió, como si no fuese suficiente su exceso de confianza a la hora de tomarse esas descaradas atribuciones.
Carraspeando ingresó a la estancia, haciendo respingar a la única dama presente, que se hallaba en uno de los extremos del salón, mirando por el ventanal siendo consciente de los movimientos de todos, pero sin atreverse a enfrentarlos.
Bufó y sin sentarse en la silla que correspondía se quitó el saco que portaba tirándolo a cualquier lado, para acto seguido remangarse la camisa hasta los codos mientras se acercaba al escritorio, y apoyaba la parte baja del cuerpo en este cruzándose de brazos, esperando que por iniciativa propia comenzasen a hablar.
Contó diez segundos, aguardando a que Robert se terminase de beber el contenido de la botella, antes de replicar entre dientes exasperado.
—Si lo que quieres es caer inconsciente, es hora de decirte, que, primero te regreso la sobriedad a puñetazos antes de que tengas el valor de huir como un cobarde.
—¡Padre, por favor! —intentó interferir Archivald, que se hallaba cerca de una de las estanterías de libros, ganándose una mirada de muerte de su parte.
—Si me seguiste para tratar de interceder, es mejor que tengas claro, que, si es necesario también recibirás una buena reprimenda —en respuesta el pelirrojo de ojos verdes entrecerró los ojos y formando una fina línea con sus labios, cerró sabiamente la boca —¡¿Coleman?! —ladró con la intención de enderezarse para ir a cobrarse la afrenta de manera poco civilizada.
—He intentado mantener a Antonieta viva desde que nació, que no recuerdo cuando fue la primera o última vez que me detuve a pensar en que quería, o si quiera cuanto le afectaba los experimentos que hacía con su cuerpo —apretó la mandíbula, obligándose a morderse la lengua y mantenerse quieto —. Desde los primeros meses de vida me esforcé para que tuviese una existencia normal, pero los ataques por falta de oxígeno y su corazón acelerado eran una constante, y el único alivio que tenía era la sangría —los dos pelirrojos sintieron un nudo en la garganta —. He… he perdido la cuenta de cuantas veces he cortado la piel de sus brazos a lo largo de los años, porque cada procedimiento nuevo era un fracaso —lo vio ir por una nueva botella, sin parecer que estaba ebrio —. Al principio solo me limité a buscar en libros, a investigar con colegas, hasta que los viajes resultaron la mejor opción, y en cada uno de estos regresé con una nueva idea, que, aunque era antigua al no haberse practicado en siglos o en América, se podia considerar innovadora —lo vio sonreír con amargura —. Comenzando con el método chino basado en la técnica taoísta, que mayormente se enfoca en la fuerza que rige el universo y el papel que juega en esto el ying y el yang —la incredulidad estaba plasmada en el rostro de Kendrick y Archivald, que solo escuchar la idea resultaba descabellado y planteársela llevándola a la práctica les resultaba una completa locura —. Accediendo a poner en marcha la acupuntura, colocando en su pequeño cuerpo cientos de agujas, sin detenerme a cavilar que una niña de ocho años no podia asimilar mi manera de demostrarle que estaba intentando mantenerle con vida, porque es lo que más amo en este mundo —de estar apoyado en el escritorio, en un instante se apreció con una mano en su cuello y la otra arriándole un puñetazo que le supo a poco, pero que por el momento tenía que bastar.
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Editado: 16.03.2026