ALISTAIR
«Mi muy estimado y lindo hijo, producto del sentimiento más puro que puede experimentar el ser humano, te recomiendo de manera en extremo misericordiosa que aparezcas para la celebración del compromiso de Antonieta, porque yo no he criado llorones cobardes que se amedrentan por una insignificante negativa.
Porque se lo que sienten y que eres correspondido, pero no saben cómo lidiar con aquello.
Por algo te di la vida, y soy intensa en lo que ustedes respecta.
No me hagas recordarte, que, quien te dio la vida es la misma que te puede regresar al lugar del que saliste, ya que no le tiene miedo a las represalias del creador, pues poseo derechos cuando te he tenido que soportar por más de veinte años.
Te manda besos y abrazos una madre amorosa que te ama y extraña.
Exigiendo verte en la brevedad.
Catalina Stewart»
…
O daba señales de vida o le arrancaban el alma a zapatillazos.
Su santa madre era una mujer preciosa que velaba por el bienestar de sus hijos, aplicando el dicho de si yo te di la vida tengo todo el derecho a magullarte.
Sin embargo, no se sentía con la sangre fría necesaria para presenciar el acto, de paso aplaudirlo y no conforme con eso desear un en hora buena, que, en definitiva, lo volvía profundamente desdichado.
Arrastrándose como un imbécil infeliz, no ayudando haberse mudado a su aparente lugar seguro, cuando todo le recordaba a ella.
Hasta su aroma estaba en el ambiente.
Y aunque debía verlo como un error por haber mancillado su lugar, lo único que podia era agradecer, ya que tenía algo de ella.
De su ser celestial particular, que no le cabía en esa testaruda cabecita que por ella daría lo que fuese, asi saliese damnificado.
Porque no es que tuviese alma de mártir.
Nada más lejos de la realidad.
Solo le habían enseñado que el amor era libre de cualquier tipo de ataduras, pese a que estuviesen estipulado ciertos parámetros en la sociedad para vivirlos.
Unos por los que encantado pasaría, porque no tenía ningún tipo de oposición al respecto. No obstante, Antonieta no estaba presta para vivirlo con su persona, y debía entenderlo y aceptarlo, pues no podia obligarle, pero eso no quitaba que su corazón estuviese latiendo de manera dolorosa, a la hora de verse traicionado por su propio cuerpo, porque claro que accedería a la amable invitación de su madre, solo necesitaba infundirse algo de valor, y su mejor aliado sería el licor.
Por eso, es que había hecho una parada técnica en Brooks, arrastrando consigo a Ros, sin ser solicitado, pero al tener el empeño de resarcir años de retraimiento, si así es que se le podia llamar a la cobardica que habia tenido para enfrentar sus propios demonios, dejando que cargase a cuesta con estos, pues no se lo impediría, ya que no habia sido criado para guardar rencores.
Aunque estaba siendo un dolor de huevos, cuando cada que podia trataba de arrebatarle la bebida.
Haciéndolo bufar, y rodar los ojos fastidiado por su actitud de santurrón consumado.
—No sabía que mi preciosísima madre te hubiese reclutado para que hicieses de mi niñera particular, porque te recuerdo que tenemos la misma edad y en cuestión de cuidados te llevo unos cuantos años —apreció como el rostro del rubio se tornaba mortalmente pálido, mientras una capa de oscuridad se pasó por sus ojos marrones casi negros.
Sabía que estaba siendo cruel y un mal amigo, pero solo quería que despertase, porque ni Aisling ni él, estarían toda la vida para respaldarle.
—Se… Se que me he comportado como un imbécil, pero no sé cómo disculparme, cuando desde un inicio no te pedí que intercedieras por mi —enarcó una ceja con la copa en los labios —. Y no es que sea malagradecido, solo estoy diciendo una verdad que no me atrevía a exteriorizar por miedo a hacerte sentir mal, o quitarle valor a tus acciones que me dieron algún tipo de calma en Eton, aunque con el pasar del tiempo me quitaron algo de valía y respeto —tendría que sentirse ofendido, pero se apreciaba orgulloso de que fuese la primera vez que tuviese las agallas de decirle las cosas a la cara, y no solo se resignara a lo que decidiesen por él.
—No soy de los que espera algún tipo de agradecimiento o disculpa, cuando hago las cosas con el mero interés de sentirme bien conmigo mismo, y los valores que me inculcaron —cosa que no tenía que aclararle, pero sentía la necesidad —. Asi que no te sientas con el deber moral de corresponderme o intentar tener algún tipo de lealtad, porque no estaba acariciando tu orgullo, sino siéndole fiel a mí mismo, y a algo que tengo contigo y llamo amistad.
—Amistad que aprecio, y es por eso mismo que te tengo que dar la razón en cuanto a mis problemas de confianza. Solo sigo sin saber cómo lidiar con la presión social, y ahora que el cualquier momento me haré al título de mi tío simplemente el agobio me está sobrepasando —y tras la confesión lo vio empinarse la copa que le acababa de hurtar —. Al igual que no me sentó bien el caer en cuenta de lo que te privé solo por andar de mi cuidador particular —abrió la boca para contestar ante eso, pero una tercera voz se unió a la conversación, haciendo tensar a su amigo, pues para hacer énfasis en su presencia le puso una mano en el hombro de manera aparentemente “Fraternal”.
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Editado: 16.03.2026