ANTONIETA
La espera se le hizo interminable, como si ir de camino al lugar no le hubiese dado que pensar y arrepentirse, retractándose al instante, porque Alistair Stewart era lo que quería.
Lo que deseaba para su alma.
Ni bien lo vio llegar por el gran ventanal se estremeció, con las piernas temblorosas para cuando sintió la mirada de este en su nuca, encontrándose con aquella cuando tras una bocanada de aire tartamuda se giró, topándose con su sonrisa socarrona que le hizo intuir que no se lo pondría sencillo.
—¿Vinieron a que les diera mi bendición? —soltó en tono falsamente divertido, haciendo que cerrase los ojos y apretase los parpados, degustando el tono de su voz con ese acento marcado que le provocó un suspiro ahogado.
Cuanto habia extrañado escucharlo, y sus recuerdos claramente no le hacían justicia.
» Me preparé para médico, y claramente no quiero ni pretendo ser el padre de la dama, pero con gusto pue…
—Deja de comportarte como un imbécil, cuando fuiste quien promovió esta situación —¿Qué? —. Asi que tus absurdos celos no tienen ningún tipo de justificación —terminó Ethan en tono de advertencia combinado con irritación.
—¿De qué están hablando? —soltó tras mirar a su prima que se encontraba sentada en un extremo mirando todo con sumo cuidado, con el ceño fruncido tratando de entender lo que estaba ocurriendo, mientras el señor Howard pestañaba con presteza mientras bostezaba, tan desinteresado por el tema, pero consciente que no podía dejarlas solas en esa locura, aunque su prima la mayor parte del tiempo le hiciese desplantes que el soportaba con tal de ganarse su perdón.
Alistair, y Ethan se sumieron en un sepulcral silencio ante su pregunta.
Siendo el último el único que trató de abrir la boca, pero el pelirrojo fue más rápido cortando lo que tenía para decirle.
—Déjennos solos —pidió en un tono que la alertó, pero no precisamente porque le fuese a hacer daño.
Consiguiendo que su prima Serafina que entrometiese poniéndose en medio de ellos.
—De ninguna manera —soltó a la defensiva —. Por algo la acompañé —vio como Alistair levantaba una ceja y se metía las manos a los bolsillos —¡Liam! Has algo. Demuestra para que te traje —espetó haciendo que este suspirase mientras iba a su encuentro en todo momento negando con la cabeza hastiado.
—Stewart no pretendo entrometerme en un asunto que está lejos de incumbirme, pero la dama es mi responsabilidad, y…
—Apreció gratamente sus intentos de preocupación, pero si está aquí es porque quiere estar conmigo, o mandarme definitivamente al carajo, y claramente en eso no tienen cabida —asintió Liam concordado con el pelirrojo, dando dos pasos atrás sin insistir haciendo que su esposa lo mirase de forma asesina, no pareciendo para nada preocupado por lo que se le venía.
—No me provoqué matasanos —advirtió mostrándole uno de sus dedos Serafina.
—Espero recuerde que los que están invadiendo moradas ajenas son ustedes, y le repito que mi asunto a tratar es con Antonieta, de pronto con Walsh, pero no con ustedes, señora, asi que, por favor —le mostró con la mano la salida —. Walsh, hazme un último favor —miró al castaño y le guiñó un ojo —¿Quieres ayudar al pobre hombre con la fiera que tiene como esposa? —este suspiró de manera dramática, y mirando hacia el cielo en busca de paciencia, tomó del brazo libre a la prima de Antonieta, que comenzó a forcejea con los dos hombres, pero en ese momento espabiló, y fue la única que la hizo entrar en razón.
—Te pedí que me acompañaras, no que te entrometieras más de lo necesario en la situación —soltó con un tono que no llegó a ser cortante, pero de igual manera ofendió a su pariente, que no se contuvo a la hora de replicar.
—Estás tan obnubilada con el hombre que tienes en frente, que no te has dado ni por enterada que aquí hay gato encerrado —eso la hizo enojar.
Ese tono insufrible es algo que no podia aguantar.
—Deja de comportarte como la copia de Emily, porque no estás tratando con una estúpida indefensa que tiene que recurrir a ti para solucionar tus problemas, cuando no te invité, si no que te agregaste a una situación que está lejos de competerte —Alistair silbó mientras Ethan le dio un codazo en el estómago que le sacó el aliento poniéndolo a toser, mientras que Serafina la miró por un interminable minuto con la tensión palpable en el ambiente para acto continuo resoplar levantar el mentón y salir airada del salón seguida por Liam, cerrando la marcha Ethan, no sin antes informar que quedaba en manos del pelirrojo pues llevaría a Serafina y Liam al Montrose House.
La conversación no inició cuando se quedaron solos, porque sencillamente sentía la lengua entumecida, y la necesidad de reparar todo el daño causado la hacía sentir ansiosa y con las palmas de las manos picándole. Abriéndolas y cerrándolas, mientras cerraba los ojos tratando de sentir su aroma en el ambiente, porque seguían demasiado lejos y de alguna manera deseaba advertirse arropada por su esencia.
Aquella, que, de alguna manera, le alivió todas sus dolencias.
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Editado: 16.03.2026