SueÑo (im) Posible || El Matasanos & La Moribunda * T.E Ii

XLVI

NARRADOR OMNISCIENTE

Presente…

Al principio se instaló en el aire un silencio teatral tras la pregunta formulada por Lady Catalina Stewart, Duquesa de Montrose.

Siendo una respuesta bastante obvia, sin embargo, todos esperaban que la pareja que se estaba mirando embelesada como si su alrededor se hubiese desaparecido los sacara de la duda.

Teniendo que carraspear con fuerza, y en sincronía el trio que habia sido invitado por el pelirrojo que pestañeó con rapidez, le regaló una sonrisa la rubia besándole el dorso de la mano en el proceso para después fijarse en su alrededor tratando de dar una respuesta, pero Antonieta Coleman le apretó la mano, pidiendo de manera silenciosa que la dejara hacerse cargo de la situación, después de todo, ella era la novia, y fue quien la propició.

—La boda sigue su curso, pero con una ligera variación —soltó en tono alto sin titubear, pese a que las manos le temblaban, y el rostro se le encendió, dándole un lindo tono rosado que la hacía ver hermosamente viva —. El novio ahora es Alistair Stewart, y el padrino Ethan Walsh —todos, sin excepción, abrieron los ojos como platos creando un silencio más espeso, si es que eso era posible, no obstante, la tensión que se respiró tras la declaración fue cortado por un grito de júbilo de la primera persona que reaccionó y fue a su encuentro, saltándole casi encima, a duras penas sosteniéndose la rubia, cuando la pelirroja de ojos azules, que conocía bastante bien, enrollaba los brazos en su cuello abrazándole con fuerza mientras se reía en su oído, sacándola de la sorpresa inicial, para con la mano libre que le quedaba corresponderle.

—Yo sabía que podia confiar en mi nueva hermana —soltó pletórica en su oído —. Gracias por no matar mis esperanzas, y decidir pertenecer a nosotros para siempre —antes de que pudiese responderle le fue arrancada de los brazos por su hermano, que negó de manera reprobatoria mirándola con una sonrisa en los labios cómplice.

—La euforia déjala para otro momento, porque queremos casarnos, y si sigues por ese camino esto se convertirá en un duelo, porque Archivald y padre tienen la misma expresión asesina en el rostro, y no va especialmente dirigida a nosotros —Aine Stewart se envaró y miró de manera poco disimulada a las personas que les fueron mencionadas, sabiendo que era momento de regresar, mientras les sonreía y saludaba con una falsa inocencia.

—Mis disculpas, el momento sigue siendo suyo —soltó en tono dramático solemne con una mano en el pecho al lado del corazón.

Retrocediendo hasta caer en los brazos de su prima Lady Ángeles MacGregor, que la resguardó sin problemas, a de alguna manera entender lo que estaba ocurriendo con su joven pariente y respaldándola de algo que no tenía por qué ocurrir en ese momento, pese a que Ethan Walsh la miraba de forma penetrante, siendo notado por su familia que lo observaba con los ojos entrecerrados, en especial su madre Rose Walsh, que dentro de ella se alegraba de que la señorita Coleman hubiese rectificado a tiempo, y estuviese siguiendo lo que dictaba su corazón.

Siendo la noticia del momento, y lo que seguramente se ganaría ser el objetivo principal de la gaceta de Lady Chatty. Un pequeño precio, ya que, una vida de vacío no se podia comparar con un chisme que sería olvidado sin hacer mella en su reputación, porque claramente seguiría teniendo a damas que darían lo que fuesen por un poco de su atención.

Un ejemplo de aquello, Lady Aine Stewart.

La hija pequeña del duque más sobreprotector de Inglaterra y Escocia.

—Satanás es mi hermano, pero me alegro de que hayas recapacitado —fue el turno de Evolet de intervenir, pese a que su marido trató de frenarla al ver su equivocación, poniendo a jadear a la madre de Ethan en silencio mientras su marido la tomaba por la cintura, y sus hijos se colocaron a la defensiva tras ser revelado aquel secreto, que ponía en entredicho el nombre de la familia Walsh, aunque no se veían angustiados. El castaño de ojos miel se advertía expectante y entretenido por como Evolet intentaría salir del embrolló en que su lengua la metió —. Mi hermano de corazón, porque no se necesita tener la misma sangre para sentirlo de esa manera —intentó excusarse al darse por enterada que dijo aquello en voz alta, pero el susodicho la frenó para que no siguiera dando explicaciones que a nadie le tenían que importar. Empezando porque estaba a nada de volver a meter la pata.

—Es mi hermana de sangre y eso es algo que a ninguno de ustedes les afecta —dijo con tono contundente y amenazante pese a lo sereno que se escuchaba —. Después de todo, estamos con gente respetable y en confianza y si sale de aquí solo queda descartar y en cuestión de nada daré con el que le otorgó la primicia a la chismosa número uno de Europa, aunque no creo que alguno se atreva a siquiera pensar en dañar a la próxima Duquesa de Montrose.

—¿Qué te hemos dicho de amenazar? —soltó en tono calmo Elijah Walsh, con una sonrisa de medio lado cuando se aseguró con la mirada de que su familia no se apreciaba afectada.

—Que lo haga sin testigos —este se carcajeó por la respuesta obvia que le otorgó.

—Y por eso eres el que más se parece a mí —dijo con orgullo sacando pecho, mientras Ethan asentía, tratando de continuar con su exposición.

—De igual manera, solo estoy recalcando lo obvio y haciéndole ver a mi hermana que no es una vergüenza tener la misma sangre, sino un privilegio del que no pienso privarme solo para no mancillar las ridículas normas que fueron implantadas por unos mequetrefes estirados, que tienen más pecados encima que todos los que estamos en este momento esperando que el matrimonio sea oficiado.




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