ANTONIETA
Era de su completa comprensión lo que estaba ocurriendo, aunque debió percatarse de las señales a tiempo.
Los cambios en su cuerpo eran notorios.
Sin embargo, al ser de alguna manera presentes en su día a día, o en algún momento haber sido parte de su vida, no vio los pequeños detalles.
Las náuseas, los mareos, la ausencia permanente de su regla.
Los grandes y adoloridos que tenía los pechos.
El ganar peso pese a su poco apetito.
Los dos últimos siendo irregulares en su día a día, y de igual manera decidió no darle importancia.
¿Por qué?
Sencillamente, porque era demasiado pronto.
Porque no se vio de esa manera. Porque ser madre ni siquiera era algo que considerar, cuando lo único que le habían inculcado fue a mantenerse con vida no a darla.
Es que, ni siquiera pensaba que podria ser remotamente posible con un cuerpo tan débil.
Por eso le dio el espacio a Alistair, porque ellos ni siquiera habían hablado de ese plan, cuando decidieron vivir el día a día sin nada que los atormentase.
Y no decía que un bebé fuese un obstáculo, pero resultaba demasiado pronto para… para todo.
Y, sin embargo, dentro de ella sintió que algo se movía, haciendo que abriese los ojos mandándose la mano al vientre ligeramente abultado, y soltase un jadeo de sorpresa involuntario que provocó que las mujeres que la acompañaban se aproximasen con rapidez para verificar que todo estuviese en orden, al seguir asustadas por el desmayo.
—¿Te duele algo? —Evolet fue la primera en avasallarla con preguntas cargadas de preocupación —. Últimamente los desmayos y tú se han vuelto amigos, y no creo que sean precisamente por tu enfermedad, cuando en el pasado solo ocurría cuando tío Robert te sangraba y… —se puso las manos en la boca intentando parar su verborrea cuando avistó el rostro sombrío de Lady Catalina.
—Leonor —llamó su madrina a la doncella, que estuvo a su lado todo el tiempo, y diligente se cuadró para escuchar sus exigencias —. Por favor tráele un té, o alguna de tus bebidas levanta muertos —abrió la boca para negar, mientras Leonor salía corriendo en búsqueda de lo pedido —¿Necesitas a Alistair? ¿El desmayo fue más grave de lo que aparenta y no quieren decírnoslo? —boqueó sin saber que decirle —. Alistair te examinó con una seriedad que me tiene pensado. Sin decirnos nada, aparte de que estás bien, salió corriendo como si… como si …
—Como si necesitase organizar mis ideas para darles la mejor noticia de todas —el aludido apareció frenando las especulaciones escabrosas de su madre, porque todos sabían lo que su mente podia fraguar y hacerlo ver como la conspiración de una posible guerra, siendo apoyada con ideas de Evolet y Aine. Agradeciendo que la pequeña pelirroja últimamente prefería quedarse en casa, a Londres estarle aburriendo mortalmente, aunque Antonieta sabía que era por la partida de Ethan, la cual debió ser al día siguiente de su boda, aunque se retrasó por asuntos que no podia dejar en manos de terceros, pero ese mismo día a la madrugada zarparía su barco de regresó a América, sin fecha de retorno.
Convirtiéndose inevitablemente en la primera desilusión amorosa de la pelirroja, y pueda que ella no supiese demasiado con respecto al tema, pero era algo que tenía que vivir y superarlo sola.
Por otro lado, Antonieta se tensó por las palabras de su esposo, analizándolo con insistencia, mientras sentía el corazón en la boca, y se acomodaba en la cama quedando apoyada la espalda en el respaldo, cuando apreció que la cabeza le daba vueltas, y no era buena idea levantarse.
—Espero que no catalogues como buena noticia que mi amiga prontamente pertenecerá al barrio de los acostados, porque utilizaré mis habilidades sacadas a relucir sin mi consentimiento, solo para que te retractes de tus pensamientos, porque como Antonieta ninguna —el pelirrojo alzó las cejas sorprendido por las palabras de Evolet, y curioso por la particular defensa que parecía creada para ofender, mientras Antonieta negaba mirando enternecida a su amiga, que, sin importar las incoherencias o lo poco sutil que solían ser sus palabras, siempre estaba para ella.
Esa era su almita gemela.
—Respira, hija —soltó Lady Catalina, abriendo el abanico y moviéndolo para darle aire —. Te estás poniendo morada —Evolet boqueó asintiendo, mandándose una mano al pecho siendo asistida por la pelirroja mientras Archivald entraba tras su esposo, yendo directamente al encuentro de su amada enfrascándose en una conversación que los excluyó pese a que eran el tema principal, dándoles algo de privacidad, consiguiendo que sin ser visto Alistair se acercara hasta sentarse a su costado, tomase su mano besando la palma con una devoción que la hizo jadear de manera silenciosa, para después mirarse a los ojos con un brillo sinigual y tan idéntico, que sintió como volvía a removerse la criatura en su vientre, mandándose la mano libre al lugar indicado, a la par que advertía como este seguía el movimiento con sus hermosos ojos azules.
El embarazo no era reciente, pues si se guiaba por las especulaciones que tenía en la cabeza, el bebé habia sido engendrado la primera noche que pasaron juntos en el lugar que ahora estaban. En su casa. En el Toni Palace.
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Editado: 16.03.2026