Sueños cruzados

CAPITULO XII.

   Las semanas siguientes las pasaron juntos sin contratiempos. Phanie se había marchado de la ciudad para una sesión de fotos así que nada había interferido entre ellos. Salieron a diferentes lugares y se conocieron aún más dando paso a hacer mas fuerte el sentimiento.  Emily le presento a Travis a su padre quien quedó encantado con él.  Resultó que Arthur era un apasionado secreto del fútbol y se pasaron horas hablando sobre jugadas. Emily los observó con alegría y luego de la visita Travis se fue a su casa sonriente. Por primera vez en mucho se había sentido parte verdadera de algo. El amor que profesaba Arthur por su hija y viceversa era mágico... Se sintió parte de una familia.  

      El lunes en la tarde. Después de las clases,  Travis llamó A Emily para invitarla a su casa. Ella aceptó encantada y después del trabajo, la pasó buscando por el café y emprendieron camino. Se lo pasaron hablando de él campeonato que daría comienzo dentro de tres meses.  Travis le contó emocionado la ilusión que le causaba cada vez que podía jugar con equipos más reconocidos que el suyo. Sentía como iba ascendiendo más profesionalmente, y mostrar su talento le causaba una inmensa felicidad.
   - ¿Vas a venir a verme jugar? - Emily asintió con una sonrisa y el acarició su mejilla encantado. 
  -... Te dedicaré todos mis goles de hoy en adelante. - ella sonrió ampliamente y luego agachó la cabeza.
  - ¿Y si un día ya no estamos juntos? - Travis transformó su sonrisa en seriedad y aparcó el auto de golpe frente a su casa-.
  - ¡No vuelvas a decir eso!... - ella lo miró apenada-. Nosotros siempre estaremos juntos, e incluso si ese día de separarnos llega... ¡Mis jugadas siempre serán para ti!. - se inclinó hacia donde estaba ella y la besó dulcemente en los labios. No quería ni pensar en esa posibilidad.  
    Se bajaron del auto y caminaron de la mano hacia la enorme casa. Al entrar escucharon risas en el salón principal, Travis miró a Emily extrañado. Ella le miró contrariada.  Le pidió dulcemente que lo esperara allí y se acercó a ver quien era el inesperado visitante.  Se quedó mudo al ver a su padre en el salón, al notar su presencia se acercó a donde el estaba y le dio un abrazo saludandole. 
   - ¿ Que haces aquí? - su padre lo miró con severidad enojado por la pregunta-.
   - ¡ Es mi casa!. No creo que deba anunciar con antelación mi llegada. - Travis agachó la cabeza avergonzado. Se había acostumbrado ya a no tener que reprimirse a cada momento.
   - Ya que estás aquí... - lo adentró más en la sala-... ¡ Déjame presentarte!. - Hasta ese momento se dio cuenta de que su padre no estaba solo. Una mujer rubia de unos cuarenta y tantos años, hermosa y de ojos color celeste, se levantó del sillón para saludarle. 
   - ¡Un placer Travis!... - él la miró dudoso-... ¡ Samuel me ha hablado mucho de ti!. - Travis la miró con desconfianza. ¿ Quien era esa mujer y por qué su padre le había hablado de él?. Las preguntas comenzaron a amontonarse en su cabeza pero no dijo nada. Se limitó a sonreír mientras estrechaba su mano con educación. La mujer le dedicó una cómplice mirada a Samuel -. .. ¡ Soy Diana!. 
    - ¡ Un placer!. - respondió amablemente. Entonces recordó que su chica le esperaba afuera y se apresuró a buscarla. Cuando iba saliendo del salón su padre lo detuvo. 
   - ¿ A dónde crees que vas? - Travis lo miró suplicante -.
  - Ahora no papá... ¡hay alguien esperándome afuera!. - su padre lo miró extrañado.
  - ¿Es tan importante como para dejar a tu padre cuando apenas llega? - Travis lo miró en silencio, sin saber que decirle. Obviamente lo que más deseaba era salir en busca de su chica, pero no tenía las palabras adecuadas para decírselo.

   - No... - dijo con nerviosismo-, ¡solo voy por ella y regreso!. - su padre asintió con desconfianza pero le cedió el paso y Travis salió disparado al encuentro de su chica.          La encontró sentada en el suelo revisando su celular. Se recostó del umbral de la puerta y la miró. Frente a sus ojos tenía todo lo que en su vida había deseado, no había vacío alguno que ella no pudiese llenar, era como si no existiese más nada que ella. Al mirarla, encontraba todo un mundo lleno de posibilidades y aventuras, a su lado tenía una nueva vida, cargada de sueños e ilusiones que jamás se había imaginado fuesen posibles. Estaba fascinado, renovado, feliz... ¡Y todo eso se lo debía a ella!.

   Se sentó junto a ella en silencio, enarcó una ceja sonriente al descubrir que Emily retransmitía algunas de sus jugadas. Ella apartó el teléfono con rapidez al notar su presencia y le dio un golpecito con el hombro. Travis la molesto por un rato y luego se abrazaron en silencio por un momento. Emily apartó la cabeza de su pecho intrigada. 

  - Y entonces... ¿Quien estaba allá?. - La expresión de Travis cambió por completo y Emily sintió escalofríos. 

   - Mi padre.  - respondió de mala gana - ¡Quiere que valla a acompañarlo para presumirme con su visita!. - Emily hizo un gesto de pena, pensaba en lo difícil que debía ser todo eso para el. - ¿Quieres venir conmigo?. - Emily lo miró indecisa,  habia oído suficiente sobre el padre de Travis como para no estar ansiosa de conocerlo. 

   - La verdad es que no me hace mucha ilusión la idea. - Travis la miró desanimado. Ella sonrió dulcemente y asintió con conformismo. La tomo de la mano dándole confianza y caminó junto a ella hacia la estancia principal.

   - Papá... - le llamó nervioso apenas entraron al lugar. Emily miraba sus manos entrelazadas y sentía que todo iría bien. 

   - ¿Quien es esta chica?. - preguntó inquisitivo Samuel,  que les miraba con desconfianza.

   - ¡Es mi chica!... - Diana y Samuel se miraron confundidos, Emily miró al suelo avergonzada,  pero Travis la haló por el brazo y le dijo con una sonrisa que todo estaría bien. - Quería presentarlos antes, pero no había tenido oportunidad. - Samuel negó con la cabeza, como si respondiese a alguna pregunta en su cabeza; extendió su mano hacia Emily que la cogió encantada.




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