Sueños de Escarcha escarlata

Capítulo 1: La mesa del fondo

Dimitri, siendo un cronómetro humano con su rutina diaria, comienza a alistarse 40 minutos antes de la hora de la reunión, sabiendo que tarda 20 minutos en vestirse y salir de casa, y otros 20 en tomar el transporte hacia el punto de encuentro. Antes de irse, se echa un último vistazo al espejo y se va.

Calculado como estaba, llega según lo previsto y sus amigos, a los pocos segundos después de su llegada, están sentados en la mesa que ya habían adoptado como tradición. Sin más, empiezan a pedir bebidas, al principio ligeras, y comienzan a platicar de novedades en sus vidas.

El primero en hablar es Alexey, responsable de que Dimitri esté allí conviviendo también.

‒ Sigo soltero por mi propia voluntad, todavía no tengo intenciones de ponerme la soga al cuello.

‒ ¡Eh! ¡Eh! Tampoco hables del matrimonio como si fuera un pelotón de fusilamiento —defiende Faddei, el casado que ya está en la dulce espera—. Eso lo dices ahora porque ninguna mujer decente ha tenido la paciencia de aguantar tu genio —termina su comentario con una sonora carcajada.

‒ Es la verdad, camarada. Yo pensaba exactamente igual hasta que una buena moza me ablandó el corazón —agrega Mijaíl, cuyo comentario puede deberse a que hace poco tiene un amorío con una chica que es, al menos, diez años más joven que él. No han hablado mucho sobre el tema, pero lo que se ha discutido al respecto es que no está en edad de experimentar con jovencitas; además, que no se ilusione, que puede dejarlo tarde o temprano por alguien más joven. Sin embargo, sigue insistiendo en que es todo un galán, sin necesidad del confiable azul.

‒ ¿Desde cuándo se le llama "buena moza" a carne tan tierna que apenas acaba de dejar las escuelas del Partido? —mofa Nicolay, el más viejo de todos, con 45 años, casado, con dos hijos y con una fama bien ganada de mujeriego, sinvergüenza y rompecorazones. Hace unos años, todos los presentes le preguntaban cuál era su secreto para que las mujeres cayeran tan rápido en su trampa.

A lo que él siempre respondía que había un solo elemento fundamental para que una mujer no te niegue nada.

1: Hablarles de la manera apropiada, claro; esto no se refería a conversar como si fueras un viajero en el tiempo, como en la época victoriana. Se trataba de emplear las mismas técnicas de manipulación que utilizan las mujeres, pero para hombres: llevar siempre la contraria y reprochar cada falta de interés.

Esta estrategia también comentaba que tenía sus desventajas, como que muchas se iban; pero al final del día, por cada diez mujeres a las que él molestaba, dos se quedaban por la atracción a ese tipo de relaciones complicadas, que les gusta el conflicto. La segunda opción se da con aquellas que regresan porque se obsesionan contigo, debido al dolor de su ego golpeado, y lo hacen por querer “vengarse”. Según ellas, te demostrarán y te harán ver lo que te perdiste, pero tú terminas recibiendo la recompensa.

‒ Bueno, aquí el único que sigue siendo un auténtico enigma es el camarada Dimitri —observa Faddei; con su comentario, las miradas se posan en él—. A ver, cuéntanos, ¿qué novedades hay en tu rutina? —le pregunta y todos prestan total atención; vaya que les interesa saber qué hay de él.

‒ ¿Qué quieren que les diga? Continúo solo, atrapado en un puesto gris en la oficina y cobrando un sueldo de miseria —da un largo sorbo a su cerveza—. De vez en cuando visito algún callejón oscuro si el cuerpo lo pide, pero nada más. Los tiempos que corren no están para mantener bocas ajenas cuando apenas puedo con la mía.

‒ Vamos, no nos salgas con que no te ha ocurrido absolutamente nada extraordinario en estos meses —insiste Nikolay. Medita sus palabras y, de pronto, sí, puede que le haya pasado algo.

‒ A decir verdad, dejando a un lado las penurias del día a día, hay un asunto extraño que me viene perturbando el juicio —todos prestan especial atención—. No pasa cada noche, pero sufriendo intensas visiones nocturnas, o más bien, brutales pesadillas. Sueño que habito el cuerpo de personas desconocidas justo en el instante en que van a perder la vida; es una certeza absoluta que me golpea la mente sin mediar palabra. Me veo realizando cualquier tarea mundana y banal a través de sus ojos, y de golpe, presencio de forma espantosa cómo mueren. En ese milisegundo de terror es cuando recupero el conocimiento en mi cama —explica—. No sé si logro transmitir la gravedad de lo que siento.

‒ Te entiendo perfectamente, amigo. Yo también he padecido esa clase de delirios nocturnos al dormir —la respuesta de Faddei sorprende a Dimitri, y le hace pensar que no es el único con el problema.

‒ ¿Y acaso tienes idea de qué clase de augurio representan? —indaga un poco.

‒ Los viejos en los pueblos suelen decir que presagia una transformación profunda, el final de un ciclo y el nacimiento de un orden nuevo. Pero son supersticiones de analfabetos; esos mitos carecen de rigor —le resta importancia.

‒ ¿Y cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que padeciste una noche así? —sigue preguntando un insistentemente Dimitri.

‒ Qué sé yo, hermano, debió ser hace por lo menos dos inviernos —queda consternado con la declaración de su amigo, ya que él ha sido partícipe de esos sueños muy consecutivos.

‒ En mi caso, las visiones me acosan con una frecuencia casi diaria —confiesa Dimitri. Sus compañeros se asombran en un principio, pero luego parecen restarle importancia.




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