Esa misma mañana, mientras se dirige al trabajo, Dimitri observa al niño de los diarios, quien anuncia la noticia principal del día, tratando de atraer clientes que compren el periódico. Por primera vez, siente curiosidad por el mundo, tal vez buscando enfocarse en las desgracias ajenas que lo aparten de las suyas.
Se acerca al pequeño y le da unas monedas a cambio de uno de esos diarios. Luego, recoge su café y sigue su rutina habitual. Al llegar a su lugar de trabajo, atiende algunos asuntos pendientes y, en sus ratos libres, cuando no hay clientes a quienes atender, lee el periódico por partes.
Todo parece normal y nada llama mucho su atención, excepto, tal vez, los crucigramas. Se distrae resolviéndolos poco a poco. Al final del día, ya ha despachado a todos los clientes; el turno no le ha parecido tan tedioso gracias al diario. Se lo lleva a casa, seguro de que le servirá para algo. Antes de guardarlo para usarlo más tarde, le echa una última ojeada y se detiene en las notas pequeñas al final del periódico.
La mayoría son condolencias por personas que han fallecido, y los familiares han querido dedicarles unas palabras, lo que, en su opinión, resulta innecesario. Después de todo, el difunto no verá nada de lo que hacen por él después de muerto; eso deberían haberlo hecho cuando estaba vivo. La intención parece ser más para el consuelo de los familiares, deseando que todos se enteren, como si no pudieras invitar a las personas cercanas al velorio, sino que necesitas hacerlo público para que hasta el pariente más lejano se entere. Entre tanto, se cuela uno que otro deseo de feliz cumpleaños.
Sin embargo, entre tantas dedicatorias, hay un anuncio de un trágico accidente ocurrido en la capital: "Familia muere ahogada tras volcar su automóvil en un río". El título es contundente; en el contexto se explica: "Una familia, compuesta por un padre, una madre y sus dos pequeñas hijas, falleció la noche de ayer en un accidente que provocó que el auto volcara río abajo, cubriendo completamente al vehículo. A ninguna de las víctimas les dio tiempo de reaccionar." Las autoridades locales encontrarán sus cuerpos y explican que el padre, quien era el conductor, no estaba ebrio, así que descartan la negligencia por ebriedad. Asumen que el accidente ocurrió debido al derrape de las ruedas en la carretera congelada por el clima. El impacto fue suficiente para romper la capa de hielo que se había formado en la superficie, atrapándolos en aguas heladas hasta morir.
Por suerte, al leer el artículo, Dimitri está sentado; de no haberlo estado, habría caído de espaldas de un golpe. Tiene que ser pura casualidad, no puede ser cierto, una mala jugada del destino. ¿Cómo podría él haber soñado y predicho el fallecimiento de esa familia? Se niega rotundamente a aceptarlo. Le parece una gran revelación, porque si es cierto, significa que todas las muertes y accidentes horribles que ha visto en sus pesadillas en los últimos meses son… de personas reales.
Necesita despejar sus dudas. Antes deseaba dejar de tener esos sueños para poder dormir tranquilo por las noches, pero ahora no podrá descansar con la incertidumbre de averiguar si lo que sueña puede predecir muertes trágicas o si solo es el universo y su mente jugando con él.
Busca, apresurado, su libreta de notas, donde tiene apuntado el número de matrícula. Ya le había parecido raro que coincidiera con la de su país; al principio pensó que era porque eran las únicas que conocía, y así lo había reflejado su subconsciente. Espera no haberse equivocado; la inquietud de que el código sea el mismo es aterradora.
En la publicación no hay foto del accidente, pero sí la dirección. Lo medita un rato. El lugar queda algo lejos, un viaje que puede durar hasta un día. Tal vez esté perdiendo el tiempo, pero si no va... al final, decide ir mañana muy temprano; si espera al fin de semana, no quedará nada del caso.
Llama de inmediato a la oficina y reporta su ausencia para el día siguiente, debido a una urgencia que no especifica. Recoge lo necesario para ir y volver, y también un extra por si surgen complicaciones. Deja su maleta preparada a un lado de su cama y se sienta en el sillón de su casa para volver a revisar detenidamente el periódico, aun sin poder creer lo que ha leído. Vuelve a pensar que puede estar equivocado, pero sería demasiada coincidencia. Debe salir de dudas como sea; si el número de matrícula coincide, eso significaría un cambio radical en su forma de ver la vida, o, mejor dicho, la muerte en sus sueños.
Al día siguiente, muy temprano, parte con su maleta hacia el centro de la ciudad para tomar un transporte que lo lleve a la capital. Se monta en un autobús junto a muchas otras personas que van en la misma dirección. Nota que, a pesar de la gran cantidad de gente, entre todos ellos, incluida su persona, llevan muy pocas maletas en comparación.
El trayecto será largo, así que tiene que ser paciente. No ha empacado nada para distraerse, por lo que lo único que le queda es observar el paisaje. El tiempo no promete ser bueno; al inicio del día, el clima es habitual, nublado, pero tras un par de horas de viaje, comienza a llover a cántaros. Se distrae observando cómo las gotas de lluvia compiten para ver cuál cae más rápido en el cristal de la ventana.
Sus compañeros de viaje no hacen nada interesante; se escucha, al fondo, un niño murmurando y quejándose de lo aburrido que está. Sus padres le han dado un pequeño auto de madera; bendita sea la mente de los niños, que se distraen con cualquier cosa. Otras personas, en cambio, se concentran en leer. Dimitri daría cualquier cosa por tener un periódico en el que despejar su mente; esta mañana, con la prisa, no ha tenido tiempo de comprar uno.
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Editado: 31.08.2026