Sueños de Escarcha escarlata

Capítulo 7: Confidente de papel.

— Dígame, oficial, ¿qué se le ofrece?

— No tiene buena cara, señor —resalta—. ¿A qué se deberá? —interroga.

— He llegado de un viaje muy cansado y lo que quiero ahora es descansar.

— Pues le tengo malas noticias; tiene que acompañarnos.

— ¿Y eso por qué? —ya sabía que sería uno de los principales sospechosos de la masacre en su trabajo. Aunque podía demostrar que no estaba presente cuando ocurrió, tiene que estar pendiente de no decir cosas de más y no revelar algún dato que haya visto en el sueño. No podría comprobar que conoce eso gracias a una pesadilla; pensarían de inmediato que sabía lo que iba a ocurrir de antemano.

— Las preguntas las haremos en la comisaría; camine —le ordena y se lo llevan así, sucio como vino del viaje, sin mencionar que con poca energía.

Cuando llegan al lugar, lo meten en un cuartucho de interrogación. Lo dejan solo unos minutos, y por más que quiere aprovechar para echar una siesta, no lo hace; no puede bajar la guardia en un lugar así. Al rato, entra un hombre uniformado y se sienta frente a él para empezar con la horda de preguntas.

— Bien, señor Volkov, supongo que ya le informaron de por qué se encuentra aquí.

— La verdad, no tengo idea; me han traído sin explicación —finge estar desconcertado con la situación. Hasta ahora, para los policías, él no sabe nada del altercado.

— A ver si le explico. Hubo un robo a mano armada en el banco donde usted trabaja. Los delincuentes no dejaron testigos y, lamentablemente, le informo que sus compañeros y todas las demás personas presentes el día de ayer durante el altercado murieron.

Intenta recordar los detalles de la visión para poder fingir mejor el shock y la impresión en su rostro. Prefiere no decir nada, esperar a que el hombre lance la siguiente pregunta. No comienza a angustiarse ni a reprochar que no pueda ser posible tal suceso. Mostrar que está muy apegado a sus compañeros y a su trabajo sería algo mucho más difícil de convencer que la farsa en sí.

— Al parecer, le ha caído de sorpresa; si no sabía nada, ¿dónde estaba ese día? ¿Cuál fue la razón para que faltara el día exacto cuando roban su lugar de trabajo?

— No estará insinuando que tuve algo que ver, ¿verdad?

— Yo no hago tal cosa; solo juzgo hechos. Entonces, dígame: ¿De qué índole era el viaje?

La pregunta es clara y la respuesta debe ser contundente. Cualquier cosa que diga puede llevarlo a la investigación, pero no tiene otra cuartada más que contar una parte de la historia verdadera, sin mencionar las razones originales.

— Fue algo que sucedió de imprevisto. Me llamaron para informarme que un conocido sufrió un accidente en el que no sobrevivió ningún miembro de la familia. Fui a identificar los cuerpos —una vez que ha declarado esto, debe mantenerse en personaje. Por suerte, todo lo que dijo puede comprobarse, menos el hecho de conocer a las víctimas.

— ¿Tiene alguien que verifique su cuartada? —indaga.

— Las personas que me atendieron, supongo —responde, manteniendo respuestas cortas.

— ¿Quiénes?

— Un policía y el forense —parece que se le acabaron las interrogantes por ahora. Se queda callado, mirándolo por unos instantes, como si estuviera pensando en qué más decir para seguir reteniéndolo.

— Investigaremos eso; por ahora, puede irse. Recuerde que está bajo sospecha, así que no intente salir de la ciudad.

Les da las últimas instrucciones y lo dejan libre. Él vuelve a su casa con muchas más cosas en mente; ahora no solo debe lidiar con su horrible secreto, sino que también tiene que mantener una mentira para que no lo lleven preso.

El agotamiento no le permite usar mucho la lógica ni la concentración, pero sí puede pensar en una cosa: volver a dormir y enfrentarse otra vez a sus pesadillas, seguir sacando información de ellas. En alguna parte de su ser hay una vaga esperanza de poder encontrar la forma de detener estas trágicas visiones. Así que se recuesta en su cama, dejando que el cansancio haga lo suyo; sus párpados pesan y se van cerrando hasta que entra en el mundo de su subconsciente.

Esta vez, se encuentra rodeado de personas con un uniforme azul y cascos, trabajadores de una empresa, tal vez. No observa ningún comportamiento inusual, pero no tarda en imaginar que la posible desgracia puede ser un mal funcionamiento de las máquinas, o una fuga de gas en las instalaciones seguida de una explosión que acabe con todos ahí presentes. Refleja esta situación como en la visión de su trabajo; donde, por primera vez, no hubo solo una víctima, pero sus pesadillas siempre logran salir con algo nuevo y sorprenderlo. Solo queda esperar y observar.

De los sueños más largos que ha tenido, todo se encuentra demasiado tranquilo; solo ve gente pasando de un lado a otro, pero, a su perspectiva, pareciera que van en cámara rápida. De repente, todo vuelve a una velocidad normal y los empleados comienzan a ir en una sola dirección y acumularse en una zona específica. Dimitri los sigue y, como puede, se abre camino entre la multitud para ver qué está ocurriendo. Cuando alcanza a ver la escena, ve al cuerpo de seguridad sacando el cadáver de un hombre con un poco de sobrepeso, quemado en su totalidad, de lo que aparenta ser un horno gigante. Por lo visto, la fábrica es de metalurgia. Según lo que dicen, al parecer el hombre sufría de narcolepsia, lo que hizo que se quedara dormido dentro del horno, sin intención.




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