Sueños de Escarcha escarlata

Capítulo 10: La naturaleza de la maldad.

Se encuentra en su casa, después de llegar de su cita con el terapeuta. Se da un baño rápido para quitarse lo poco que se ha ensuciado durante el día, selecciona un conjunto de ropa algo formal, con los mismos tonos apagados de siempre; sin embargo, esta es una ocasión especial. Se peina y se da el último toque con perfume en el cuello y las muñecas. Ahora está listo para salir e ir a la reunión.

Como es costumbre, llega con minutos de anticipación, pero esa noche, al parecer, todos pensaron lo mismo, al menos Mijaíl y Faddei, que ya se encontraban allí. Cuando lo ven, levanta la mano para saludar y se dirige hacia ellos, a la mesa de siempre.

‒ Buenas noches, todos hemos llegado temprano ‒menciona.

‒ Todos no; Nikolay llegará un poco después de la hora que ha dicho ‒responde Faddei.

‒ Sí, ha avisado que le surgió un imprevisto con su mujer, pero que lo resuelve rápido y llega para acompañarnos ‒dice Mijaíl.

‒ Pues que nos alcance después; la noche es joven ‒responde Faddei, mientras le hace señas a la camarera para empezar a pedir bebidas‒. La primera la invito yo ‒ofrece.

‒ Es cierto, esta noche es por Alexey ‒continúa Mijaíl, y así comienza la velada en homenaje a su amigo. El cuarto no tarda mucho en unirse a ellos.

‒ Tienen tiempo sin salir a beber, ¿por qué no se aguantaron para esperarme? ‒comenta Nikolay, intentando agregar algo de humor al ambiente; a pesar de que la ocasión es algo seria, no se tiene que recordar de mala manera. Aquella no era la actitud de su amigo.

Pasan las horas conversando sobre anécdotas y momentos divertidos que vivieron junto a Alexey, hasta que llegan a un punto en la plática en el que hablan de cómo cada uno lo va llevando.

‒ Va a hacer falta que nos motive a salir de nuestro encierro, pero siempre será en su memoria la intención de reunirnos en este lugar ‒es Faddei quien habla primero sobre eso, seguido por Mijaíl.

‒ Todos aquí estamos de acuerdo en que él era el alma del grupo. ¿Y cómo lo manejas tú, Dimitri? ‒le pregunta.

‒ Bueno, hoy en la tarde fue mi primera sesión de terapia.

‒ Vaya, a ti sí te pegó fuerte ‒señala Mijaíl.

‒ Sí, pero además he atravesado muchos problemas, y con la pérdida del trabajo y de Alexey, eso fue la gota que derramó el vaso. Necesito liberar tensión acumulada, hay demasiadas cosas en mi cabeza.

‒ ¿Y cómo es? ‒pregunta Nikolay. Él ya sabía sobre esa decisión y quería saber cómo le había ido.

‒ Puras preguntas por ahora; no me di cuenta de cuándo la hora se fue volando y solo llegamos a conversar sobre mi vida hasta ahora ‒explica, y se nota su clara inconformidad con la primera sesión.

‒ Esas cosas avanzan lento ‒explica Faddei, al igual que hizo el terapeuta‒, pero al menos debió darte una primera opinión sobre tu caso, entre toda la conversación.

‒ Pues, a decir verdad, solo hizo una observación sobre mi "obsesión" con el control. Por estar acostumbrado a una vida sin problemas, por ser rutinaria, ahora, con las pesadillas, ese patrón se desestabilizó, y me está pasando lo mismo ‒sus compañeros, lejos de juzgarlo, lo comprendieron; después de todo, ellos llevaban vidas similares, sin sorpresas. La diferencia es que ellos, a través del tiempo, encontraron cosas y personas a las cuales aferrarse. Por esa misma razón no se atrevieron a hablar, y se quedaron meditando sobre qué sería de sus vidas si no hubieran formado esos lazos que tienen hoy.

‒ Al menos es algo, y no suena tan complicado de resolver ‒analiza Mijaíl‒. Por lo que suena, es uno de esos casos en los que te adaptas al cambio, lo adoptas a tu nueva vida o, si, por el contrario, la novedad te hace daño, sabes cómo llevarla hasta eliminarla de manera sana.

‒ ¿Cómo sabes tanto sobre el tema? ‒Dimitri aprecia el apoyo de sus amigos, pero le extraña el conocimiento acertado de Mijaíl.

‒ Era aficionado a la psicología cuando estaba en la universidad. No fue la carrera que estudié, pero aprendí bastante de compañeros que sí estaban en la disciplina ‒relata.

‒ Interesante. El punto es que iré la próxima semana; si en unas cuantas sesiones más no veo progreso, cancelaré la terapia. Sería regalar el dinero ‒menciona‒. Hablando de eso, estoy en busca de trabajo; ¿no tienen idea de dónde puedan solicitar empleados?

Sus amigos le dicen que no tienen conocimiento de ofertas de trabajo, pero acuerdan ayudarlo y estar al pendiente por si se les presenta algo.

La reunión se extendió unas cuantas horas más; al despedirse, todos estaban bajo el efecto del alcohol, pero aun así podían seguir caminando. Con mucho esfuerzo y luchando contra el mareo, Dimitri logra llegar sano y salvo a su casa.

Pero de nada le sirvió no haberse caído en la calle, pues al llegar a su casa se tropieza y golpea con todos los muebles. Se causa leves daños, pero nada serio; no los notará hasta mañana, cuando se despierte y se le pase el efecto del alcohol. Camina con el mayor esfuerzo posible para no seguir derribando cosas. Cuando llega a su habitación, solo logra quitarse los zapatos y el abrigo antes de que su cuerpo caiga en la cama, durmiéndose casi de inmediato.

Esa noche, no puede faltar una de sus visiones. Este tipo de experiencias ya suelen ser diarias, aunque no suelen durar mucho en las últimas ocasiones; aun así, lleva un registro de todo lo que logra recordar al despertar en una libreta. En este caso, comienza de manera calmada: se encuentra en una especie de bar, está sentado en una de las mesas más oscuras y alejadas de la barra. A esta misma llega a ordenar bebidas un hombre de aspecto andrajoso. Para sorpresa de Dimitri puede distinguir el olor; lo atribuye a una simulación del sueño que afecta su sentido del olfato. Pero gracias a eso, y al comportamiento alterado del sujeto, es evidente que está borracho y viene a este lugar en busca de más.




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