Como sea, gracias a esas pláticas, sus jornadas se le hacen menos pesadas, pero no solo presta atención a esa información; también permanece observador de su entorno. Tristemente, como es normal en algunos casos, los que ingresan al hospital no logran salir. Le ha tocado presenciar mucho de eso, como si no le bastara con las pesadillas. Sin embargo, las circunstancias de algunos son extrañas.
Con los pacientes mayores no le sorprende que fallezcan debido a un ataque al corazón o algo por el estilo, pero en gente más joven no debería ser tan frecuente. Algunos mueren en cirugía o llegan tarde y no pueden controlar la pérdida de sangre. No le llamaría tanto la atención si no dieran a todos los familiares la misma respuesta que le dieron a él hace unas semanas cuando solicitó el trabajo. Es extraño que no quieran dejar ver el cuerpo a los familiares justo después de informarles sobre la pérdida.
No era su asunto, pero así no quiera, se entera de ciertas cosas y termina indagando cada vez más. Según lo que escucha, sabe que las recientes muertes son inesperadas, en el sentido de que los pacientes no presentaban síntomas graves antes de morir. Aprendió que existe una condición llamada "recuperación post mortem", que es una mejora repentina antes de fallecer, pero se descarta en ellos, ya que, antes de ingresar, no presentaban nada tan grave, y los que se habían sometido a cirugía habían resultado sin complicaciones. Entonces, que todos perezcan de la misma manera, de forma repentina y misteriosa, despierta sospechas en Dimitri, que parece ser el único que tiene tiempo para pensar en eso; los médicos tienen más pacientes que atender, los familiares lloran a sus difuntos y los demás luchan contra sus propias enfermedades.
No podía estar pendiente de todos los pacientes al mismo tiempo, y mucho menos predecir cuál sería el próximo en morir. Así que tuvo una idea: un patrón en las muertes misteriosas recientes es que suceden en la sala de recuperación. Es irónico, como dando falsas esperanzas de sobrevivir.
Selecciona un pequeño grupo de siete personas en una de las cámaras y las monitorea durante sus turnos de limpieza. Intenta establecer una amistad y platicar con algunos de ellos, pero resultan ser clasistas y discriminadores. Por suerte, este tipo de personas no le afectan; solo les da pena. Solo una de ellas no pareció incomodarse por su presencia; de hecho, disfrutaba de la compañía y la charla. Era un chico joven con la pierna enyesada por un accidente en bicicleta.
—¿Y no tienes a nadie que se preocupe por ti? —parecerá un poco cruel la pregunta, pero considerando la edad y que, en este tipo de ambiente, estos comentarios crean el efecto contrario, lo considera apropiado para romper el hielo. El muchacho ríe un poco antes de responder.
—Tengo familiares al tanto, pero ya confirmaron que no es más que una fractura, así que solo me dejaron aquí a que me recupere —responde como si fuera normal para él quedarse solo en esas situaciones.
—Se nota que te interesa mejorar rápido.
—¿A qué se refiere con eso? —el comentario parece haberlo irritado un poco.
—Me acabas de decir que tus familiares te han dejado aquí, después de saber que no estás en peligro mayor. Estás esperando recuperarte, lo has dicho como si no quisieras que el tiempo pasara rápido para salir lo antes posible de este lugar —no es un iluminado, pero tanto tiempo entre pacientes con tantas historias le ha enseñado a detectar ciertas cosas.
—¿Qué sabrá usted? —lo reta con mirada de desprecio, luego mira hacia otro lado, haciendo corajes.
—De ti, nada, por eso he preguntado. Es raro que un joven se sienta normal en un ambiente así, incluso cómodo, como si nadie realmente esperara —sus palabras parecen molestarle un poco. Ya sembró la semilla, así que lo dejará tranquilo por ahora—, pero quizás me equivoco y solo estoy generalizando —sujeta firme el trapeador y sigue limpiando el suelo alejándose del muchacho.
—No —lo escucha decir—, no estás equivocado; quizás no en todo.
—¿En qué estoy equivocado?
—Claro que quiero salir rápido de aquí, pero con eso de que nadie me espera, es verdad.
—¿Entonces no crees que tus padres estén...? ¿Realmente preocupados?
‒ Ja, por favor ‒rueda los ojos‒. Si preguntaron si estaba bien, era para asegurarse de no ser el bochorno de los vecinos por perder a un hijo. Desde que dejé de estudiar, no hacen más que reclamarme y recordarme lo inútil que soy ‒sus palabras están cargadas de frustración y desprecio.
‒ Quiero suponer que hay muchas razones; la principal sería la situación del país, pero ¿puedes decirme el verdadero motivo por el cual no sigues formándote?
‒ Le atinas otra vez; mi padrastro no es rico, pero se da ciertos lujos, como poner a su primogénito en una escuela privada.
‒ Y a ti, por ser hijo bastardo de otro, te deja de lado.
‒ Correcto. Mamá no hace nada tampoco; ama más a ese hombre y se mantiene a su lado que a mí para defenderme. Apenas logró que el tipo aceptara que me quedara en la casa. Nadie me espera en realidad.
‒ Lo supuse. Si me permites un consejo: está bien alejarte, pero te pierdes al hacer estas estupideces por llamar la atención ‒apenas termina la frase, el muchacho suspira pesadamente y rueda los ojos.
‒ Siempre lo mismo. ¿Por qué la gente piensa que quiero llamar la atención de alguien? ‒exclama, exasperado.
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Editado: 21.09.2026