*actualidad*
Ha sido una semana larga y muy agitada, sobre todo esta noche, en la que ha ocurrido una emergencia en la sala de recuperación. El alboroto no se puede ignorar, y aunque es normal que suceda, a mí también me llama la atención por provenir de la habitación donde se encuentra Stephan.
No puedo ser tan obvio, pero me mantengo cerca. Por el pasillo, deambulo de un lado a otro sin saber qué pasa adentro, pero por los comentarios de mi alrededor, parece que uno de los recuperados tuvo una recaída y sufrió un ataque cardíaco. Puedo imaginarme de quién se trata; solo hay un paciente de edad avanzada en esa sala.
El pasillo se despeja, y puedo entrar a la habitación y ver al chico asustado, aunque intenta disimularlo bastante bien.
—¿Qué ha pasado? —me siento al lado de la camilla.
—Le han inyectado algo a través del catéter —me susurra, a pesar de que estamos solos—. La misma enfermera que nos trae la comida.
—¿Y no la escuchaste decir nada? —el chico niega con la cabeza—. Está bien; ya falta poco para que intervengan en este asunto. Tiene que ser esta semana; Stephan es el único que queda. La atmósfera y las expectativas sobre lo que pase a continuación con él no son muy alentadoras—. Y tú, ¿cómo te encuentras?
—Tengo miedo —refleja en sus ojos y en sus manos, que juegan inquietas—. Falto yo.
—Ya deberían haberte dado de alta hace tiempo, ¿no? —una simple fractura no es motivo para tener a alguien en el hospital más de dos semanas.
—Sí, pero dijeron que presentaba defensas muy bajas. Cuando mi padre vino, le dijeron que querían tenerme en observación, y él estuvo de acuerdo. Me hicieron varios exámenes, pero no me han dicho qué tengo.
—¿Y tú realmente te sientes mal? —con la muerte inducida del anciano, Dimitri no duda que también le estén dando algo al chico que deteriora su salud.
—No es tanto dolor, pero me siento débil y mareado todo el tiempo. Incluso siento que no tengo control de mi propio cuerpo, y además me canso muy rápido sin hacer casi nada. Cada vez me cuesta más mantenerme despierto, por eso no escuché nada cuando se llevaron a esas dos mujeres esta semana.
—No te preocupes por eso, ya no tienes que hacer de informante; concéntrate en recuperarte —observando al muchacho con preocupación, nota algo peculiar—. Dices que te traen comida siempre, ¿no?
—Sí, las tres del día. ¿Por qué? —el mayor medita un poco sobre el asunto, tratando de encajar piezas.
—Estás muy pálido y delgado —piensa por unos momentos.
No es extraño que se le brinden alimentos de vez en cuando a los pacientes, pero una alimentación completa a una sola persona es un gran beneficio; no hay presupuesto para eso, y pone mucho en duda que alguien del hospital pague por eso desinteresadamente, precisamente porque solo a Stephan consideran, no hay nadie más que él sepa que da ese servicio.
Por su mente también pasa la remota posibilidad de que la familia del chico esté pagando por eso, y aunque así sea, no quita el hecho de que el niño esté tan débil. Por lo que los padres son ignorantes de lo que le dan de comer.
—Escúchame con atención; a partir de ahora yo seré quien te traiga la comida, ¿ok? No quiero que vuelvas a comer nada de lo que te ofrezcan.
—¿Qué pasa? —angustiado.
—Es solo una hipótesis, pero puede que en la comida haya algo que te quite las fuerzas. Si es eso, no podrán oponerse a que te traiga de comer; se delatarían.
El chico asiente, y el mayor, habla con él otro rato para tranquilizarlo antes de volver a trabajar toda la noche. Hasta la cena, donde le lleva de comer al muchacho; después de eso, no hace más visitas.
Unas horas más tarde, cuando el sol está por salir, intenta quedarse un par de minutos más, pero al parecer son más precavidos ahora, por alguna razón. Siempre que intenta vigilar por sí mismo se encuentra con alguien que se queda con él hasta que se va.
Esa misma mañana, habla con Iván sobre todo lo que sospecha respecto a la condición del muchacho. Él le dice que ha hecho bien en prohibirle comer de manos de ellos, solo como precaución. También le informa que ya está listo el operativo con unos hombres de confianza para investigar. Le comunica que ya no tiene tanta influencia en la policía como antes, y que los que ha conseguido convencer son compañeros que aún le tienen gran respeto y están dispuestos a hacer una pequeña investigación para descartar cualquier cosa.
—Y supongo que todos los cuerpos aparecen de la misma manera, ¿no? —pregunta el ex policía.
—Sí, todos son entregados a sus familiares dos días después de que se anuncia su muerte. Según dicen que es por la autopsia y el procedimiento general, pero yo no les creo nada.
—Ya veo. Aparte de eso, ¿no hay más comportamientos anormales? —indaga.
—Ahora que lo mencionas, a principios de la semana hubo mucho revuelo por la llegada de un hombre que pertenece a altos mandos del gobierno —le comento que me parecía raro que alguien con esa posición, pudiendo acceder a una clínica privada, esté en un hospital público y, más aún, en el estado en el que llegó. Un accidente en la vía dejó a ese hombre con varias fracturas en todo el cuerpo, una asombrosa pérdida de sangre que es extraño que no haya provocado su muerte y, por el mismo hecho, una convalecencia que ya padecía se agravó, pues ahora necesita un donante de corazón.
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Editado: 21.09.2026